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Publicado el 22 Febrero, 2018 por Rosa M. Cubela en Consejos
 
 

Los niños y las tareas domésticas

Los más pequeños de la casa también pueden ayudarnos a realizar las tareas hogareñas, de forma periódica y supervisada. Lo primero, es hacerles ver que formamos un equipo. Los mínimos encargos o tareas domésticas que encomendemos a nuestros hijos hacen una gran diferencia en la convivencia familiar
Los niños y las tareas domésticas.

Ellas pueden contribuir a tener bellas las plantas, al tiempo que se sienten útiles

A cargo de ROSA M. CUBELA

Algunos padres están dejando a sus hijos sin obligaciones y por ende, los niños y jóvenes adquieren unos privilegios que no les corresponden ni se han ganado.

Los más pequeños de la casa también pueden ayudarnos a realizar las tareas domésticas, de forma periódica y supervisada. Lo primero, es hacerles ver que formamos un equipo. Los pequeños encargos o tareas domésticas que encomendemos a nuestros hijos hacen una gran diferencia en la convivencia familiar. No es lo mismo que cada uno bucee en sus propios intereses y que solo uno cumpla sus deberes, que todos hagan de todo. En resumen, que NO al hotel y SÍ al hogar.

Los deberes de la casa no son solamente asunto de mamá o papá. Los hijos deben involucrarse. Está comprobado que los niños que colaboran en su casa son más independientes y seguros de sí mismos.

En una familia donde la madre lo hace todo es difícil transmitir la idea de colaboración. Pero si todos contribuyen en la medida de sus posibilidades, responsabilizarse con las tareas domésticas se convierte en una rutina y se ve como algo natural.

A los tres años los niños están dispuestos a ayudarnos en todo por su afán imitador, a los cinco o seis a veces se hacen más los remolones, pero como los padres somos las personas a las que más admiran, aún podemos recurrir a la imitación.

Los encargos no son solo para aliviar la carga de los padres ni para aprovechar el tiempo libre de los hijos, son para hacerlos más fuertes, responsables, para enfrentar la vida doméstica y social.

Los niños y las tareas domésticas.

En un acto tan sencillo como organizar la ropa hay un buen aprendizaje de lo que es organización hogareña.

La mayoría de las veces depende mucho de las expectativas que los padres tienen de sus hijos. Si piensas que quitándoles trabajos serán más felices, estás equivocado. Para crecer y aprender se requiere de acción. Así que no temas ponerles actividad, solo asegúrate de dirigirlos en forma apropiada y recuerda que un día te lo agradecerán.

Aquí siguen algunas actividades que pueden ser realizadas por los pequeños, según la edad y las capacidades que tengan. Los niños pequeños pueden encargarse de acciones domésticas sencillas como:

-Clasificar calcetines.

-Dar de comer a las mascotas.

-Poner y quitar la mesa.

-Sacar la basura.

-Recoger sus juguetes.

-Hacer la cama.

-Ayudar en la cocina a preparar algunos alimentos (partir la lechuga, hacer sándwiches).

-Barrer.

-Regar las plantas.

-Echar al cesto la ropa sucia.

-Colocar la ropa limpia.

-Doblar calcetines, camisetas y pantalones.

A los 9 o 10 años está preparado para:

-Cambiar las sábanas.

-Limpiar las bañeras y lavabos.

-Ayudar a cocinar.

-Preparar almuerzos sencillos.

-Lavar los platos.

-Limpiar la meseta de la cocina.

-Llenar la lavadora.

-Barrer el suelo con escoba y recogedor.

-Avisar sobre si alguna ropa necesita arreglo.

-Apagar las luces cuando no las necesita.

-Recoger todos los objetos que han cogido y dejado fuera de su puesto. El CD, los dvd, los juguetes, los libros, las revistas…

-Regar y cuidar de las plantas.

-Contestar al teléfono.

Los niños y las tareas domésticas.

?Quién mejor que los pequeños del hogar para atender a las mascotas?

-Cuidar y alimentar a la mascota.

Y de 11 años en adelante, pueden hacer las tareas de un “adulto”. Protestarán, pero hay que hacer que se sientan orgullosos de aprender las tareas de la vida real. Se les puede enseñar a:

-Ordenar su cuarto.

-Lavar su ropa en la lavadora y a mano.

-Limpiar las ventanas.

-Cambiar las bombillas.

-Reparar algo roto que sea sencillo y asistido por nosotros.

-Si come fuera del horario familiar, recoger la suciedad.

-Sacar brillo a los muebles.

-Fregar el suelo.

-Limpiar el patio.

-Pintar paredes.

-Planchar ropa.

-Y todo lo que creas que tu hijo sea capaz de hacer y que no ofrezca riesgos para su salud.

¿Cómo incentivarlos?

Cuando son pequeños empieza por algo fácil, que les guste. Las tareas han de ser muy concretas porque a su corta edad se perderá con una orden como “recoge tu cuarto”. Es mejor empezar por “guarda tus juguetes en su caja o coloca tus cuentos en la estantería”. El trabajo será más divertido si lo compartes y lo conviertes en un juego.

Según va creciendo, le vas dando tareas más complejas como las antes mencionadas. Si tu hijo no lo hace bien, no lo critiques, halaga su esfuerzo para que se sienta orgulloso. Tampoco sirve que le digas que está bien y luego vayas a corregirlo porque entonces él no verá sentido a lo que ha hecho, y puede que en otra ocasión no quiera ayudar. Es mejor enseñarle para la próxima vez la forma de hacerlo bien.

Nunca le inculques una visión negativa de las labores domésticas, ni las utilices como castigo. Eso es contraproducente. Y tampoco repartas las tareas en función del sexo. Todos deben saber hacer de todo.

Si tu hijo nunca te ha ayudado en el hogar es hora de cambiar esa situación. Motiva a tus hijos a las nuevas tareas y hazlos ver como un trabajo de equipo que permitirá vivir en un lugar agradable gracias a la colaboración de todos. Además los ayudarás a formarse y a ser responsables.

Si quieres que tus hijos tengan los pies sobre la tierra colócales alguna responsabilidad sobre los hombros.


Rosa M. Cubela

 
Rosa M. Cubela