“Soy adicto al trabajo”
Roly Peña es actor y director de televisión, miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales (ACCS) y del Movimiento Nacional de Video (MNV). (Foto: Eduardo Leyva)
Fotos: EDUARDO LEYVA
Locuaz, apasionado, inquieto… Rolando (Roly) Peña contestó a cada pregunta que le hicimos para que los lectores de BOHEMIA conozcan quién es y cómo piensa este joven realizador, graduado del Instituto Superior de Arte (ISA) en Licenciatura en Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual con el perfil de dirección.
Durante su carrera ha incursionado en la radio, el teatro, el cine (Una novia para David) y en la televisión actuó en: El eco de las piedras (1997); Descamisados (1999), Coco verde (2003) entre otros.
-Contradictoriamente, hace poco declaró no ser actor, sin embargo ha incursionado en todos los medios.
-La carrera de actor es difícil, considero que el nivel actoral que tenemos hoy es bastante bajo, eso permite que mucha gente como yo, que estudió actuación no se sienta como tal, y lo asumamos por puro oficio; esta es una discusión permanente que tenemos en la academia de actuación.
“Yo no llego a actuar, soy director. En un dramatizado la misión de un actor es trasmitir ideas y sentimientos; el protagonismo de las ideas lo tiene el guion, y el de los sentimientos y las emociones lo tienen los actores; y a partir de ahí, sí creo que la actuación es una oportunidad para dialogar con los actores y poder dirigirlos.
“El trabajo en seriales conlleva un ritmo muy violento, se graba una escena detrás de la otra, a veces no hay tiempo para prepararse; el cine es diferente.
-Dado los premios por su trayectoria, mencióname los trabajos con los que se ha sentido más satisfecho.
-He disfrutado todos mis trabajos, independientemente de que hayan tenido éxito o no. Todo lo que he hecho lo he disfrutado mucho. El menos exitoso fue -y quizás por el momento en que se hizo: Sabor bohemio; un humorístico que hicimos, con un código diferente al conocido por el público; con excelentes actores como: Omar Franco, Rigoberto Ferrera, Ariel Mancebo entre otros. Este trabajo sale al aire junto a Pateando la lata y Sabadazo, que se caracterizan por hacer un humor decodificado, fácil de entender.
“He disfrutado todo lo que he podido hacer, no realizo nada con lo que no esté de acuerdo. No dejo de hacer ningún trabajo por problemas económicos, personales o de amistad; tengo un tratado con mi vida en función de mi trabajo, soy adicto a él. Si lo que tengo en mis manos no me gusta o no lo disfruto, no lo hago.
–¿Qué significó Duaba para su carrera?, ¿cómo fue el proceso de investigación histórica?
-El guionista Eduardo Vázquez estuvo mucho tiempo investigando sobre Duaba y el general Flor Crombet, algo que nos ayudó mucho a comprender mejor a los protagonistas de ese suceso, el momento histórico y la estancia de estos hombres en Costa Rica. Esta serie nos envolvió de una manera mágica, no solo por la carga de historia que tiene, también por haberse realizado en escenarios naturales, permitiéndonos sentir una sensación extraña: caminar y hacer lo que los protagonistas en su época. Eso lo sintió todo el equipo de realización, nos rodeó en ese contexto que nos hizo trabajar con muchos deseos y además, nos hizo madurar.
“Esta serie documental nos hizo más cubanos por el tema, y nos permitió entender la historia, ya que tenemos muchas lagunas; más las tergiversaciones que se hace de ella. Esta serie nos dio una madurez humana y patriótica muy grande.
“Nos enseñó a todos -ojala le haya ocurrido lo mismo al público- que la historia hay que aprenderla desde su esencia, y nos permitió comprender por qué somos así hoy: impulsivos, con dificultades para ponernos de acuerdo, por ejemplo las diferencias grupales entre Flor Crombet y los Maceo, a pesar de tener claro la prioridad fundamental: la independencia de Cuba por encima de cualquier divergencia.
“Duaba nos proporcionó premios, satisfacciones profesionales, que no me alejan de proyectos anteriores como Enigma de un verano (2001) o Coco verde (2003), porque al público al que iban dirigidos también les llegó, y los hizo populares; con ellos obtuvimos Premio de la Crítica y de la Popularidad, lo que nos satisfizo mucho.
“La credibilidad es importante en el arte, tanto en nuestra especialidad, como en el trabajo que se hace para el guion o la puesta en escena. El lenguaje también debe ser efectivo, porque mediante él, defiendes al público al que va dirigido; estudias al público y cómo comunicarte con él.
