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Publicado el 10 Octubre, 2019 por Rosa M. Cubela en Consejos
 
 

¡Mucha paciencia!

Para ser buenos padres se necesitan grandes dosis de paciencia, mucha serenidad y poner las prioridades en orden. Nuestros hijos precisan que les dediquemos una gran parte de nuestro tiempo
¡Mucha paciencia!

Si ustedes saben ser unos padres serenos, amigos, será más fácil que los hijos crezcan maduros y felices. (Foto: hacerfamilia.com).

A cargo de ROSA M. CUBELA

Ser padres no es tarea fácil, ni mucho menos. Si queremos triunfar en esta difícil carrera es fundamental tener serenidad. Podríamos definir esta como el control de nosotros mismos ante situaciones de adversidad o frustración, y mejor aún si es con una sonrisa en los labios, aunque esto último puede ser francamente difícil, especialmente en aquellas ocasiones en que logran sacarnos literalmente de quicio. En estos momentos lo mejor será respirar hondo y recordar siempre que la serenidad y la firmeza serán siempre nuestras grandes aliadas.

Esto nos impedirá venirnos abajo en los momentos difíciles y nos ayudará a ver las cosas con mayor claridad. Es importante también no intentar cambiar el carácter de nuestros hijos, tan solo reconducirlos en la medida de lo posible hasta que adquieran la madurez necesaria.

Solemos vivir muy acelerados y por ello perdemos los estribos con rapidez, pero por el bien de nuestros hijos lo mejor será no llegar a perder el equilibrio, dialogar con ellos y hacerles reflexionar, y desdramatizar al máximo la situación. Si sabemos ser unos padres serenos será más fácil que crezcan maduros y felices, pues irremediablemente nosotros somos y seremos para ellos un modelo a seguir, para bien o para mal.

Todos los padres solemos perder la paciencia alguna vez. Podemos distinguir diversos tipos de impaciencia, como no escuchar al niño cuando desea hablarnos, no jugar nunca con él o no interesarnos por sus actividades escolares o extraescolares, y siempre nos justificamos con nuestra falta de tiempo.

Estas actitudes resultan negativas tanto para el niño como para los padres, y ellos más tarde anidarán sentimientos de culpabilidad. Aunque sin duda alguna la peor actitud es la de aquellos que gritan continuamente a sus hijos descalificándolos o dejándolos en ridículo: “¡Eres tonto, no aprenderás nunca, siempre tengo que decirte las mismas cosas, yo no soy tu criada, etc.”, comportamiento que acabará minando la autoestima del niño. También hay padres demasiado exigentes y duros con sus hijos cuando estos no alcanzan el nivel exigido por ellos.

Según opinan los especialistas, es importante que pasemos parte de nuestro tiempo libre con nuestros hijos, piensa que resultará más beneficioso a largo plazo para todos que le dediques más tiempo a él en lugar de tener la casa tan limpia o una estupenda comida. No olvides tampoco tratar a tu hijo con respeto, el mismo que le exiges a él hacia ti, los buenos modales son necesarios para todos, mayores y pequeños.


Rosa M. Cubela

 
Rosa M. Cubela