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Publicado el 12 Marzo, 2020 por Rosa M. Cubela en Consejos
 
 

Saber perdonar

Saber perdonar

Cuando alguien logra perdonar, borrar viejos rencores, con quien primero se siente bien es consigo mismo; por tanto, sana. (Foto: familias.com).

A cargo de ROSA M. CUBELA

A veces, a lo largo del tiempo, rencores o penas pueden ir cargando el alma, quitándonos la posibilidad de disfrutar de las pequeñas cosas. El perdón es una efectiva herramienta para limpiarnos de viejas historias que no nos dejan ser felices.

Dentro de nosotros mismos existe un niño enojado con mamá o papá por algún episodio que, a pesar de los años, no deja de irritarnos; un joven resentido con aquel profesor que nos reprobó aun cuando habíamos estudiado o un adulto que jamás pudo olvidar alguna afrenta.

Cargamos todos los días con episodios del pasado que aún nos duelen y nos lastiman. ¿Por qué no plantearnos la posibilidad de perdonar y perdonarnos para así vivir mejor?

Síntomas del enojo mal conducido

Las consecuencias del enojo pueden manifestarse desde lo somático, lo psicológico y lo espiritual.

Desde lo somático: cambia la expresión de los ojos y las facciones en general, la postura corporal ya no es la misma y la temperatura varía, también influye negativamente en el aspecto de la piel. El cuerpo puede enfermar (psoriasis, problemas cardíacos), manifestando que existen enojos o rencores guardados muy adentro.

Desde lo psicológico: las personas que no saben perdonar tienden al ostracismo, al aislamiento o, por el contrario, explotan hacia fuera, convirtiéndose en seres muy extravertidos. A veces aparecen trastornos de conducta que pueden derivar en episodios de violencia.

Desde lo espiritual: se traduce por medio de la imposibilidad de dejar entrar sentimientos positivos como la alegría, el placer o el amor.

El proceso del perdón

Muchas veces la gente no sabe cómo perdonar aunque lo desee. El primer paso habrá que darlo en el campo de lo personal, perdonándonos errores cometidos a lo largo de la vida, teniendo en cuenta que muchos los cometimos simplemente por ignorancia. Este autoanálisis abarcará tanto lo laboral como lo afectivo, lo familiar o la relación de pareja.

Después de trabajar con uno mismo habrá que intentar hacerlo con los demás, comenzando por la niñez, etapa en la cual comienza el rencor.

Muchos adultos que tienen dificultades para bailar, hacer el amor, expresarse con su cuerpo por un alto grado de autocensura, son personas que durante su infancia han sido constantemente avergonzadas por padres, abuelos o maestros. Ese niño herido, con el tiempo, termina convirtiéndose en un resentido, en un rencoroso, en alguien que se siente mal consigo mismo.

Por lo tanto, hay que tener en cuenta que la base de todo este proceso es la de perdonar, antes que a nadie, a los padres por aquellas injusticias que pudieron haber cometido, la mayoría de las veces por ignorancia. Hay que pensar que ellos también fueron víctimas de sus propios padres y de una educación quizás demasiado rígida.

En todos los casos, según los especialistas, el intento de perdonar es movilizador, ya que resulta doloroso mover situaciones y sentimientos que durante años han estado muy guardados y que enferman. Pero realmente vale la pena encarar esta limpieza profunda del alma, concluyen.


Rosa M. Cubela

 
Rosa M. Cubela