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Publicado el 28 Junio, 2017 por Redacción Digital en CubaMemoria
 
 

NUESTRA CONDUCTA FRENTE AL GOBIERNO DE FACTO

Conducta cívica ante el gobierno de facto.

Facsímil del trabajo publicado.

Por ROBERTO AGRAMONTE

EL pueblo unido es grande. El pueblo unido es fuerte. Constituimos el Partido del Pueblo. Frente al gobierno de facto, la Ortodoxia no necesita justificarse ante el pueblo, ni probar su fidelidad invariable a los dictados de la patria. Las mayorías nacionales, que tan tas veces nos han testimoniado en adhesión, su plena confianza y al fe viva, no se dejan engañar por la propaganda estridente y mediatizada que los adversarios de siempre nos dirigen la diario. Seriamos sin embargo, entes inánimes si dejásemos sin contestar esa propaganda, porque el Partido del Pueblo nació a la vida pública como una organización de combate cívico contra los gravísimos males que corroían y la corroen aún, y es bien conocida nuestra costumbre de devolver golpe por golpe a los que más que de nosotros, son enemigo: de la República.

Tampoco nos ha sorprendido quo esas agresiones e imputaciones provengan en mayor escala de ciertos renegados, uncidos por breve tiempo a nuestro movimiento, pero afortunadamente muy escases. Suele en oportunidades, históricas de grandes decisiones, ser más enconada y perversa la conducta del tránsfuga, visiblemente empeñado en contradecir cuanto afirmó y sostuvo anteriormente, que la de los adversarios de siempre, exentos de la necesidad de justificarse.

Empero, la mejor respuesta, la que tiene mayor validez en estas circunstancias, es ratificar cuanto se ha hecho y dicho a partir del trágico 10 de marzo pisado, en que sufrieron un eclipse, que ha de ser, por ley histórica temporal, las libertades y derechos humanos. Eso queremos hacer mediante la presente exposición.

Inmediatamente que se tuvo conocimiento del golpe militar inesperado que daba al traste con el gobierno constitucional de la República, produjimos la primera declaración de principios hecha por un partido cubano contra la asonada de Batista, haciendo constar “que el Partido del Pueblo Cubano utilizará todos los medios a su alcance para hacer respetar la organización democrática del Estado, y apela a toda la ciudadanía, sin distingos políticos, para cerrar filas en defensa de la democracia y de las  libertades públicas conculcadas”.

El mismo 10 de marzo dichos pronunciamientos fueron ampliados y desenvueltos en un extenso alegato político, firmado por todos los representativos de los organismos dirigentes y funcionales del Partido del Pueblo Cuban, ratificando “la decisión de seguir luchando por sus ideales y de resistirse, por todos los medios eficaces a su alcance, a la situación de ilegalidad y brutal imposición”.

Al día siguiente, cuarenta compañeros y el que suscribe, celebrábamos una reunión, cuando fuimos conminados por la Policía a disolvernos, prefiriendo nosotros ir presos, como así sucedió; también hicimos constar, en declaración firmada, “que no aceptábamos la sus-pensión de garantías del gobierno de facto que ha usurpado el poder”. Ambas cosas, el documento dirigido al país en explicación de nuestra postura y la firme actitud de resistencia cívica contra la usurpación, abrieron el camino a una ejecutoria oposicionista única en estos días, y que ha estado respaldada, desde su inicio, por todos los ortodoxos sin excepción.

Igual sucedió con la apelación que dirigimos a la Organización de Estados Americanos y a la ONU y con el recurso ante el Tribunal de Garantías, escritos producto de una madura deliberación y de un efectivo respaldo de todas las personas responsables del partido. La frustración de ambos propósitos, nada sorprendente por razones que entonces expusimos al país, dejó subsistente la dignidad y acierto de nuestra apelación.

El dio 18 de marzo, respondiendo a preguntas que nos formulara el señor Cuido García Inclán por la Radioemisora COCO, Periódico del Aire, tuvimos el honor de ratificar la posición ortodoxa con las siguientes palabras:

—Todos los hechos realizados a partir del 10 de marzo son nulos, son ilegales, son ilegítimos. Esta es la posición del Partido del Pueblo Cubano. No existe un Poder Ejecutivo, porque éste se forma por sufragio libre, igual y universal. No existe ese poder para nosotros. No aceptaremos, en manera alguna, ningún tipo de solución que esté influido, de manera directa o indirecta, por el dictador Fulgencio Batista. Solamente aceptaremos un gobierno inequívocamente neutral, comprobada y positivamente neutral, que abra el proceso eleccionario en las mismas fechas y con todos los elementos jurídico-constitucionales establecidos en la Carta Fundamental y en la Ley.

