0
Publicado el 8 Mayo, 2017 por Redacción Digital en CubaMemoria
 
 

CABALGATA POLÍTICA: SINDICALISMO GUBERNAMENTAL Y OTROS TÓPICOS

1. —Mitin político del 1. de mayo. 2. —La "revolución de la honradez". 3. —Tácticas de intimidación.
Cabalgata política: Sindicalismo gubernamental.

GUILLERRMO ALONSO PUJOL…” Si los resultados electorales nos fueran adverso, ello, tendría nuestro acatamiento”.

Por Francisco Ichaso

La guataca sustituye a la hoz

DURANTE muchos años, lo mismo bajo Batista que bajo Grau,  los desfiles obreros del Primero de Mayo tuvieron un preponderante matiz comunista. Los trabajadores aprovechaban ese día para hacer una recapitulación enérgica  de todas sus demandas no satisfechas; pero los líderes rojos se robaban la efemérides  y convertían en un acto de política sectaria, de rabiosa propaganda stalinista, lo que lógicamente debla ser una pura demostración de pujanza del proletariado nacional.

En el último desfile del Día del Trabajo, la bandera de la hoz y del martillo estuvo ausente. Nos felicitamos de ello. Esa bandera simboliza una Ideología antidemocrática, reñida con nuestras tradiciones y nuestro espíritu y al igual que la de la suástica y la del haz litorio debe ser desterrada para siempre del firmamento cubano.

Las masas trabajadoras que desfilaron, menores en número que en otras ocasiones por el hecho de que algunos sindicatos, controlados todavía por comunistas o filocomunistas se abstuvieron de tomar parte en la demostración, dieron una hermosa prueba de patriotismo, de cordura, de conciencia de clase al enarbolar sólo banderas cubanas con las de sus organizaciones respectivas y al quitar a la manifestación todo cariz de política partidista, poniendo muy de relieve que los -obreros cubanos no involucran lo político con lo social y que hombres afiliados a todos los partidos democráticos pueden desfilar el Primero de Mayo estrechamente unidos, a despecho de las candidatura que cada cual defienda bajo los ideales de justicia y superación que su clase alienta.

¿Quiera esto decir, sin embargo, que  no tuvo un matiz político este aniversario del día mundial de los trabajadores? Por desgracia y seguramente en contra de la voluntad de la inmensa mayoría de los obreros que desfilaron algunos líderes y las figuras del Gobierno que pronunciaron discursos desde la terraza norte del Palacio Presidencial, imprimieron aI acto un carácter marcadamente político, casi diríamos electorero. Llegó un momento en que aquello parcela no un desfile del Primero de Mayo, sino un mitin gubernamental en la llamada Plaza del Pueblo.

Cabalgata política: Sindicalismo gubernamental.

COFIÑO… esgrimió con lamentable frecuencia la guataca de Primitivo.

Hasta Ángel Cofiño, a quien creíamos más obrero que gobiernista, y que ha tenido sus alter-cados con Mujal. Surí y otros dirigentes de la CON, esgrimió con lamentable frecuencia la guataca de Primitivo y en vez de un discurso proletario levantado, conciso, claro y neutral desde el punto de vista de la política de partido, hizo el elogio a caño suelto del doctor Grau y no disimuló su posición continuista, como a! se estuviese dirigiendo no a una multitud de obreros de todas las filiaciones, sino a un grupo de aliancistas bien nutridos por el BAGA.

En lo único en que se pasó de la línea el secretario de la CTC fue en el ataque que hizo contra loa responsable de la carestía de la vida.

¿No se dio cuenta el señor Cofiño de que hablar allí de la especulación y de la ”bolsa negra” era mentar la soga en casa del ahorcado? ¿Es que acaso ignora lo que todo el pueblo sabe: las conexiones intimare que siempre han existido entre cierta» esferas oficiales y el alza en el precio de los artículos de primera necesidad?¿O es que quiso, de propósito, hacerle ese flaco servicio a Carlos Frío, cuya participación en el acto contribuyó también a darte un impropio matiz sectario?

Hace mucho tiempo que el pueblo  deseaba que los comunistas se apartasen de la dirección de nuestros asuntos obreros, y no sólo por que repudia la doctrina marxista y la sumisión de los “camaradas” a Moscú, sino porque es contrario a la injerencia de toda política partidista en el movimiento sindical.

