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Publicado el 17 Abril, 2017 por Redacción Digital en CubaMemoria
 
 

CUBA VENCERÁ

Cuba vencerá.

Facsímil del editorial. (Fotocopia: YASSEL LLERENA).

Acostumbrados a ver que su voluntad es ley en el hemisferio, los cerebros del imperio yanqui no pueden consentir en la emancipación cubana. No solamente por lo que han perdido en la isla, sino porque ven en su epopeya pre-sente —y están en lo cierto— la brecha abierta en su sistema hemisférico, tan mañosamente elaborado para impedir el desarrollo independiente de las repúblicas latinoamericanas. Y es una brecha que tiende forzosamente a abrirse, porque por ella se irán deslizando sin remedio nuevos países del continente: el ejemplo es irresistible.

De ahí la lógica —criminosa, pero lógica al fin— de la estrategia seguida por Washington en torno a Cuba. Es la que han seguido siempre los imperios en casos semejantes. Los equivocados fueron los que pensaron que un mero cambio del personal gobernante en la Casa Blanca traería brisas apaciguadoras o posibilidades de avenencia entre Goliath y David. Hoy han despertado del vano sueño y asisten atónitos al despliegue, mayor que nunca, de la fuerza alrededor de la isla. Constatan la multiplicación de las bases de ataque. Se hacen eco de las entrevistas seudosecretas entre amos y lacayos. Admiten que ya el Tío Sam se ha quitado la careta; que los emisarios de Kennedy dialogan en Ginebra sobre el desarme atómico mientras susurran órdenes de agresión a sus pilotos, indicándoles el camino de Cuba. La formidable lista de las 50 violaciones del espacio aéreo cubano por aviones de combate yanquis tiene una fuerza persuasiva aplastante.

En ese zafarrancho de la “guerra fría” contra la revolución, la salida de un mamotreto, emanado del Departamento de Estado, ofreciéndole al pueblo de Martí “paz, solidaridad humana y bienestar general” si suprime de un plumazo 2 años y 4 meses de resurgimiento, merece sólo un comentario sarcástico. Su literatura, falsa y pobre, tiene menos trascendencia que cualquier base de ataque de tercera categoría de las habilitadas en el arco del Caribe para hostilizar a Cuba. Sólo es una evidencia más del hecho, ya conocido, de que Yanquilandia se dispone a hacer en la isla lo que viene realizando desde hace tiempo en Laos: una Intervención militar híbrida, mixta de instructores y oficiales rubios y personal nativo.

Para eso —y aún para cosas mayores— está perfectamente preparado el pueblo de Cuba. Y no hablamos de preparación bélica. De ella sabrán los invasores, cuando se arriesguen a penetrar en su territorio. Hablamos de disposición moral y patriótica, elemento realmente fundamental y decisorio en lances parecidos. Cuba vencerá todo riesgo y toda agresión porque el pueblo asume en masa la ta-rea de la defensa. Lo hace, claro está, porque está defendiendo sus conquistas; porque no son de magnates, extranjeros o nacionales, las tierras, las casas, las industrias y las playas, sino del mismo pueblo. Han quedado borradas genialmente, por la acción reparadora de la revolución, las diferencias y hasta antagonismos que existían entre unos ciudadanos y otros, entre el ciudadano y el gobernante, entre el obrero y la empresa, entre el campesino y el hombre de la urbe, entre el blanco y el negro. Una gigantesca obra de aglutinación, de integración nacional ha hecho de la República un bloque monolítico, que ni siquiera pueden roer los minúsculos y cobardes grupos de la contrarrevolución.

Contra ese bloque, más que contra las armas que lo defienden, se estrellará sin duda alguna el embate del ataque exterior. Fidel Castro sabe lo que dice cuando afirma, desde la televisión, que todavía el pueblo cubano no ha desplegado todas sus energías, y que sus agresores presenciarán el más formidable desarrollo de combatividad colectiva jamás visto. Estarnos en vísperas de grandes hechos históricos y de grandes triunfos, mucho mayores que los alcanzados hasta hoy por la revolución. Lo que BOHEMIA, en un editorial anterior, llamó “el orgullo de ser cubano” —y nunca lo hubo hasta hoy en esta tierra de héroes y mártires, abatida ayer por mil traiciones y vilezas— es la argamasa que consolida la isla, toda ella una trinchera de honor y de coraje, y la hace invulnerable a sus enemigos. Nadie será capaz de tomarla por asalto.


Redacción Digital

 
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