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Colombia busca dejar atrás cien años de soledad

Con las botas del cambio bien calzadas, la nueva Colombia ya echó a andar. Unos días después de asumir la presidencia, Gustavo Petro y su Gobierno se ocupan de históricas encomiendas diplomáticas y políticas. Se sientan las bases de dos asuntos que serán claves en los próximos cuatro años: la «paz total» y la igualdad social.

El cese de toda la violencia armada y el logro de la paz definitiva son las aspiraciones que más expectativas generan en un país asolado por la muerte, el secuestro, la extorsión y el desplazamiento de decenas de miles de personas, obligadas durante décadas a salir de sus terruños para evitar a los grupos ilegales armados y la violencia social.

El peso de más de cinco décadas de un conflicto armado interno contabiliza 50 770 secuestrados, 121 768 desaparecidos, 450 664 asesinados y 7.7 millones desplazados forzosamente, de acuerdo con datos aportados por la Comisión de la Verdad.

El nuevo mandatario le aseguró a toda Colombia que trabajará “para conseguir la paz verdadera como nadie, como nunca». / efe.com

“Que la paz sea posible. Tenemos que terminar, de una vez y para siempre, con seis décadas de violencia y conflicto armado”, dijo el mandatario en su discurso de investidura.

Esa “paz total” a la que aspira Petro también debe pasar, afirmó, por el sometimiento a la justicia de las bandas del narcotráfico –como el Clan del Golfo– y la reanudación de las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la última guerrilla activa en el país.

«Cumpliremos el acuerdo de paz, seguiremos a rajatabla las recomendaciones de la Comisión de la Verdad», prometió, y aseguró que trabajará «para conseguir la paz verdadera como nadie, como nunca», para lo cual hizo un llamado a los grupos armados a que depongan sus fusiles.

Y con el ELN ya se echó a andar. A solo unos días de ocupar la Casa de Nariño, una delegación del Gobierno de Colombia, encabezada por el nuevo canciller, Álvaro Leyva, viajó a Cuba para “hacer contactos” con la jefatura de esa guerrilla y avanzar hacia las negociaciones de paz, que quedaron truncas en 2019, cuando el antecesor, Iván Duque, pidió a La Habana la entrega de los actores que estaban en la Isla.

El reciente viaje de Leyva y la delegación colombiana recompuso rápidamente esas relaciones y se oficializó la reanudación de los diálogos, algo que respaldó incluso el secretario general de la ONU, António Guterres.

Petro ha mostrado voluntad de emprender una política de paz total que contempla no solo retomar la mesa de negociaciones, sino también hablar con otros grupos armados.

Otro asunto que decidió acatar con prontitud fue la renovación de la cúpula militar y policial, a cuyos nuevos comandantes les ordenó como prioridades “cero corrupciones y cero violaciones a los derechos humanos”.

Con Venezuela, vecina nación contra la que sucesivos gobiernos colombianos arremetieron y terminaron por romper todo tipo de nexo político, ya se adelantan gestiones para restablecer relaciones diplomáticas.

Incluso antes de la asunción de Petro, ambos cancilleres sostuvieron un encuentro en el que acordaron iniciar lo que el presidente venezolano luego llamó la reconstrucción de “la hermandad sobre la base del respeto y el amor”.

Caracas y Bogotá ya nombraron sus embajadores, aunque la región y el mundo esperan, expectantes, el estrechón de manos entre Nicolás Maduro y Gustavo Petro.

Con la propia nación bolivariana, Petro pretende establecer el comercio del gas en caso de que las reservas del país no sean suficientes, pues su intención es que Colombia no firme nuevos contratos de exploración.

«Tenemos reservas de gas de siete a ocho años. Si necesitáramos llenar nuestra matriz energética se podría hacer la conexión de transporte de gas con Venezuela», explicó la ministra de Minas, Irene Vélez.

“Petro, amigo, el pueblo está contigo”

Bajo un sol limpio y una plaza Bolívar repleta de pueblo emocionado, dejando atrás protocolos arraigados de desgobiernos precedentes y enviando un mensaje simbólico de coherencia ideológica y de respeto por la historia que lo llevó hasta allí, Gustavo Petro asumió la presidencia de una Colombia que ha puesto en él su confianza.

“Confianza” que será su mayor desafío y a la vez su más sólida divisa durante los cuatro años que le esperan al frente de la Casa de Nariño.

La emoción no cedió en un solo segundo de los 47 minutos que duró su discurso de investidura. Petro aludió a García Márquez, el más universal de los escritores colombianos, y agradeció a su familia y a su pueblo.

“Todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”, dijo citando la última frase de Cien años de soledad.

Con la voz casi entrecortada, explicó el cambio que quiere para un país que por primera vez en la historia tiene un mandatario de izquierda y progresista.

Petro remarcó los grandes temas que protagonizaron la campaña que lo llevó a la presidencia en junio pasado. La igualdad, la paz, el medioambiente, las mujeres y los más desfavorecidos fueron los ejes de la intervención del economista y exguerrillero, que juró ante Dios y prometió al pueblo cumplir la Constitución.

Protocolos aparte, Petro recibió la banda presidencial, con los tres colores de la bandera colombiana, de manos de María José Pizarro, congresista e hija del máximo comandante de la extinta guerrilla M-19, a la que perteneció el actual jefe de Estado, y que fuera asesinado cuando aspiraba a la presidencia.

“Petro, amigo, el pueblo está contigo”, cantaban las más de 100 000 personas que escucharon prometerles el cambio.

El nuevo presidente tiene ante sí el reto de impulsar su programa de gobierno, que, si bien no es radical, al menos coloca al pueblo en el centro y viene con el objetivo de transformar a un país que mostró, con su elección, que no quiere vivir condenado a otros cien años de soledad.

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