Tenemos la plena convicción de que el pueblo no aplaude el que una política haya sido sustituida  por otra. No fué esto lo que se le prometió.  Los obreros, mismos tienen que haber visto con desagrado el carácter burocrático, electorero, de oficialismo burdo, de alabarderismo gubernamental que ciertos oradores imprimieron a la celebración del Primero de Mayo. Bien está que agradeciesen al doctor Grau lo que éste ha hecho en su beneficio y hasta que quisieran despedirse pedirse de él con palabras de reconocimiento y afecto; pero de la gratitud, propia de gente bien nacida a la incondicionalidad propia del ‘guataca”, hay un abismo.

Un tema que levanta ronchas

La “revolución de la honradez” que Núñez Portuondo propugna es poca cosa como programa. Pero ¿quién dijo que se trata de un programa? Eso a lo sumo es una frase, un “slogan”, cuatro palabras para resumir una actitud y un propósito.

De sobra sabemos que la simple honradez no basta para dar tono a un gobierno. Aunque no debemos olvidar que Martí la consideró siempre como un supuesto indispensable para superiores conquistas. Santovenia, en reciente transmisión radial, trajo a colación estas dos citas del Apóstol: “El caso de Cuba no es ya de libertades políticas sino de moralidad personal”. Y “la política volverá a ser el arte de conservar en paz y grandeza a la patria, mas no el vil arte de elaborar una fortuna  sus expensas.

Martí, que nació, vivió y murió pobre, sin que un solo centavo ele los mucha. por él mismo recaudados para la revolución se desviase hacha sus bolsillos, no podía concebir que la rapacidad y la falta de escrúpulos en el manejo de los fondos públicos fuese compatible con la obra revolucionaria. Si los revolucionarios no dan ejemplo de austeridad en el Poder ¿quiénes van a darlo? Y no se alegue que la honestidad ha estado siempre ausente de nuestra vida pública. Esta es la cantilena cínica con que los maculados pretenden justificarse. Delito de todos, responsabilidad de nadie. Pero no. En todas las épocas, incluso en ésta tan envilecida por la prosperidad, ha habido políticos y gobernantes austeros, contra cuyas reputaciones se estrelló siempre el dardo envenenado de la calumnia. Por el mismo gobierno de Grau, tan acusado de inverecundia han desfilado funcionarios que conservan, por su pulcra gestión el respeto de la ciudadanía. ¿Se habla mal de un Presno, de un Porfirio Franca, de un Solórzano? ¿No comentan favorablemente los mismos auténticos de fila el que un Félix Lancia haya sido primer ministro, y siga llevando une vida modesta, al margen de los más sonados “affaires” del régimen ¿No goza Pepe San Martín de enorme popularidad por haber destinado los dineros públicos a obras públicas y por no haberse visto envuelto en ninguna de las escandalosas rebatiñas de la “cubanidad”?

Cabalgata política: Sindicalismo gubernamental.

PEPE SAN MARTÍN— .por no haberse obro envuelto en ninguna de las escandalosas rebatiñas de la “cubanidad”.

Lo que lamenta el pueblo, incluso las masas perreceístas, que no tienen la culpa de ir, defección moral de muchos de sus jefes,  en que hombres como los mencionados hayan sido objeto de postergación y en cambio se aúpe a aquellos quienes la opinión pública señala con el dedo como responsables máximos de la “bolsa negra”, de los atracos al comercio, de las primas de lotería, del derroche de créditos para prebendaje y clientela política.

En todas las épocas, en efecto, ha sitiando esta fauna. Pero en otras épocas, no se ha hablado tanto de revolución, de justicia social de beneficio a las clases populares. En otras épocas el gobernante cogía y callaba. Tenla por lo menos el pudor del silencio. Aparte de que “revolución obliga”. Que un politicastro cualquiera haga charranadas no tiene importancia. Es un simple caso de policía. Que las haga un revolucionario resulta, imperdonable. Es un caso de con-ciencia.

“La revolución de la honradez” es un lema de la propaganda nuñizta. No es ni más ni menos que eso. Sin embargo ha levantado ron-chas y ha surtido efecto en las masas porque la frase invertida, es decir, “la honradez de la revolución”, ni siquiera sirve para “slogan”. En esto los directores de la propaganda aliancista han estado hábiles. Adviértase que no hablan para nada de eso. Al contrario: casi siempre empiezan sus alegatos confesando que no son ángeles para acabar declarando que son unos “pobres diablos” llenos de la mejor intención y que por eso hay que darles los votos. A algunos aliancistas de segundo o tercer plano les hemos oído, en pintorescos arranques de sinceridad, lo siguiente:

—Si, caballeros; no puede negarse que se ha robado mucho, pero también se ha hecho mucha revolución.

