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Publicado el 15 Mayo, 2015 por Laura Rodríguez Balbuzano en Cultura
 
 

Un forjador de recuerdos

Por LAURA RODRÍGUEZ BALBUZANO (estudiante de Periodismo)

Imágenes de El camino de los juglares

“El camino a los juglares”, evoca la infancia y adolescencia de muchos cubanos. (Foto: lajiribilla.cu)

Los niños viven momentos intensos y memorables. En gran parte de los casos, algunas memorias de la infancia se muestran vívidas en la mente de los adultos; lo acontecido en ese importante período queda sujeto al resto de la existencia. Por eso, aquellos que trabajan para pequeños y jóvenes tienen en sus manos una gran responsabilidad. Deben transmitir valores, conocimientos y emociones, un trabajo delicado que requiere esfuerzo, talento y, sobre todo, una gran calidad humana, porque para inculcar la bondad debe uno ser bueno.

Julio Cordero, quien ha dedicado su vida al teatro para niños y a la televisión, nos habla de sus experiencias, logros e inconformidades. En la TV fue director de programas como Tía Tata cuenta cuentos, El mago del Cachumbambé y El elegido del tiempo; asimismo participó en la realización de El camino de los juglares y de Shiralad, entre otras producciones. Su obra ha quedado entre los recuerdos de varias generaciones de cubanos.

-¿De qué forma llega al mundo del teatro?

-Tengo un gran apego a la revista Bohemia. Desde niño aprendí a leerla de atrás hacia delante porque las páginas finales tenían las llamadas caricaturas; con ellas comenzaron mis primeras inclinaciones. Pensaba que iba a realizar dibujos animados o muñequitos, como le decíamos entonces, y quería expresarme de esa manera. Tuve intenciones, tantas, que llegué a estudiar dibujo por correspondencia gracias a la oportunidad que me daba una universidad norteamericana. Nunca recibí el certificado de graduado porque los vínculos entre Cuba y Estados Unidos se rompieron en los 60; no obstante, el conocimiento que adquirí no se perdió.

“Con el triunfo revolucionario comenzaron los llamados a quienes tenían cierta creatividad artística. Asistí a cursos de teatro y a partir de ellos me hice instructor de arte. Luego trabajé en Pinar del Río y llegué a ser asesor nacional de teatro. En ese período ocurrió el primer Congreso de Educación y Cultura y se fundó la primera escuela de teatro para niños en Cuba, de la cual me nombraron director”.

-¿Cómo se vincula con la televisión?

Julio Cordero, promotor de la cultura cubana.

Julio Cordero también ha realizado programas televisivos en varios países de América Latina. (Foto: L.R.B.)

– A inicios de los 70, esa escuela de teatro fue cerrada, por eso me dispuse a trabajar para la TV. Allí apoyé y supervisé programas infantiles, de ellos Tía Tata… era el más importante. Comencé a estrechar vínculos con su directora, Celia Torriente, y así me adentré en la producción hasta que fui el director general del espacio.

“Anduve por todos los caminos e hice a la par otros programas, incluso creé uno: Retablo ICR, en remembranza a Teatro ICR. Allí se representaban cuentos de la literatura clásica universal. Entonces la televisión se hacía en vivo y en blanco y negro.

“Como director de programas infantiles, realicé una versión de El mago de Oz, llamada El mago del Cachumbambé; luego Meñique, Había una vez y algunos episodios de El camino de los juglares.

“La televisión ha perdido muchas cosas porque han disminuido sus recursos. Para abordar temas constructivos, con escenografía, actores y muñecos, se requiere de una industria, y con el tiempo eso se fue deteriorando”.

-¿Podría hablarme sobre El elegido del tiempo?

-Fue basado en un relato de ciencia ficción. En aquella época algunos escritores se proponían abordar ese género en unas aventuras. Entre ellos estaba Daína Chaviano, quien creó una historia llamada Lunas opacas, aceptada por la televisión.

“Daína se acercó y me propuso un libreto de 80 capítulos. De inmediato comencé a trabajar. En Morón había un escenario natural perfecto porque había excavaciones hechas para construir terraplenes hacia los cayos. Los agujeros eran enormes y simulaban cráteres. Lunas… ocurría en un planeta imaginario, y allí parecía otro mundo.

“Pero la autora se marchó del país y me dejó con los libretos en la mano. La actriz Cristina Rebul, junto con Ileana Prieto, escribió una historia a pie de obra. Así se concibió El elegido del tiempo, cuando el Período Especial amenazaba, pero no se había pronunciado. Luego estuve un tiempo en otros países. Al regresar encontré otros escenarios posibles, casi todos en La Habana y algunas canteras en Jaruco.

“Sé que en la serie no se logró la calidad perseguida. Una de las razones fue que el protagonista, Caleb Casas, se encontraba en edad de pasar el Servicio Militar y si no lo hacía no podría ingresar en el Instituto Superior de Arte. Entonces, a falta de un permiso para eximirlo, muchas de sus escenas quedaron malogradas. En consecuencia, la estructura inicial del libreto se modificó y para entender la trama los espectadores necesitaban ver todos los capítulos consecutivamente, si perdían uno de ellos, no les hallaban sentido; además, el final no cumplió las expectativas”.

-¿Cómo califica esa experiencia?

Colectivo de "El elegido del tiempo".

Julio Cordero (a la derecha), con parte del equipo de “El elegido del tiempo”.

-La considero algo que buscaba, necesitaba y quería, pero no un logro. Fue una alegría, mezclada con una tristeza; a qué sabe eso, yo no sé.

“Me hubiese gustado ser como Jim Henson, a quien conocí en un congreso en Alemania. Sabíamos poco el uno del otro porque entonces en Cuba no transmitían los Muppets ni otras obras suyas. Él me dijo: ‘Tú eres como yo, porque trabajas con muñecos y das a las historias un vuelo imaginativo’”

-¿Qué proyectos realiza en estos momentos?

-Desde joven tuve la intención de crear un grupo para niños. Decidí pasar mis últimos años transmitiendo lo que sé a otros, ese es el origen de Barco Antillano. Siempre digo en broma que es el conjunto teatral más joven de Cuba con el director más viejo. Adquirí un local en Boyeros, mi lugar de residencia, y ahí también realizo un proyecto comunitario.

“El municipio, aunque a veces no se note, tiene características muy especiales. Surte de aguas a La Habana porque está circundado por una gran cuenca acuífera: el acueducto de Albear, Río Cristal, el Almendares… Entonces busqué una asociación entre el agua, el arte y la cultura, y fundé Por la ruta del agua.

“Esa, digamos, es una de mis intenciones, porque me inclino, además, por otra vertiente: aquel que ame el teatro, los títeres, mi trabajo, es bienvenido a mí, a nosotros. A quien se acerque le brindo mi apoyo, mis conocimientos, lo poquito que puedo aportarle, porque no me lo quiero llevar conmigo”.


Laura Rodríguez Balbuzano