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Publicado el 13 Abril, 2017 por Redacción Digital en CubaMemoria
 
 

POR CADA OBRA QUE DESTRUYAN LEVANTAREMOS MIL OBRAS MÁS

Dijo el Ministro del Trabajo, Comandante AUGUSTO MARTINEZ SANCHEZ
Por cada obra que destruyan levantaremos mil obras más.

Fotocopias: YASST LLERENA

 

Fotos de Alterno, Cano, Lezcano, Amador y Carlos Wrirtez

EL SABOTAJE EN “EL ENCANTO” Y LA PROTESTA DEL PUEBLO

Cuando todo se vino abajo, aferrada a un lienzo calcinado de pared, quedó la bandera cubana. Resistió a las llamas, al agua, los derrumbes. Los golpes de viento abrían claros en las espesas columnas de humo negro y, allí estaba, más hermosa que nunca, iluminada por los siniestros resplandores del incendio. Los gusanos miserables que perpetraron el crimen no pueden comprender el símbolo. El pueblo sí lo entiende. En la enseña patria, que emerge victoriosa del desastre, contempla el reflejo de su propia firmeza y voluntad de lucha. Las ruinas no son ruinas, sino pedestal del futuro, cuando sobre ellas flota el pendón de la estrella solitaria.

 

Por cada obra que destruyan levantaremos mil obras más.

Así quedó la tienda El Encanto después del bárbaro atentado de los gusanos.

A FINES de la semana anterior, la esquina de San Rafael y Galiano tan grata al recuerdo de los habaneros, presentaba el aspecto de un sector de la ciudad bombardeado. La tienda El Encanto, el lujoso establecimiento que mantenía su sello de distinción y elegancia —etiqueta que lo acreditó mundialmente—era convertida en ruinas por un atentado dinamitero, de enormes proporciones, perpetrado por las manos cobardes y asesinas de la contrarrevolución.

Por cada obra que destruyan levantaremos mil obras más.

“Por cada obra que destruyan levantaremos mil obras más”, expresó el Ministro del Trabajo, comandante Augusto Martínez Sánchez. A su lado, un dirigente de la CTC, Héctor CarbonelL Abajo, sentado, el padre del glorioso Camilo Cienfuegos que recabó ayuda económica entre la multitud para la reconstrucción de El Encanto.

El vandálico hecho, planeado y ejecutado por los criminales al servicio del imperialismo, llevó la desolación y la tristeza a centenares de familias que ganaban honesta-mente su sustento en dicho centro de trabajo. El Gobierno revolucionario les garantizó inmediatamente la subsistencia, pero allí en la famosa esquina quedó la huella de la brutal embestida. Como en todos estos casos donde se manifiesta el sabotaje y la destrucción contra los intereses del pueblo, la ciudadanía reaccionó valerosamente, acudiendo al lugar del siniestro, aún cuando las llamas devoraban el edificio, para prestar su cooperación en las labores de salvamento. Horas después, una monstruosa concentración popular, citada para el mismo sitio, dio cuenta del coraje y del vigoroso espíritu de solidaridad del pueblo, que condenó la bárbara agresión con la consigna de PATRIA O MUERTE, VENCEREMOS y ofreció un día de haber del sala-rio de los trabajadores para la reconstrucción de El Encanto.


Redacción Digital

 
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