Un concepto no muy martiano que digamos de la revolución.

Y eso que Martí, según dicen, es el inspirador. Que si no lo fuese… El arma del pánico

Vamos a referirnos a un tercer tópico. Podemos formularlo así: ¿qué pasará si gana la Coalición Liberaldemócrata?

Algunos “comecandelas” vienen desde hace algunos días esparciendo el rumor de que el triunfo de Núñez Portuondo y Cuervo Rubio el primero de junio significaría una masacre al día siguiente.

“La revolución” -argumentan- “no se puede dejar arrebatar el Poder así como así, Si no ganamos con votos, ganaremos con balas. De todos modos les cerraremos el paso a machadistas y batisteros”.

No sabemos qué efecto les hará este lenguaje a los muchos colaboradores de Machado y de Batista que figuran en la Alianza y algunos de los cuales son candidatos a importantes cargos electivos. A no ser que consideren que la Alianza re un Jordán en cuyas aguas se han sumergido para sacudirse las impurezas de otros regímenes.

A la bravata en si no hay que darle demasiado crédito. Justo es decir que no parte de los cuadros dirigentes ni de elementos responsables de los partidos de gobierno. Nosotros aceptamos como buena la declaración del Dr. Alonso Pujol en un almuerzo del Club de Leones: “si los resultados electorales nos fueran adversos, ellos tendrán nuestro espontáneo acatamiento”. Queremos creer que en esta misma actitud se halla Carlos Prio. Y en cuanto al general Pérez Dámera, sería el primero en dar órdenes para que se reprimiese cualquier desmán y la voluntad del pueblo fuese respetada. No hay razones para suponer lo contrario.

Lo que no puede dejar de admitirse es que esos alarmantes rumores guardan parentesco con otros de situaciones pasadas y responden a tácticas de intimidación a que son muy aficionados los grupos de acción de la “cubanidad”. (Obsérvese, de paso que esos “grupos de acción” representan una anacrónica supervivencia de la etapa insurreccional de la revolución. Confundir ese fenómeno de inercia revolucionaria con el espíritu y los fines de la revolución es uno de los grandes errores del momento.) Cada vez que el Congreso o el propio Ejecutivo ha querido tomar alguna decisión poco grata a esos levantiscos sectores, éstos han amenazado con acudir a la violencia para impedirlo. Recuérdense las pedreas al Capitolio. Y más tarde el ametrallamiento de ese edificio para que no se tomasen acuerdos de interpelación contra ciertos ministros, en los momentos mismos en que el Senado de la República consideraba aquella famosa denuncia de crisis institucional formulada por el doctor Miguel Suárez.

Ejercer coacción a través del pánico es uno de los métodos preferidos por esos núcleos revoltosos y armados que perciben uno o más cheques a fin de mes. Ahora han dado en propalar una San Bartolomé de machadistas, batisteros, et al, caso de que Carlos Prio no gane las elecciones. Se trata evidentemente de “priorizar” a los dudosos y de cohibir a los pusilánimes. No faltan espíritus cándidos que caen fácilmente en estas trampas y si no cambian de opinión, por lo menos se inhiben. Al Gobierno le conviene siempre que acuda a las urnas el menor número de electores. La razón es obvia: los suyos van convoyados y con ellos no hay problema. El problema estriba en los espontáneos de la oposición. A éstos hay que ponerles el mayor número de trabas y esa maniobra de la amenaza y el pánico, ensayada sin éxito en otras ocasiones, pudiera alguna vez dar resultado.

En el fondo lo que hay es falta de confianza. Si hubiera el entusiasmo, la mística del 44, no habría que resucitar viejos fantasmas, enseñar los puños y rechinar los dientes. El que grita y amenaza es porque está, como se dice en criollo, en el “desespero”.

Esto lo reconocen los mismos partidarios del Autenticismo, que publican artículos que tienen el tono amargo, plañidero, de prematuros responsos. En este anticipado “gori-gori” Néstor Miñango se destaca con independencia, sinceridad y gracia singulares. Su artículo sobre “La soledad de Frío” no tiene desperdicio. Ese palpar montañas de soledad, en lugar de montañas de votos, es lo que conduce a la baladronada que comentamos. Una más dentro de un régimen al que pudiera aplicarse por todo epitafio aquel estrambote cervantino: Y luego incontinente caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.


Redacción Digital

 
Redacción Digital