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Publicado el 1 Febrero, 2018 por Rosa M. Cubela en Consejos
 
 

Lecciones de vida

Para los adultos, muchas de nuestras cicatrices son internas, heridas emocionales que cuesta más ver y, por eso, aprovechamos para ocultarlas. A medida que nos hacemos mayores queremos ser más perfectos. Sin embargo, cada uno de nosotros tiene alguna herida en el corazón
Lecciones de vida.

Un día sin reír es un día perdido. Nunca olvides esa máxima, para no dejar aquello que te hará ver lo bello de la vida. (Foto: pxhere.com).

A veces, debemos mirar hacia abajo para descubrir aquello que perdimos un día. Ese niño interior que tan sabio era y que, ahora, ha desaparecido para siempre.

No subestimemos a los más pequeños. Son más inteligentes de lo que pensamos. Gracias a ellos recordamos hoy algunas de las más importantes.

Mañana será otro día

¿Te has levantado alguna vez apesadumbrado? ¡Si el día aún ni ha empezado! Tendemos a arrastrar nuestras preocupaciones en vez de soltarlas. Lo que nos agobia nos frustra y nos hace sentir infelices.

Los niños no transportan tales cargas de un día para otro. Cada nuevo día es un nuevo comienzo lleno de aventuras, de retos, de amigos por conocer.

Deja las cargas atrás y ve cada día como una nueva oportunidad, eso nos brindará una de las mejores sensaciones que podemos experimentar.

Sonríe todo lo que puedas

La vida a veces es dura. Las responsabilidades, las obligaciones, los problemas, nos arrebatan la sonrisa. Por eso es importante sonreír. ¿No tienes motivos para hacerlo? Entonces búscalo. Pues ya lo dijo Chaplin: “Un día sin reír es un día perdido”.

Muestra con orgullo tus cicatrices

Los niños muestran con orgullo cada una de sus cicatrices, en vez de lamentarse por ellas. A veces, incluso, se quedan ensimismados mirándolas.

Para los adultos, muchas de nuestras cicatrices son internas, heridas emocionales que cuesta más ver y, por eso, aprovechamos para ocultarlas. A medida que nos hacemos mayores queremos ser más perfectos. Sin embargo, cada uno de nosotros tiene alguna herida en el corazón.

Así que no nos avergoncemos por ellas y mostrémosla con orgullo. Solamente así podremos aprender y liberarnos de la carga que supone esconderlas.

¿Qué estás haciendo en tu zona de confort?

Para los más pequeños todo es nuevo, por eso su curiosidad es inagotable. Disfrutan descubriendo nuevas cosas.

Sin embargo, en nosotros se ha instalado la comodidad, la seguridad de lo ya conocido y hemos dejado atrás lo que tanto nos estimulaba. Dando solo pasos a lo acreditado jamás podremos crecer. Lo importante es hacerlo hacia aquello que aún no hemos descubierto.

Disfruta de las pequeñas cosas

Te han dicho mil veces que pareces un niño pequeño por sorprenderte al ver un avión volar o un tren pasar. Esto te ha hecho pensar que no te estás comportando como debieras. Sin embargo, no atiendas a estas críticas que están haciendo mella en ti e impidiéndote disfrutar de ser quien eres, de tu libertad.

Emocionarte con lo más insignificante –para algunos– es saber valorar y apreciar lo pequeño de la vida.

No atiendas a verdades absolutas

Llega un momento en el que abandonamos esa época en la que preguntamos todo y dejamos de cuestionarnos cosas por temor a quedar como tontos. No lo hagas. No hay verdades absolutas. Esto solo hará que camines a ciegas. Pregunta, cuestiónatelo todo, no aceptes como cierto todo lo que alguien pretende hacerte creer. Abrirás las puertas a un mundo nuevo y te descubrirás más puro y auténtico que nunca.

¿Qué es lo que te hace feliz?

Los niños saben dejarse guiar por su instinto e ir en busca de lo que realmente les hace felices. No dudan tanto, no se machacan pensando en lo egoístas que son. Tan solo se dejan llevar.

Por lo tanto, ¿por qué no dejar que las cosas fluyan? Echa todo lo que te detiene. Deja de postergar lo que quieres hacer ahora.

La vida es mucho más fácil de lo que pensamos. Tan solo hay que echar una mirada hacia esos niños que están creciendo cada día, descubriéndose y adquiriendo todos esos miedos y barreras que, tarde o temprano, les cambiarán para siempre.

Las mejores lecciones de vida vienen de la mano de los más pequeños. No los ignoremos.


Rosa M. Cubela

 
Rosa M. Cubela