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Publicado el 19 Julio, 2016 por Redacción Digital en CubaMemoria
 
 

¡Exclusivo!

“¡MI JURAMENTO AL GOBIERNO AMERICANO NO ME IMPIDE SEGUIR LUCHANDO POR LA LIBERTAD DE CUBA!”

Lucerne Hotel sustituye a La Reposada. — Ejemplar de BOHEMIA. — “Mary se portó como una leona”. — No regresará por ahora. — Verdad del juramento. — “Me comprometí a no violar la neutralidad”. — Diálogo con García Montes. — Salida de Cuba. — Realidad de la guayabera estrujada. — Elecciones parciales. —“Los Puros”. — Fidel y Aureliano. —Más comentarios sobre la actualidad.
Declaraciones de Carlos Prío Socarrás.

-“No quería hablar, mientras no pudiera decir lo que deseaba”.

—Afirma el doctor CARLOS PRÍO SOCARRÁS

Texto: BERNARDO VIERA TREJO
(Enviado especial)
—Fotos: International  Photo Studio. —

El complicado palillero de hoteles que es Miami Beach dificulta en hora y media la búsqueda de la nueva barricada del doctor Carlos Pido Socarrás en la tierra que acaba de darle albergue con el rango de exilado político. El reportero comparte –al fin— la alegría de encontrar empozado el lujoso Lucerne Hotel al final del Collins Ave, con la emoción de lograr del doctor Pelo Socarrás la primera entrevista que concede desde que salió inesperadamente del país. Él le dirá más tarde —justificando su silencio de hasta ahora– lo siguiente.

—No quería hablar mientras no pudiera decir lo que deseaba; sin la humillación de que un censor de Batista tachara mis declaraciones.

Una hora más de espera  —“el Presidente está terminando de bañarse” — en el amplio lobby, que es entretenida por la agilidad mental del doctor Francisco Prío y la charla agradable de Mario Aguerrebere. Por fin la boca enorme del elevador de muchacha uniformada se abre para que salda el doctor Prío Socarrás, que viene de dracón beige y corbata carmelita. Las patas de sus colobares se entretejen con el blanco de sus cabellos que sube oscureciendo, hasta convertirse en tres ondas  bien marcadas. La oscuridad del salón hace brillar más la estrella del zafiro que adorna el dedo anular de su mano izquierda. Prío se acerca más y se le ven algunas libras de menos y —motivadas por los trajines de los últimos días en Cuba— varias amiguitas de estreno en su amplia frente. Debajo de su brazo derecho, el primer ejemplar —ejemplar de verdad— de BOHEMIA sin censura.

–Antes que nada, felicita al doctor Quevedo y a los muchachos de la sección “En Cuba” por la valentía y la honestidad demostrada en la narración de los acontecimientos de Mayo. Yo jamás censuré la prensa, pero también es verdad que nunca tuve nada que…

La frase es cortada por la llegada de Mary Terrero de Prío Ose sale de compras y exige un beso del esposo. La discreta señora —apenas un reloj y una sortija—se sube el fino tirante del strapless que se baja irreverentemente cuando ella se inclina para pegar sus labios en la cara del doctor Prío. Este –orgullosamente—le hace saber al reportero:

—Mary se portó como una leona cuando el SIM me detuvo. Insistió en acompañarme y así lo hizo a pesar de mi negativa. Allí habló correcta, pero enérgicamente, al coronel que trató de convencerla de que a mí no me sucedería nada. “Eso mismo le dijeron a las señoras de Agostini y Fortuny”.

Otro beso más y la señora de Prío se aleja para que continúe la entrevista.. El reportero lanza la ‘primera pregunta:

—Un periodista cubano publicó que usted le había declarado que volvería. ¿Eso es cierto?

—Totalmente falso. No he hablado con ningún periodista de Cuba y menos con uno de la acera de enfrente. Lo que sucede es que   a Batista le conviene mi regreso y siempre hay algún reporterillo dispuesto a servirlo.

Prío se complace en algo. Cuando ha dicho la segunda parte de su respuesta, ya está totalmente com-placido:

—No regresaré a Cuba por ahora, porque allí no tengo garantías para mi vida ni para la de los míos. Mi buen amigo y compañero Aracelio  Azcuy firma un trabajo muy bien escrito en la última BOHEMIA instándome a que regrese. Sé de la buena intención de Aracelio pero no puedo volver. La actitud correcta de los líderes, la mayoría de las veces, no es dar rienda suelta a la osadía, si no la de ejemplarizar. Regresaré a Cuba en el momento histórico en que las circunstancias lo requieran. Ahora no tiene objetivo.

Imagen de Prío tras su salida de Cuba.

Se le ven algunas libras de menos y — motivadas por los trajines de los últimos días en Cuba— algunas arruguillas de estreno en la amplia frente.

