0
Publicado el 2 Mayo, 2017 por Redacción Digital en CubaMemoria
 
 

EL PRIMERO DE MAYO

Primero de Mayo en Cuba, en 1958.

Facsímil de la publicación en la Revista Bohemia.

POR primera vez en muchos años —para ser más exactos, desde antes de 1940— no se ha celebrado en Cuba el desfile del primero de mayo. Claro está que los trabajadores han rememorado su fecha histórica, efemérides de recuento y reafirmación de sus gestas y conquistas sociales, en el seno de sus organizaciones de clase, pero no han ofrecido este año su magno y tradicional testimonio de fuerza serena, de actitud vigilante en defensa de sus intereses legítimos, de solidaridad y fe en el porvenir.

Podría pensarse que esa suspensión de la manifestación obrera es asunto privativo del hombre de labor, que sólo tiene trascendencia proletaria, pero esta interpretación sería manifiestamente errónea. Nadie puede negar que la magna fiesta del trabajo ha estado siempre rodeada de la simpatía de los demás cubanos. No ha sido nunca nuestra patria de esos países infortunados en los que las luchas de los trabajadores están disociadas de los comunes ideales de la nación. Por el contrario, en las ocasiones históricas más solemnes de la República —desde su creación, en 1902, hasta sus reafirmaciones democráticas de 1933 y 1940— el aporte de la clase obrera ha sido parte esencial del esfuerzo cívico con que la ciudadanía en general, sin distinción de grupos, decidió una y otra vez la superación de toda tiranía, extranjera o nativa.

Por estas fundamentales razones, el pintoresco, brillante y digno desfile de los trabajadores ha sido visto siempre par los demás cubanos, no como el alarde de un sector aislado que pugna contra otros del país, sino como casa propia de todos. Y es que, salvo un reducido número de traficantes egoístas, en Cuba no ha habido nunca, ni es de desear que las haya, clases enemigas cuya contienda perenne ponga en crisis las bases de la nacionalidad.

Tiene por esta causa un profundo sentido, Independientemente del propósito discutible del gobierno y de los actuales dirigentes obreros, el hecho de que faltase este silo, en el clásico primero de mayo, la manifestación entusiasta de las masas laborales del campo y la ciudad. ¿Cómo podrían desfilar tranquilamente los trabajadores si los demás ciudadanos no pueden hacerlo? Suspendidas las funciones del Congreso y los partidos políticos legítimamente organizados; impedidas de reunirse más de cinco personas en cualquier sitio para fines cívicos, por pacificas que sean; sofocada la expresión del pensamiento PU las emisoras de radio y aplazado el ejercicio de las garantías ciudadanas, no era posible que los obreros, víctimas de esta situación como los demás cubanos, tomaran a fiesta este critica momento histórico. Ellos saben, aunque sus dirigentes mustiado% sostengan lo contrario, que sus conquistas también están intervenidas y sujetas a revisión, como las de sus compatriotas en general.

BOHEMIA, cuya palabra de aliento y apoyo jamás ha faltado a los trabajadores en las épocas más difíciles de su lucha emancipadora, quiere decirles, por encima de líderes y gobiernos transitorios, que no deben perder la esperanza en el porvenir. La verdadera fiesta del primero de mayo volverá a lucir cuando toda Cuba pueda participar en ella.


Redacción Digital

 
Redacción Digital