0
Publicado el 1 Marzo, 2018 por Rosa M. Cubela en Consejos
 
 

Es bueno que los niños se ensucien

Más consideraciones, ampliando, desde la Sección CONSEJOS, lo tratado en Le Contesta BOHEMIA anteriormente.
Es bueno que los niños se ensucien.

Es necesario que exista un contacto temprano con los microorganismos para que nuestro sistema inmune tenga las proporciones correctas y aprenda a autorregularse. (Foto: tierraenlasmanos.com).

A cargo de ROSA M. CUBELA

Si bien nadie discute que eliminar los microbios del agua o pasteurizar la leche ha ayudado a reducir la mortalidad infantil y ha salvado millones de vidas, llevar la pulcritud al extremo puede tener consecuencias negativas. Es lo que defiende la hipótesis de la higiene, y cada vez hay más estudios que le dan la razón.

Sin ir más lejos, un equipo de alergólogos suecos demostró que los niños que viven en casas donde se lavan los platos a mano y se compra comida directamente de las granjas sufren menos casos de asma, rinitis, conjuntivitis y eccemas en la piel. Otra investigación reveló que aquellos que crecen en medios rurales y en contacto directo con animales desarrollan menos alergias que los urbanos. Además de que también presentan bajos casos de enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple, la diabetes y la psoriasis.

Sucios y robustos

Aunque parece un fenómeno contradictorio, tiene su lógica. Existen ciertos linfocitos, normalmente encargados de responder a los parásitos, que alcanzan cantidades demasiado altas en los niños que viven en ambientes sumamente limpios. Es necesario que exista un contacto temprano con los microorganismos para que nuestro sistema inmune tenga las proporciones correctas y aprenda a autorregularse. De lo contrario, la superpoblación de células especializadas en defendernos de agresiones externas puede hacer que nuestro organismo sea demasiado sensible y tienda a reacciones exageradas frente a sustancias y microbios inocuos.

Los inmunólogos aseguran que los microorganismos con los que evolucionamos los seres humanos cuando vivíamos en contacto con la naturaleza asumieron el rol de poner a punto los mecanismos regulatorios que permiten que nuestras defensas actúen como es debido. Si los eliminamos con una pulcritud extrema, casi obsesiva, el sistema inmunológico se descontrola. Y puede atacar a moléculas inofensivas, como partículas de polvo, e incluso a células propias. La conclusión es clara: hay que permitir que los niños se ensucien para que crezcan sanos y fuertes.

Déjales que se metan el pulgar en la boca

El beneficio que esto supone fue demostrado por investigadores de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda). Tras realizar un exhaustivo seguimiento de la salud de más de un millar de sujetos desde que nacieron hasta que llegaron a los 40 años, probaron que aquellos que se chupaban el pulgar y se mordían las uñas a los cinco, los siete e incluso los nueve años, sufrían un 31 por ciento menos de alergias cutáneas. De nuevo, porque aumentaban su exposición a los microbios.

¿Y qué hacer con los chupetes que se caen al suelo? Nada de hervirlos para esterilizarlos, basta un simple enjuague con agua o, tal y como se podía leer en la revisa Pediatrics, es preferible que los padres los limpien dándoles un chupetón o metiéndoselos en la boca. Los bebés cuyos progenitores tienen este hábito apenas desarrollan asma ni dermatitis. Según algunos investigadores, se debe a que los microbios que les transmiten los adultos a través de la saliva estimulan positivamente a su inmaduro sistema inmune.


Rosa M. Cubela

 
Rosa M. Cubela