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Publicado el 21 Junio, 2017 por Redacción Digital en CubaMemoria
 
 

Cabalgata política

DIÁLOGO CÍVICO O GUERRA ENTRE DOS TERQUEDADES

El dilema es bien claro; ganar con votos el que los tenga o perdernos todos por los caminos oscuros de la violencia. — Intentar la restauración sería absurdo: el heroísmo diferido no gana batallas. — Hay que mirar hacia el futuro y demandar del Gobierno las garantías necesarias para unas elecciones libres en la fecha fijada
Cabalgata política, elecciones en cuba en los años 50 del siglo XX.

“[…] el heroísmo estuvo ausente aquella madrugada”. (Fotocopia: YASSER LLERENA).

Por Francisco Ichaso

La Ruta Hacia la Legalidad.

EL doctor Carlos Prío no pudo defender el régimen constitucional de la República contra el asalto de los militares sublevados el 10 de marzo. Mucho se ha discutido sobre si cumplió o no cumplió en circunstancia tan crítica. Para unos hizo todo lo que pudo. Para otros estuvo tardo e indeciso. Para nosotros solo hay una realidad obvia: que el hervismo estuvo ausente aquella madrugada. En todos los episodios de esta índole suele haber algún impulsivo, algún intrépido que se juega la vida. Su ejemplo cunde a veces y cambia la faz de las cosas. Esta vez se echó de menos, lo mismo entre los altos jerarcas del ejército que entre los personeros del poder civil, la actitud resuelta, el arranque épico que consagra a los caudillos en la historia. Ni siquiera la Ortodoxia, a pesar del giro belicoso que Imprimía a su campaña electoral, se mostró marcial ese día; bien es verdad que sus jefes pueden aducir que no les correspondía a ellos sacar la cara por un gobierno que tantas ganas tenían de quitar. Sólo los conspiradores sabían lo que tenían que hacer y lo hicieron con precisión y decisión. Por eso triunfaron de modo tan fulminante e incruento. Bien decían los antiguos que la fortuna protege a los audaces.

Quizás resulte ya ocioso hablar de estas cosas que pertenecen al pasado. Cuando todavía es temprano para la historia, para el periodismo suele ser tarde, pues como decía Andrés Gide “periodístico es todo aquello que mañana tendrá menos interés que hoy”. No queda, sin embargo más remedio, que volver los ojos hacia atrás, no para discurrir sobre lo que pudo haberse hecho y no se hizo, sino para pensar lo que puede y debe hacerse en lo adelante.

Algunos de los que no sintieron el 10 de marzo el animus bell creen que hay tiempo todavía para que surja eficaz y vindicante. A nuestro juicio están equivocados. El heroísmo diferido no gana batallas. SI las instituciones no pudieron ser defendidas el dia del golpe, mal podrán ser restauradas ahora por un contragolpe. Quien toma el poder es que conocía sus debilidades; parece lógico, por consiguiente, que una vez en el mando elimine los flancos vulnerables y se mantenga apercibido y alerta. Apelar a la violencia sería Ir al sacrificio, al suicidio; ensangrentar inútilmente al país, reeditar un bogotazo y en fin de cuentas consolidar y alargar la provisionalidad

Por otra parte nos parece absurdo hacerle la revolución armada a un régimen que ha anuncia-do elecciones para el 18 de noviembre de 1953. Alguien ha dicho que la fijación de la fecha electoral es la paz. Es, por lo menos, un alivio y una esperanza. SI esa fecha no se hubiese señalado, una gran desazón se habría apoderado del pueblo y ante las sombras de lo Indefinido, de lo aleatorio, cualquier acto de desesperación hubiera estado justificado. Pero hay una promesa en pie, una promesa que a muchos no inspira confianza; mas, de la cual no puede racionalmente dudarse a rail de su formulación. Lo procedente; por tanto, es esperar la evolución de ese anuncio, ver como desenvuelve su gestión en ese sentido el Gobierno de facto, tratar de comprobar la veracidad o la falacia de loe propósitos enuncia-dos. El quehacer nula Importante do loa que deseamos el retorno a los métodos normales de la democracia consiste en recordarles constantemente a los gobernantes actuales la solemne promesa hecha al pala y vigilar su conducta con una intención denunciadora y critica. a fin de advertirles a ellos mismos y al pueblo en qué medida se ajusta su comportamiento a las altas soluciones nacionales o se aparta de ellas.