-En entrevistas a otros medios menciona la cátedra de realización de audiovisuales históricos: ¿en qué consiste y quiénes la conforman?
-Es una idea de Rafael Bernal, extitular del Ministerio de Cultura, Eduardo Torres Cueva, doctor en Ciencias Históricas, que asesorará todo lo que se haga en la materia;
Eduardo Vázquez como asesor de guiones, y yo como asesor de dirección. Pretendemos se sumen escritores y realizadores interesados en este perfil, porque la historia está muy maltratada y la nuestra es inmensamente rica, no se puede perder y además, hay que tener en cuenta que fue escrita por hombres.
“En principio, cuando hablamos de argumentos históricos, no se pueden perder todos y cada uno de los sentimientos que pasaron por los protagonistas, los momentos malos y buenos; las frustraciones, derrotas, victorias. A la larga es como nuestra madre, tiene defectos y virtudes, pero no dejamos de quererla. La historia tiene contradicciones, y esas hay que verlas, porque nos muestra por qué somos así.
“Debemos centrarnos en que un producto audiovisual, debe tener claro a qué publico va dirigido, qué lenguaje utilizar y por qué; y no olvidarnos que la televisión es para entretener, algo que nos ha fallado tanto. No hay contradicciones; es contar la historia y crear y trasmitir valores de forma entretenida, y no a través de teques; ahí es donde juego mi papel como director. Este es el papel de la cátedra, por eso tiene un equipo censor para hacer cumplir parámetros, y una política editorial y de comunicación”.
–El serial UNO, a pesar de ser comparado con otros de factura foránea, fue todo un éxito. ¿No resultó arriesgado sacarlo al aire junto a Tras la huella?, ¿en qué se diferencia un proyecto del otro?
-El género policiaco me gusta mucho. En una oportunidad me pidieron realizar uno con un carro patrullero, y conociendo la actividad, me preguntaba cómo hacerlo. Salió al aire, pero sentía que había lagunas, le dimos algunas pinceladas y tuvo aceptación. Los televidentes vieron un policiaco, y además se hizo una serie sobre patrulleros. Este género tiene códigos inviolables: investigación, suspenso, intriga, violencia.
“A consecuencia de mi frustración por no trabajar el género con los personajes que llevan la secuencia, como un grupo de investigación, surge la idea de UNO, pero todavía sin nombre; en un inicio le llamamos Operación 106, porque había un caso con ese seudónimo. Luego de escritos los guiones y de muchas discusiones, surge la idea de nombrarlo Unidad Operativa Nacional (UNO).
Tiene el mismo código de Tras la huella (2005), pero lo enfrentamos con otra óptica. Este proyecto es el resultado de un proceso de investigación que nos sirvió para explorar la opinión del público: qué gustaba, qué no gustaba, qué le favorecía, qué faltaba; y a partir de los resultados enfrentamos los guiones.
“Este compromiso lo realizamos con RTV Comercial y el Ministerio del Interior (Minint) como coproductor. De la Unidad de Investigaciones recibimos un gran apoyo en la indagación, la preparación de los actores y en logística. Nos abrieron las puertas y discutimos lo posible e imposible de la realidad de un policiaco en Cuba; la estrategia que ellos tenían para este género, y la nuestra, desde el punto de vista comunicativo.
“Fue un diálogo franco y sobre todo, mediaba la discusión para llegar a un acuerdo entre las partes; nadie tuvo la autoridad de prohibir, sí la de convencer. Fue algo muy bonito, y el resultado está ahí, y en el proyecto intervinieron muchas personas, que en ocasiones con una opinión nos aportaban ideas o soluciones.
“El policiaco tiene que entretener como género; manejamos esos principios y la historia de los personajes tan subestimada, y que es precisamente la que permite atraparte en una escena; reaccionar según su psicología e historia. También como principio está el lenguaje moderno en la televisión internacional, pues nuestro pueblo ahora mismo tiene una cultura de paquetes, discos y antenas; y en seriales que presente nuestra televisión, no podemos obviar esos códigos. Con los recursos que tenemos se puede hacer un trabajo con la mejor calidad posible”.
-¿Cómo fue la selección de actores para la serie UNO?
-Inmediatamente nos vino a la mente quienes serían los protagonistas: Carlos Luis González (Ale), Tomás Cao (oficial operativo Tony), Yuneidys (Yuni) Bolaños (capitana Vania) -única sobreviviente de aquel primer policiaco-, y casi al final sumamos a Tamara Morales (Silvia), quien asumió en muy poco tiempo el rol de jefa del equipo de investigaciones. Estamos satisfechos con la selección de los protagonistas, han ajustado muy bien con su historia individual.