A principios de abril, en un evidente intento de establecer una ficticia legalidad en torno a su origen espurio, el régimen batistiano creó la llamada ”Ley Constitucional”, pretendiendo recoger a capricho en ella partes de la Constitución conculcada. El día 5 de aquel mes, todos los dirigentes ortodoxos firmamos una declaración haciendo constar: 1) que el actual gobierno carecía de autoridad moral y política para dictar pautas al .pueblo cubano; 2) que éste no estaba obligado a cumplir las disposiciones que dimanen de los que están usurpando la función de gobernar; 3) que el Partido del Pueblo declara su decidido propósito de no concurrir a las elecciones señaladas en los Estatutos promulgados por Batista, y que no irá a una consulta comicial más que al amparo de los derechos plasmados en la Constitución de 1940.

Tales principios fueron y son, sin discusión alguna, los que rigen la conducta de todos los ortodoxos. Así declaramos el 5 de abril: —“La Ley falsamente llamada Constitucional, promulgada por el gobierno de fuerza de Fulgencio Batista, para sustituir la Carta Fundamental de 1940, ha destruido la vida constitucional del país, y ha concentrado prácticamente en forma dictatorial amplios poderes en una sola persona. Ello constituye un nuevo escarnio para el pueblo cubano, tan celoso de sus derechos y libertades”.

—“Destruido el régimen de garantías constitucionales, disueltos los partidos, suprimido el voto directo que posibilitaba la espontánea expresión de la voluntad popular, fijadas las elecciones en forma que no constituyen garantía alguna para el electorado, sino que quedan sujetas a la voluntad del dictador, tal Estatuto tiene por fuerza que ser rechazado y condenado por el Partido del Pueblo Cubano, que ahora más que nunca representa la voluntad mayoritaria del pala”.

—“Por lo dicho, quedan vigentes los pronunciamientos públicos hechos por nuestro Partido, y frente a los Estatutos que repudiamos, el Partido Ortodoxo proclama la vigencia sustantiva de la Constitución de 1940, que está viva en el alma del pueblo cubano”.

Después. el régimen puso en escena la burda comedia del juramento de la Ley  Constitucional Basta leer la fórmula del juramento arbitrario: “Juro solemnemente que acataré, mantendré -y defenderé la Ley Constitucional, vigente desde el 4 de abril de 1951, y las demás leyes de Cuba, contra sus enemigos nacionales o extranjeros… y que me obligo libremente, sin reservas mentales, ni propósitos de evadir este juramenta… Así Dios me ayude.

-Es decir, el juramento obligo a los enemigos politices del gobierno a defender el Estatuto contra su propia conciencia; asimismo, a pesar de ser producto de la imposición, del propósito de conseguir adhesiones forzosa, lince confesar que el que jura se obliga “libremente”.

Es un principio admitido que lo que se jura ha de ser justo, licito y honesto.  Pero jurar lo que oprime al pueblo, jurar que por un golpe de fuerza se puede paralizar la voluntad nacional ante las urnas. Jurar que se admite la supresión de la libertad de reunión, de emisión del pensamiento, la violación del domicilio, jurar que la libertad o soco mala, y que es bueno vivir sin luz, sin movimiento, jurar la bondad de instituciones defectuosas y viciadas, todo ello no es ni justo, ni honesto ni licito Non est obligatorium contra bonos mores prestitum juramento – , tono, dice un adagio ético-jurídico.

En declaraciones del Consejo Director Nacional del Partido. se ha, cc pública ratificación del acuerdo, que prohíbe prestar juramento a los Estatutos Constitucionales  a los miembros del Partido que ostenten  cargos de representación popular.

“El Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) —dice el documento—denuncia ante el país que la exigencia de prestar juramento a los Estatutos llamados Constitucionales, constituye una medida de excepción de carácter antidemocrático y típicamente totalitaria, ya que se tiende con ella a que sólo exista -un criterio político, el oficial, frente a los criterios discordantes de los demás partidos políticos. A más de que ningún gobierno provisional exigió semejante juramento, la amenaza de destitución que lleva como sanción el no jurar dichos Estatutos, constituye asimismo una medida dictatorial y arbitraria frente al pueblo que eligió para ta-les cargos electivos a sus mandatarios”.

Llegue, por ello, un caluroso mensaje de congratulación a los alcaldes y concejales de la Ortodoxia los cuales atrayéndose su destitución injusta, han mantenido en alto la Constitución de 1940, hoy carta de redención, meta liberadora del pueblo cubano.

