0
Publicado el 16 Junio, 2016 por Redacción Digital en CubaMemoria
 
 

Cuba antes de 1959

Editorial 2°: ¡BASTA YA DE VIOLENCIA INÚTIL!

Si terrible sería para el país una insurrección sangrienta, que lo precipitara en el caos, sembrando para el futuro la semilla de nuevos rencores, no menos sombría es la perspectiva de una continuación indefinida de la tensión actual

facsimil-2do-editorialLos recientes sucesos de Matanzas pusieron un crespón de luto en la hermosa ciudad, vinculada a nuestras más nobles tradiciones de civilidad y de cultura, consternando por igual a todo el resto de la Nación. BOHEMIA deplora profundamente, y reprueba en todo lo que tiene de condenable, ese cruento episodio, que ha venido a sumarse a la ya larga serie de hechos de sangre desencadenados por la imprevisión y la pasión política. Creemos que ese triste suceso con todos sus caracteres visibles de sacrificio inútil y desenfrenada violencia, debiera obligar a todos los factores de la contienda política cubana a hacer un alto definitivo en la pendiente por la cual están despeñando a la República.

No se nos ocultan las dificultades con que tiene que enfrentarse una petición semejante. De una parte están los principios los conceptos contrarios de legitimidad que tanto el Gobierno como la Oposición invocan; la resistencia a permitir que ciertos precedentes queden sin sanción o sin represión gubernativa, según el punto de vista de cada cual; la defensa que unos hacen del derecho conculcado y otros de la situación creada por la fuerza misma de los hechos. De otra parte, la acumulación de resentimientos profundos y de prevenciones insuperables; la recíproca desconfianza; el temor que unos tienen al engaño y otros al revanchismo político. Todo esto ha enconado el problema cubano en términos tales, que a veces se desespera de que sea posible desenlace alguno que no esté marcado por los signos de la abyección o de la tragedia.

Pues si terrible sería para el país una insurrección sangrienta, que lo precipitara en el caos, sembrando para el futuro la semilla de nuevos rencores, no menos sombría es la perspectiva de una continuación indefinida de la tensión actual, sacudida esporádicamente por las violencias cada vez más intensas de la desesperación y de la represión, y expuestas siempre a conducir a Cuba al entronizamiento duradero de un odioso despotismo.

Por difíciles que sean las soluciones de otro género, las soluciones pacíficas, ¿no estamos los cubanos todos, los de un lado como los de otro, en el sagrado deber de propiciarlas; más aún: de procurarlas tenazmente, a todo trance, con tal de ahorrarle a Cuba más días de angustia y de sangre, o la prolongación agravada del paréntesis abierto en su vida democrática?

De soluciones “dignas” hablamos; no de sumisiones ignominiosas. Esto último, de que no son capaces los rectores de la Oposición, como no lo serían los del Gobierno, ni siquiera podría tomar la forma de una componenda superficial, que sería además ficticia, porque realizaría a espaldas del pueblo. Solución digna sólo puede ser aquella en que se salven los principios, las normas de vida democrática para las cuales se fundó la República y bajo las cuales la inmensa mayoría de los cubanos queremos seguir viviendo. Para que esa solución digna resulte, sin embargo, viable, tiene que responder también a la premisa de que ninguna de las dos partes en el conflicto cubano ha de pretender imponerse a la contraria.

No es hora ya de invocar razones históricas. BOHEMIA ha mantenido desde el 10 de Marzo la convicción de que aquel golpe militar fué funesto para las instituciones y las prácticas republicanas. Pero también está convencida de que plantear el problema actual en términos de la razón o la sinrazón de aquel episodio, es hacer imposible su solución. El 10 de Marzo está en la historia, y ésta lo juzgará. A lo que hay que atender ahora es a las consecuencias de ese hecho; mejor dicho: a impedir que esas consecuencias sigan agravándose.

Si la Oposición se siente asistida de razones morales inconcusas, el Gobierno las cree tener políticas. Si la primera reclama el apoyo de las grandes masas populares, el Gobierno se halla respaldado por la fuerza. Esa doble realidad es la que hay que contemplar. El Gobierno, para reconocer sin subterfugios que el poder público debe representar la voluntad del pueblo, clara y limpiamente expresada a través de las urnas. La Oposición, para comprender que ciertas situaciones de hecho son demasiado poderosas para desplazarías por la violencia, o para que ellas de por sí renuncien, sin más ni más, al poder justa o injustamente alcanzado.

Entre aquella reclamación moral y este hecho real, no cabe, a nuestro juicio, más que una solución que salve por encima de todo él principio democrático, que es el interés de la República; pero dentro de un marco de concesiones recíprocas mediante las cuales ninguna de las partes se sienta humillada por la otra, o llevada a posiciones que la expongan en el futuro a la represalia o al engaño.

BOHEMIA cree que quien debe abrir este proceso de avenencia es el Gobierno. Reconozca éste que es la Oposición quien inicialmente se vio despojada de sus derechos, quien más humillación ha sufrido ya, quien más sangre ha vertido. Comprenda que es ella la que tiene más justos resentimientos acumulados y a quien, por tanto, se le hace mucho más difícil, sin sentirse indigna, ser la primera en extender una mano cordial.

Del Gobierno ha de partir la iniciativa. Y ha de ser una iniciativa noble, limpia, elevada, generosa. No le pedimos lo que sabemos que sería ingenuo pedirle. No pretendemos que “se entregue” a la Oposición, allanándose de inmediato a todas sus demandas. En definitiva, no se trata de lo que la Oposición pide, sino de lo que a la democracia cubana le conviene. Lo que del Gobierno si debe esperarse es “que defina su política”, y que lo haga con un espíritu de conciliación, no de empecinamiento; abriendo una perspectiva democrática, no de continuismo autoritario. Si esto puede hacerse previo contacto y convenio con la Oposición, tanto mejor; si no puede hacerse, que sea de todas maneras una política que todo el pueblo de Cuba pueda considerar razonable.

A la oposición, por su parte, tampoco le pedimos que abdique de los principios y demandas fundamentales en cuya defensa BOHEMIA —a pesar de ser un órgano independiente de opinión— siempre la ha acompañado. Le pedimos sólo que “revise sus tácticas de lucha” con vistas a soluciones viables. De ciertas crisis, los pueblos no pueden salir más que con paciencia y con inteligencia. Cualquier solución que le asegure a Cuba una perspectiva de restitución de la voluntad popular como base del poder, mediante garantías plenas y en un término prudencialmente acorde con las realidades creadas, nos parece que pudiera acogerse sin quebranto de dignidad.

Todo, menos seguir en esta tensión dramática, salpicada con episodios de violencias cada vez más dolorosos y siniestros. Todo, menos seguir dando ocasión a que se derrame, inútilmente, sangre de hermanos.

 


Redacción Digital

 
Redacción Digital