Los principales pasos hacia una consulta electoral limpia ha de darlos el Gobierno. Pero como decía Saladrigas recientemente, éste es un camino que tenemos que recorrerlo todos. La gran ruta hacia la legalidad democrática puede obstruirla el régimen con sus errores y arbitrariedades; pero también puede obstruirla la oposición con la violencia y el empecinamiento. ¡Ay de la República si nos enzarzamos de nuevo en una guerra entre dos terquedades!

 El Diálogo Cívico.

Para ir a unas elecciones es indispensable que se reanude el diálogo cívico interrumpido por los sucesos del diez de marro y que, con anterioridad a esa fecha, era más que un diálogo propiamente, una disputa de plazuela. Es necesario reconocer que la gran quiebra de nuestra democracia ha tenido su origen en el abuso de la libertad de expresión. Como periodistas y como ciudadanos no nos resignaremos nunca a ver restringida esa libertad; pero como periodistas y como ciudadanos nos preocupamos más de una vez, y así lo dijimos, por las exorbitaclones verbales cometidas al amparo de un derecho tan noble. Cuando el aire se puebla de palabras gruesas, de vocablos hirientes, de calumnias, de procacidades, de Injurias, hay el peligro de que la saturación verbal desemboque en la riña tumultuaria, y la riña tumultuaria en la guerra civil.

No hay ley ni disposición oficial apta para adecentar el lenguaje en el debate político sin merma de la libertad de expresión; para conseguir aquel propósito el único expediente eficaz es una especie de convenio de caballeros entre los que representan ideas y aspiraciones contrarias en el palenque cívico. La política ha sido comparada con un juego. Como todo juego exige la buena fe y la conducta caballerosa de los contendientes, lo que los anglosajones llaman el “aporte-manship”. Últimamente esta cualidad se había ausentado de nuestra polémica cívica. Si todos no hacemos lo posible por rescatarla, la democracia estará por mucho tiempo suspendida entre nosotros.

En plena campaña electoral publicamos en estas mismas páginas de BOHEMIA un artículo en que invitábamos a todas las partes a la restauración del diálogo cívico. Para celebrar las elecciones en un ambiente de paz era Indispensable que todos los factores antagónicos conversasen serenamente hasta ponerse de acuerdo sobre las normas de educación, de buen gusto, de respeto mutuo que habrían de regir hasta el día mismo de la consulta electoral. Los acontecimientos de Columbia frustraron todas estas posibilidades.

No creemos, sin embargo, que sea inoportuno insistir en aquella demanda. Lo sería si no tuviésemos a la vista una nueva fecha comicial. Desde el momento en que el Gobierno surgido del cuartelazo desea plebiscitarse, es necesario que los hombres de todos los partidos y los hombres sin partido empiecen a pensar seriamente en los comicios anunciados para noviembre del año que viene.

Tanto los partidarios de la actual situación como sus opositores no tienen otro camino para consolidar sus respectivas situaciones que buscar el apoyo de la opinión pública a fin de retener el Poder o conquistarlo por medio del voto popular. Ya pueden los tanquistas desgañitarse y poner la cara feroche; ellos mismos saben que el poder legítimo, el poder estable, no puede descansar en un artefacto rodante blindado y lleno de cañones. Y en cuanto a las oposiciones, podrá haber líderes delirantes que sueñen con quitarle a Batista el poder por medio de una revuelta armada; pero la mayoría de ellas es bastante sensata para no poner su fe en los procedimientos de fuerza y preferir la vía de las urnas para el logro de sus aspiraciones.