Al constituirse por decreto el artificial Consejo Consultivo, era obvio que ningún miembro del Partido del Pueblo, fuese dirigente o no, debía tampoco figurar en la pintoresca y abigarrada asamblea de los áulicos de Batista y al mismo tiempo pretender seguir formando parte de nuestras filas. Pase que el Zar de Rusia designase sus senadores vitalicios. Pase que el Gran Turco crease un senado cuyos miembros son de su propio nombramiento. Pero los pueblos nada tienen que ver con esos cenáculos prontos a sancionar la voluntad del gobernante autocrático.

Al terminarse la justa electoral de 1948, en que el Partido del Pueblo Cubano demostró su pujanza Inicial, nuestro adalid. Eduardo Chibás, ante la victoria moral del partido, recordó las palabras memorables con motivo del episodio de Dunkerque: se habla perdido una batalla, no la guerra.

A cincuenta y tres días del aciago golpe al alma de la nación, nos encontramos en una etapa de prueba para la Ortodoxia. Vamos a seguir demostrando la consistencia de nuestro gran movimiento, la fe y rectitud de nuestros espíritus, la perdurabilidad de la ofrenda de Eduardo Chibás. Es reconocido por todos que el Partido Ortodoxo constituye la fuerza popular de más peso y raigambre en nuestra dinámica nacional. Los hombres de la base, de los cuadros medios y los líderes se han mantenido firmes y dignos en sus puestos, haciendo en cada momento lo que en cada momento hay que hacer. Pero quien en estos instantes de natural inquietud y de espera, se sienta acobardado y sin fortaleza, ése no es un ortodoxo. Quien en los momentos de peligro y acoso dude dela verdad y necesidad de nuestra causa, ése no es un ortodoxo. En nuestras filas no queremos espíritus flacos, sin firmeza ni convicción. A nuestras filas no ha de pertenecer quien, atemorizado por la pasajera victoria de la usurpación del poder, crea vanamente que la Ortodoxia puede debilitarse. No, nuestro movimiento de regeneración nacional, de adecentamiento de los hábitos políticos, de bienestar general de la colectividad, está más fuerte que nunca. Más de una vez dijo Chibás que no era un vulgar aspirante al poder, que la cuestión no era llegar, sino llegar bien, llegar sin transacciones con nuestra conciencia, llegar sin complicidad con el pasado. La cuestión, en efecto, no es llegar a Palacio, pues a Palacio llega cualquiera por el fraude o por el asalto. La intransferible y gran misión de la Ortodoxia era llegar a la conciencia del pueblo cubano, antes de llegar a Palacio. Y el aldabonazo de Chibás llegó a la conciencia del pueblo, recinto donde sólo se penetra con la sinceridad y la verdad de una doctrina y una ejecutoria de mejoramiento colectivo. Y eso es lo que importa.

Por la fuerza no se reducirán nuestras conciencias. Puede haber más penalidades, pero en la misma medida la Ortodoxia calará cada vez más en el alma del pueblo, y nuestra bandera tremolará cada vez más alta. Habrá que esperar, pero no de modo inerte, no de manera que las cosas se resuelvan solas, pues esperar es una forma de hacer sólo cuando existe una voluntad de lucha y de victoria. Las palabras de aliento que cada dia recibirnos de innumerables buenos cubanos, así nos lo confirman. Y los ideales acariciados por la nación cubana, una y otra vez frustrados, lograrán en definitiva su realización.

Llegue este mensaje de fraternidad a los campesinos cubanos, nervio y savia de la economía nacional, y con él decirles que la Ortodoxia, ahora más que nunca, sabrá defender sus reivindicaciones y derechos y sabrá luchar en favor de ellos por una existencia más justa A la juventud y a los estudiantes de todas las Instituciones de docencia, ellos que en la historia de los grandes movimientos de recuperación cívica nacional, han constituido la reserva moral más pura y genuina de la patria. A los profesionales, que tienen la conciencia de su misión de servicio a la colectividad. A los trabajadores, factor esencial de la vida económica. A la mujer cubana, altísimo exponente del civismo patrio.

La Ortodoxia nada ha perdido de su vigor moral, de su elevación. Pero la causa que nuestro credo político propugna, vencerá. Yo estaré en mi puesto de combate, alto o pequeño, hasta el fin, para hacernos dignos de la memoria de Chibás, y contribuir a hacer de nuestra nación la República austera y feliz que él soñó.


Redacción Digital

 
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