El reportero recuerda que en agosto, cuando el creador de los nuevos rumbos iba  a regresar a Cuba después de su largo exilio, le dijo que se trasladaba a su patria para llevar la pelea al terreno  de Batista. Ahora le Pregunta:

— ¿Usted cree que su salida rápida del país le apunta un round al General Batista?

—En lo absoluto. Estoy más que convencido de la utilidad de mi viaje a Cuba porque Batista está ahora mucho peor que a mediados del año pasado. En una balanza, mi regreso fué de suma utilidad para la causa de mi país.

—Pero el juramento hecho al gobierno americano.

—Yo me comprometí a no violar la neutralidad de este país comprando armas y metiéndolas en Cuba. Pero no juré — ¡ni lo juraré, nunca!—  retirarme de la vida pública mientras Cuba me necesite. Mi juramento no me impide seguir luchando por la libertad de mi patria y continuaré haciendo declaraciones, abriendo los ojos al pueblo y organizando mi partido para lograr lo que todos deseamos.

El doctor Prío pone cara de pascuas cuando recuerda:

—El juez Shoote, que fué el que me permitió continuar en Estados Unidos, me dijo textualmente que simpatizaba con mi causa y que seguía reconociéndome como Presidente Constitucional de Cuba.

Haciendo una ligera transición:

— ¡Menos mal que los jueces están haciendo justicia con los Prio! Porque a mi hermano Antonio lo sacan en estos días de la causa por la no incineración.

El doctor Frío luce decaído a ratos. El diálogo se hace denso en algunas ocasiones en que las palabras son pronunciadas lentamente y espaciadas. Por suerte, su superávit de optimismo le impide el decaimiento total. Muchas personas no conciben el interés puesto en el ex Mandatario para no abandonar Miami. Este aclara:

—Miami es un barrio de La Habana. Aqui la revista y los periódicos los leo a la misma hora que ustedes. Las noticias me llegan muchas veces, antes que a muchos que viven allí mismo.

El entrevistador argumenta:

—Además, en México la vida se le haría difícil…

Prio es tajante: —No. En México tengo a los amigos del ex Presidente Alemán que me defenderlas de cualquier ataque.

Lis actuaciones oficiales levantadas en el frustrado ataque al Cuartel  Goicuría sitúan al doctor Prio Socarras como máximo propulsor de este dramático suceso. ¿Tenían los asaltantes algo que ver con el ex Presidente? ¿Sabía Prio del asalto? ¿Les dio las armas que utilizaron? Todas las interrogantes son respondidas nerviosamente por él,  mientras da escape a sus nervios jugando con la alfombra y la puntera de su zapato derecho.

—Ellos preparaban este asalto, para hacerlo un mes antes. Yo me enteré y lo evité utilizando la fuerza moral que aún conservaba ante Reynold y Vázquez.

La respuesta deja descontento al reportero. Sabe que no tiene interés periodístico. Insiste con otros métodos y tan pronto recurre al plano confidencial, como utiliza el favorecido truco de “meterse por debajo”. Parte de la opinión pública ha creído en las actuaciones oficiales y al doctor le conviene que quede completamente aclarada la realidad del Goicuría. Prío es convencido por este argumento y comienza a decir lo que hacía falta que dijera:

—Esos muchachos siempre fueron unos “explotados”. Pensaban en la fuerza constantemente y cuando vino la división de México se pelearon conmigo primero y con Aureliano después. Abandonaban mi movimiento y se llevaban consigo algunas armas. Estando en Cuba supe que planeaban el asalto al Goicuría para abril; lo suspendieron por recados y ruegos míos a través de amigos de ambos. Pensé que ya habían desistido cuando el domingo de los hechos se presentó en “La Chata” un joven, casi con un ataque de nervios, pidiendo verme. Le ordené pasar y me dijo que esa mañana había asistido con cuatro amigos a un parque de Matanzas para tomar el Cuartel Goicuría en un movimiento que le habían asegurado estaba organizado por mí. Allí se enteró que yo no tenía nada que ver con eso y dijo que se iba…

Considera que los jueces están haciendo justicia con los Prío.

“¡Menos mal que los jueces están haciendo justicia con los Prío! Porque a mi hermano Antonio lo sacan en estos días de la causa por la no incineración”

Pausa larga del doctor Prío Socarrás. Frota su mano de dedos finos y brillo en las uñas por la tela gruesa del sofá. Varias sesiones de su tic nervioso y continúa:

—Pues cuando este muchacho me hacía estas confesiones llegaron muchas máquinas del SIM y un oficial me informaba del frustrado asalto y de la orden de detención en mi contra…

— ¿También detuvieron al joven?

—No. Se pudo ir por detrás de la finca, saltando una cerca. Además, yo hubiera respondido por su vida.

