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Publicado el 15 Agosto, 2019 por Rosa M. Cubela en Consejos
 
 

Enamorarse

No es coincidencia que el día de los enamorados lo patrocine San Valentín, un tipo apaleado y decapitado por los antiguos romanos, que no se andaban con romanticismos. ¿Qué mejor patrón para los enamorados que un hombre íntimamente familiarizado con el dolor?
Enamorarse
El que padece de enamoramiento es como el que viaja en un avión en plena tormenta: ¡no puede hacer nada! (Foto: lamenteesmaravillosa.com).

A cargo de ROSA M. CUBELA

¡Ah!, el AMOR, el amor con mayúsculas. Cuántos contradictorios sentimientos encierran estas cuatro letras. De la pasión a la decepción, del éxtasis a la desesperación. Y sin embargo, todos se empeñan en probar el dulce veneno, aunque de amor también se muere, y se mate por amor.

Enamorarse es un misterioso fenómeno que sume a las personas que lo atraviesan en un estado extraordinariamente explosivo, eufórico, efervescente e… inconsciente. Los enamorados viven casi en éxtasis. Como en una nube. Por encima de las obligaciones y miserias cotidianas. Es una maravillosa sensación que muchos anhelan experimentar. Pero pocos son conscientes de que enamorarse es también vivir una extraña mezcla de placer y dolor.

No es coincidencia que el día de los enamorados lo patrocine San Valentín, un tipo apaleado y decapitado por los antiguos romanos, que no se andaban con romanticismos. ¿Qué mejor patrón para los enamorados que un hombre íntimamente familiarizado con el dolor?

Porque aunque el enamoramiento es lo más fantástico que se conoce, después de una exquisita tostada y un aromático café con leche, también es, ¡ay!, una enfermedad que amenaza desequilibrarnos física y emocionalmente. Y que no tiene antídoto ni tratamiento. El que la padece es como el que viaja en un avión en plena tormenta: ¡no puede hacer nada!

Pero sean bienaventurados los que tienen la dicha de conocerlo, porque sin amor, sin enamoramiento la vida sería un absurdo.


Rosa M. Cubela

 
Rosa M. Cubela