-¿Por qué considera que en nuestros dramatizados se repiten una y otra vez los mismos actores?
-Este es un tema complicado. La televisión necesita actores de oficio por su dinámica. Directores y guionistas hemos caído en el facilismo; también ocurre otro tanto en la producción. Si tienes gente de experiencia es mejor no arriesgarte trabajando el doble, con alguien que no la tenga. Está la comodidad para los casting, trayendo actores de teatro a la televisión, que es bien complicado, pues los estilos de actuación son distintos, y además, no podemos obviar la emigración y la falta de producción que es poca, lo que da lugar a falta de actores.
“En los casting que he realizado, por ejemplo, me ha costado trabajo tener personajes negros; la escuela de arte no tiene actores negros. No es lo mismo actuar, que ser actor; no es lo mismo querer actuar, que poder hacerlo. Es como si le exigiéramos a un equipo de boxeo tener púgiles blancos. El actor o los actores negros se dan mucho en los grupos de aficionados, eso me pasó con Duaba, y en Enigma de un verano. En el medio profesional escasean. Los encuentras en grupos de teatro, pero les falta el entrenamiento para asumir el estilo de la televisión.
“En cada trabajo que dirijo me gusta reflejar a Cuba como nos enseñara Don Fernando Ortiz, hacer un gran ajiaco de todos los colores de piel que conforman nuestra sociedad, en el grupo operativo de UNO hay rubias, mulatas, jabaos, esa es Cuba, y sin entrar en temas raciales.
“La emigración nos ha afectado mucho, sobre todo porque muchos lo hacen en el momento en que han madurado como actores, cuando ya tienen un nombre y más madurez escénica. Esa es una realidad que debemos asumir.
“En UNO existen actores jóvenes conocidos y otros desconocidos por el público. Ni Albertico Luberta ni yo, tenemos miedo a trabajar con actores sin experiencia. Es cierto que esto implica riesgos, que no pocos directores evitan por miedo al fracaso. Lo nuestro es trabajar, no tenemos otra alternativa, y lo que no se hace con esfuerzo, casi nunca sale bien. Es mejor una cara fresca convincente, a una conocida que no convenza al público, que por puro oficio se repite una y otra vez”.
-La televisión es una industria en todo el mundo, ¿la falta de presupuesto afecta a nuestros dramatizados?
-Al menos yo le doy prioridad a los guiones, creo que es el eje de donde parte un buen proyecto, después con más o menos dinero, si el guion manda, rara vez no funciona. Soy del criterio como director que el dinero no hace mucha falta. Si existe un buen guion, el presupuesto es algo secundario; una cámara con plano fijo, en blanco y negro, donde delante de ella haya dos elementos importantes: un buen texto y un buen actor es entretenido. Le doy mucha importancia al texto y al casting, y después sí pensamos en el presupuesto.
“UNO lo realizamos con cámara de foto, pero existía un buen guion. Se hizo un casting respetable, por lo menos hasta donde pudimos. Quizás hubiésemos querido hacer más, hacerlo más nacional, pero no pudimos por el tema presupuesto; pero sí teníamos claros los objetivos, qué queríamos, y lo hicimos con dignidad. Trabajamos con muchos aficionados, y fue duro, pero hubo resultados, y no fue una obra de un gran presupuesto. De haberlo tenido, hubiera sido destinado para que los participantes fueran recompensados, y trabajaran en mejores condiciones. Cuando las personas trabajan bien retribuidas, se ocupan el triple, eso es algo que no se debe descuidar. Ese ser humano con una cámara vieja, con ropa vieja, haría una gran obra.
“En nuestro medio, cuando se hable de economía, debemos pensar en las condiciones de trabajo del ser humano, y los honorarios de este ser humano, para que tenga la motivación de preocuparse, de amar y hacer su trabajo. Siempre que se habla de dinero, se habla de tecnología, y estoy de acuerdo; me siento frustrado de no trabajar con alta tecnología, algo para lo que estoy capacitado, pero que hay que priorizar el capital humano, porque este es capaz de hacer lo que nadie imagina, y en condiciones que nadie calcula. Los guiones lo hacen seres humanos y el casting también, ellos deben estar inspirados, bien cuidados, respetados. Siempre que se discute sobre el tema, se escapa el presupuesto artístico de la obra”.
-Planes de Roly Peña
-En estos momentos estamos en el proceso de estudio de los expedientes para la segunda temporada de UNO. Acabamos de regresar de Holguín donde empezamos el proceso investigativo para la serie documental sobre Calixto García; además, fuimos convocados varios directores para otros proyectos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), y estamos en proceso de conversaciones.