— ¿Y quién respondía por la suya, doctor?

Prío se ríe. Aclara:

—Nadie. Supongo que tú conoces la carta que envié a García Montes en la que responsabilizaba al Gobierno por mi vida. La respuesta de éste fué botar a Tony Varona del despacho.

Transición. Vuelve a hablar de su detención por el SIM.

—El coronel Blanco Rico, que es muy gentil, trató de sostener una conversación conmigo pero le fué imposible. Yo era un tigre. Insulté a todo el que se me paró delante. Cuando vi entrar a García Montes me desahogué y le dije todo lo que tenía guardado desde el 10 de marzo. Al premier de Batista le temblaban las manos y me decía quo no esperaba que yo “me pusiera así”. No dejaba que me le acercara y retrocedía cada vez que yo rae ponía de pie…

Prío saca un pañuelo blanco que huele a Guerlain. Se lo pasa por el cuello de oreja a oreja mientras hace girar la cabeza. Acerca su boca al oído del reportero y le dice confidencialmente:

—Te juro que estuve a punto de agredirlo con los puños. Ahora me alegro que esto no haya sucedido porque García Montes es una persona decente y no tiene toda la culpabilidad en este proceso. Confieso que me excedí algo con él.

Prío Socarras hace algunos comentarios sin mayor interés sobre el mismo tema. Le viene una reacción de optimismo y dice lo que ha dicho tantas veces desde el 10 de marzo.

—Cada día me convenzo más de que Batista no va a terminar bien.

Ahora el que responde es el reportero y la respuesta no agrada al ex Presidente:

—Difícil, doctor. Observe que en Cuba todos quieren ser Fidel y nadie quiere ser Reynold.

La cámara de Gort ha funcionado varias veces y la variedad que exige lo gráfico hace que el reportero sugiera al doctor Prío Socarrás continuar la charla afuera. Es te accede y entrevistado y entrevistador se dirigen por entre el crucigrama de bañistas hasta el solarium. El tubo superior de la baranda comido por el salitre sirve de silla. A los pies de ambos llegan go-tas del fuerte oleaje que rompe dos metros más abajo.

—Doctor, el pueblo cubano quiere saber de su propia boca la verdad de la guayabera estrujada y la ropa interior en el cartucho.

“No regresará a Cuba por ahora”.

-“No regresaré a Cuba por ahora”.

—Toda esa verdad fué dicha magistralmente por la sección “En Cuba”. Salas fué a mi finca y dialogamos en mi despacho al que él se hizo acompañar por cuatro coroneles. Le recordé que Batista me había tratado mal porque yo lo había mandado a él a cuidar a Batista y ahora Batista lo mandaba a sacarme del país. Salas me dijo que Batista me había dado garantías para entrar y que yo las había utilizado en prepararle una revolución. “¿Y él no me lo hizo a mí igual?”…

Prío se ríe a carcajadas por primera vez. Continúa:

—Salas me respondió: “Sí, doctor. Pero lo hizo de otra manera”…

El ex Presidente comenta:

—Como si el delito estuviera en el estilo.

Prosigue:

—Salas me dijo que tenía dos horas para arreglar mis cosas y yo no las acepté porque esto tenía el objetivo de hacer creer a la gente que yo me iba por mi gusto Le dije que si ellos no me llevaban al aeropuerto me escondía en Cuba. Entonces me rogó que subiera al cuarto a recoger mis cosas Lo hice Y los cuatro coroneles no me perdían pie ni pisada Entraba en un cuarto, allá iban los cuatro coroneles. Salía para el patio, allá estaban los cuatro coroneles…

Tiene gracia la plasticidad narrativa de Prío. Este pasaje convierte al ex-Mandatario en moderno Capitán Garfio del cuento de Peter Pan, siempre seguido por un cocodrilo que quería comérselo. Volvamos a la narración:

—…Cuando entré en mi cuarto y abrí el escaparate, los cuatro coroneles metieron la cabeza en éste y allí mismo exploté. Le dije a Salas que me iba como estaba y Sola-mente metí un calzoncillo y una camiseta en un cartucho.

El doctor Prío mira a dos americanos que se han sentado cerca. Por si acaso, baja la voz hasta el mínimo cuando dice al reportero en plano de confidencia:

— ¡Imagínate que en ese escaparate yo tenla una ametralladora y una pistola!… Yo había planeado, en caso de que fueran a matarme a la finca, cerrar la puerta, parapetarme en el cuarto y responder al fuego por la ventana. ¡Estaba dispuesto a morirme!

El carácter del doctor Prío exige el chascarrillo o la frase anecdótica después de conversación tan dramática.

