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Publicado el 8 Octubre, 2021 por Rosa M. Cubela en Consejos
 
 

¿Tus niños no comen verduras?

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A cargo de ROSA M. CUBELA

Imagen ilustrativa

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Todos queremos lo mejor para nuestros hijos y, dentro de este concepto, entra lógicamente su alimentación y, por extensión, un correcto desarrollo de su cuerpo y su salud. Pero la mayoría de los padres observamos innumerables muecas, en nuestros niños, cuando ponemos verduras en la mesa.

La clave para que esto no suceda es ir introduciendo los alimentos a los niños de una forma natural y gradual. Si solo introducimos en su dieta la papa y la zanahoria, por ejemplo, en su primer año de vida, cuanto más pase el tiempo, más nos costará que acepten otras verduras como judías, espinacas, apio, calabaza, habichuelas, etcétera.

Estudios de la Universidad de Birmingham demuestran que los bebés a los que no se les introdujo variedad de alimentos, crecieron desarrollando apetencia por alimentos de color beige, como papas y papas fritas; en cambio, los bebés a los que se les introdujo todo tipo de verduras de diversos colores, desarrollaron una mejor predisposición a comer de todo y por lo tanto, a tener una dieta más variada y equilibrada.

Los gustos de los niños suelen tender a los sabores dulces y salados. Cuando son pequeños podemos intentar introducirles sabores dulces, agrios y amargos.

La batalla con la comida comienza desde pequeños y el error más común es permitir que el “juego con los alimentos” se convierta en un asunto emocional. A menudo los niños se niegan a comer para romper la autoridad de los padres, si ganan el juego, disfrutarán la victoria. Algunos expertos recomiendan que si el plato no se ha tocado después de 20 minutos, se ha de retirar de la mesa sin comentarios. Finalmente, el hambre tomará mayor importancia que el juego y la táctica pronto se olvidará. Otros expertos indican que no se ha de usar nunca la comida como un castigo o una recompensa. Si le das a tu hijo un chocolate cada vez que se porta bien, puede llegar a exigirlo aun sin merecerlo, solo porque él lo entiende así, y surgirá el conflicto.

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Rosa M. Cubela

 
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