Cuando una provisionalidad tiene término conocido y ese término coincide con una prueba comicial, la lucha ha de plantearse necesariamente en los planos políticos y sólo podrán abandonarse éstos cuando desaparezcan las garantías y se cree un clima de opresión. Hacerlo antes no estaría justificado.

Está muy bien que todos Ion partidos políticos, con excepción naturalmente del PAU reiteren su gesto condenatorio del marxismo, critiquen el Estatuto, le nieguen validez legal y se opongan al juramento, requisito pueril al que se le ha dado demasiada importancia tanto en un bando como en otro. Pero sería bizantino pasarse toda la vida en una discusión de este tipo. Por mucho que neguemos teóricamente una realidad, la realidad está ahí frente a nosotros y con ella tenemos que contar hasta para salir de ella. Hay que mirar hacia el futuro, es decir, hacia esa fecha en que los partidos políticos, nuevamente organizados, se enfrentarán ante las urnas para decidir qué equipo gobernante ha de sustituir al que hoy ocupa el Poder con carácter transitorio.

Para algunos es una tontería pensar en elecciones estando las garantías suspendidas, canceladas las horas doctrinales de radio, cerrado el Congreso, etcétera, que una tontería, es una cosa ardua, a contrapelo si se quiere; pero necesaria, imprescindible y hasta urgente. Como se dice en criollo no queda otro remedio que “estrechar el lancé”’. Y “estrechar el lance” es colocar al Gobierno frente a su categórica promesa electoral y decirle: “Tú has dicho que habrá elecciones. ¿Qué harás para que se restablezca en el país el ambiente de paz, de libertad, de legalidad indispensable para celebrarlas? ¿Qué garantías ofreces de que los partidos podrán organizarse con absoluta libertad y de que los comicios serán igualmente libres y pulcros?”

Puntos de Discusión.

Es evidente que con las garantías suspendidas no puede haber período electoral. El derecho de reunión, el derecho de asociación, el derecho de palabra y todos los de-más consagrados en la Constitución abolida, tendrán que ser restablecidos a plenitud. Se habla de elaborar un nuevo Código Electoral en el que se fijarán las magistraturas que irán a elección, se estipulará el porcentaje de afiliaciones que habrán de tener los partidos, se señalará la forma del voto, etc. El Gobierno ha designado ya una comisión de ponencia. El Tribunal Superior Electoral redactará el nuevo instrumento.

Ahora bien, el Código Electoral es el texto que contiene las reglas del juego político. No se concibe establecer esas reglas unilateral-mente: Lo correcto es que tales re-glas sean la resultante de un acuerdo entre todos los jugadores; de lo contrario el “fair play” estada ausente y todo quedarla reducido a una farsa.

De otra manera: el Código Electoral no puede ser impuesto; ha de ser consultado con todos los grupos si se quiere que sea un cuerpo democrático de normas garantizadoras del derecho de todos.

Otro extremo importante es la aspiración al Poder desde el Poder. La Constitución de 1940 la prohibió. Batista fué el primero en dar el ejemplo despojándose de su uniforme de soldado y aspirando a la presidencia en las elecciones de 1940 como un hombre civil. Se nos hace muy duro suponer que quien entonces procedió de esa manera se conduzca ahora en forma contraria. No sabemos si está en la mente del General ser candidato presidencial en las elecciones del año que viene. Si ello es así, estimamos que renunciará a la presidencia con tiempo suficiente para no infringir un principio cuya transgresión le ha costado muchos trastornos a la República.

Todo esto tiene que ser materia de discusión en los días venideros. Por eso estimamos indispensable que recomience el diálogo cívico y que recomience pronto. El Gobierno de facto y sus opositores tienen mucho que hablar. Si se cerrasen a la banda y cada cual pretendiese ignorar al otro, las posibilidades de retornar a la normalidad institucional se aplazarían indefinidamente y el país entrarla, más temprano o más tarde, en un ciclo convulsivo que todos estamos en el deber de evitar.


Redacción Digital

 
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