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Publicado el 31 Julio, 2017 por Rosa M. Cubela en Consejos
 
 

Para saber cómo afectan a los hijos las discusiones de los padres

Los niños saben interpretar y "leer" nuestro mapa emocional mejor que nosotros mismos. Intuyen cada golpe de dolor, de preocupación y cada gesto que daña. Somos tan importantes para ellos que compartimos "puerto" y "mareas"
Cómo afectan a los hijos las discusiones de los padres.

Los niños sufren mucho cuando se hacen habituales las discusiones entre los padres. (Foto: bezzia.com).

A cargo de ROSA M. CUBELA

Ellos sufren en silencio cuando sus padres discuten. Entender que las dos personas que más quieres se enfrentan no es fácil y pretender que sean observadores pasivos y que lo que ven no les afecte no es posible. En la educación de los niños todo cuenta: cada mirada, cada sonrisa, cada presencia y cada ausencia.

Los niños saben interpretar y “leer” nuestro mapa emocional mejor que nosotros mismos. Intuyen cada golpe de dolor, de preocupación y cada gesto que daña. Somos tan importantes para ellos que compartimos “puerto” y “mareas”. Esto significa que si uno se hunde, el otro de forma inevitable traga “agua”.

Una discusión puntual se puede reparar, se puede recomponer. Pero un niño que está expuesto a dosis diarias de alguna violencia es un niño al que se le daña, al que se le agrede, al que la parte afectiva y segura no le sujeta como debe y no le da la seguridad que necesita.

¿Qué podemos hacer?

Los especialistas dicen que entender que “si tocas a tu pareja los tocas a ellos” puede ayudar a interiorizar que cuando estés a las puertas de iniciar una discusión, siempre es mejor posponerla que hacerla efectiva en presencia de tus hijos. Es preferible “lo hablamos luego” que iniciar un diálogo de tensión en escalada en el que no se pueden medir ni controlar las repercusiones.

El niño no puede entender que las dos personas que más quiere se hacen daño entre ellas. Si les ve sufrir, sufre con ellas, y lo más probable es que trate de solucionar o de mediar en el conflicto, lo que le hace asumir una posición que no debería ejercer.

Hay conversaciones de adultos en las que los niños no deben participar. No pienses que tener poca edad les inmuniza, es más bien todo lo contrario. A menos edad, más vulnerables y más probabilidad de daño emocional existe porque sus recursos personales y su nivel de madurez aún están en desarrollo.

Los niños necesitan estabilidad y que sus padres se quieran y estén unidos para sentirse seguros. Crear en ellos un conflicto de lealtades que les obliga a posicionarse y a elegir un “bando” y que dependiendo de con quién estoy, “debo darle la razón para que me acepte” implica un desgaste y una “gimnasia” emocional que no están preparados para asimilar sin dañar su inteligencia emocional.

Establece un acuerdo con tu pareja en el que las conversaciones delicadas se trasladen a momentos en los que los niños no están presentes. Déjale que sea feliz. Le estarás dando educación emocional.


Rosa M. Cubela

 
Rosa M. Cubela