—Uno de los cuatro coroneles sacó los dos pasajes, el de Rafaelito y el mío, y me los entregó en el avión pidiéndome el importe, que eran cincuenta y dos pesos Después leí los pasajes y éstos solamente importaban cuarenta y seis pesos. ¡Ni a mí me perdonaron!

El hombre que más daño ha hecho al comunismo cubano llama a un empleado del hotel y le habla al oído El reportero sueña con café criollo, pero pronto se da cuenta de su exceso de optimismo. La idea no había pasado, siquiera, por la mente del entrevistado.

—Quiero que publiques —insiste Prío Socarrás— que no tengo relación con ninguno de los exilados con la excepción de Tony Santiago y los hermanos Vega.  Están desligados de mí los señores que han establecido contacto con Trujillo, aunque te aclaro que en una guerra entre Cuba y Santo Domingo estaré al lado de mi Patria, pero en un problema personal entre Batista y Trujillo no estaré nunca junto a Batista. El doctor Prío termina esta parte de la entrevista haciendo comentarios elogiosos para la política internacional del dictador de Santo Domingo.

“Estuve a punto de agredir a García Montes con los puños. Ahora me hubiera dado mucha pena”.

“Estuve a punto de agredir a García Montes con los puños. Ahora me hubiera dado mucha pena”.

La conversación toma el camino electoral. Se habla de las parciales de Rivero Agüero, de la actitud asumida por Millo Ochoa, arguyendo que concurre a esta consulta electoral. Prío rechaza rotundamente las elecciones.

— A eso no irá nadie. Ni auténticos míos, ni auténticos de Grau, ni ortodoxos…

— ¿Y sí estas elecciones fueran legalizadas con la concurrencia de una rama de la Ortodoxia y del Movimiento de la Nación?

—Ni así. Además, no creo que Pardo y los ortodoxos se quemen en otra farsa. El ex inquilino de Refugio No. 1 reconoce que algunos miembros de su Comité Ejecutivo desean elecciones, pero asegura que por respeto a él no irán. Incluso su hermano Antonio. El entrevistador comenta:

— ¿Y no existe la posibilidad de que Batista celebre unas elecciones tan honestas como las del año 1940?

—Difícil. Batista no está rodeado de la misma gente que en ese año. Además, él  es “duro” y nunca ha regalado cincuenta mil pesos a ningún amigo. Como éstos tienen que consolidarse económicamente con mucha lentitud, no están dispuestos a dejar el poder.

El reportero piensa que el doctor Prío tampoco ha hecho muchos regalos de esos de cincuenta mil pesos.

Ahora se toca el tema de la conspiración de los oficiales.

— ¿Te refieres a “los puros”? Esa gente no daban elecciones ni nada… Cuando se coge el poder, cuesta mucho trabajo dejarlo por gusto. Yo, que ya tui presidente y que no tengo más objetivo que saldar mi cuenta con el pueblo, sí entregaría enseguida.

— ¿Es cierto que usted trató de establecer contacto con ellos y lo rechazaron?

—Cierto. No querían civiles en el golpe. Era un militarazo como el de Venezuela o el de Colombia.

La entrevista llega a sus finales. La salida de Prío por la arena se hace lentamente y en su espalda chocan las miradas de muchachas jóvenes americanas. El reportero lo hace saber y el doctor Prio inaugura un reparto de sonrisas a ambos lados. Vuelve a la vorágine criolla cuando se le pregunta si cree cierta la unión de Aureliano y Fidel Castro en planes revolucionarios.

—Difícil. Ninguno cedería el mando al otro.

El reportero cree difícil esta unión porque sabe del chibasismo del jefe del Mancada. Prío argumenta en su favor:

—Como si las jefaturas estuvieran en el nombramiento. Yo se la he dado a Aureliano, a Menelao, a Barrientos, a Tony. .. Y cuando me ha convenido, se las he quitado porque el  jefe soy yo y nada más…  ¿Quién habla ahora de Aureliano?

Ya personaje y reportero están fuera del Lucerne Hotel. Hay una mirada despiadada para el portero —ha desplazado a catorce cubanos que ganaban su sustento cuidando la entrada de “La Reposada”—  y el doctor Prio quisiera decir algo que no encuentra la manera de expresarlo.  Recostado a la puerta del carro que la mano generosa de Luis Ortega ha prestado para sus trabajos en Miami al entrevistador, Prio Socarrás comenta:

—Felicita a Aracelio por lo que dice de Alonso Pujol. Es verdad que es muy fácil hacer vaticinios desde un hotel de Europa sin jugarse la vida.

—Doctor: ¿Y usted no cree que el hombre del permanente renuevo está un poquito tramitado?

— ¡Totalmente! Esa tesis de hacer conmigo un nuevo partido no encerraba otra cosa que “embarcarme” en unas elecciones.

Diciendo adiós:

— ¡Por suerte, estuve claro!

 


Redacción Digital

 
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