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Publicado el 7 Diciembre, 2015 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

El domingo, fuera de la sala oscura

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Peter Golub

Según el reconocido Peter Golub, los compositores pueden contribuir a la realización de un largometraje memorable si utilizan con inteligencia las posibilidades narrativas de la música (Foto: www.bmi.com).

Por RAÚL E. MEDINA ORAMA

Aunque un festival de cine es buena ocasión para corretear cartelera en mano por todas las salas de exhibición, viendo –casi devorando– lo filmes concursantes, en el de La Habana hay por estos días oportunidades únicas de compartir experiencias y saberes sobre la realización audiovisual. Este domingo arreglé mi agenda para regalarme, entre una película y otra, un par de buenos momentos conociendo algo de lo que sucede detrás de las cámaras.

Uno de ellos fue la clase magistral “Música para cine”, impartida en el Salón Vedado del Hotel Nacional por el compositor Peter Golub, del Instituto Sundance (Estados Unidos). Demostró –apoyándose en escenas seleccionadas de varios largometrajes- cómo los músicos, el director y los diseñadores de sonido pueden contribuir a la realización de un largometraje memorable si utilizan con inteligencia las posibilidades narrativas de la música.

Según Golub, la música hecha para el cine se nutrió con la tradición de la ópera germana, pues muchos de los primeros compositores de Hollywood emigraron de Alemania y Austria. Al principio la función de las melodías fue solo la de acompañar las imágenes, pero ya en los años 40 del siglo XX existían temas específicos para revelar el carácter de cada persona que apareciera en pantalla. En el filme de cine negro Laura (1944, Otto Preminger) la partitura de David Raksin revela una dimensión más psicológica del acompañamiento musical.

“El mejor papel de un músico en el cine es el de leer, interpretar el argumento, no duplicarlo”, declaró Golub, quienha escrito partituras para varios largometrajes, entre ellos The Laramie Project (Moisés Kaufman, 2002).

Hay enfoques contemporáneos que se alejan de aquella función ilustrativa del inicio, y contraponen a la imagen el tipo de música para sugerir interpretaciones más profundas. Por ejemplo, en Tormenta de hielo (Ang Lee, 1997) Mychael Danna usa una música indonesia para un argumento ubicado en el Connecticut de los años 70, por lo que sugiere “una visión casi antropológica, como si viéramos personajes de una tribu exótica y no del Estados Unidos del siglo XX”.

Golub considera fundamental la selección de instrumentos, pues de ello depende que se pueda transmitir la esencia de las escenas, y en ocasiones no se dispone de una gran orquesta. Él critica a ciertos directores jóvenes por menospreciar las potencialidades de la música en el audiovisual.

Bellocchio: homenajes en los bolsillos

Veintiséis años tenía el italiano Marco Bellocchio cuando dirigió aquella escandalosa película que lo convirtió en ángel o demonio, según quien lo mirase. Manos en los bolsillos (1965) evidenciaba su compromiso con el pensamiento de izquierdas y su mirada crítica hacia la sociedad, elementos constantes en su vida y obra.

marco-bellocchioAhora su edad suma más de siete décadas y es un realizador reconocido. Viajó a Cuba porque en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano prepararon una retrospectiva sobre su filmografía que incluye las cintas En el nombre del padre (1972), Los ojos, la boca (1982), Enrique IV (1984), y las recientes Bella durmiente (2012) y Sangre de mi sangre (2015).

Este 6 de diciembre Bellocchio conversó con los cinéfilos que asistieron al Hotel Nacional para conocer de primera mano sobre su personalidad artística, en un encuentro moderado por Luciano Castillo, director de la Cinemateca de Cuba.

A pesar de la formación católica de su juventud en la escuela salesiana de Bobbio, el cineasta italiano se confiesa no creyente. En varios puntos de su filmografía se aprecia un acercamiento sensible a la religión.

“No la abordo para ponerme en contra de ella. Me opongo al conformismo y la falsedad, porque en nombre de esos principios han sofocado varias aspiraciones mías”, reveló.

Así de polémico es Bellocchio. Sin embargo, aseveró que no filma sus películas buscando la provocación porque “el cine ya no tiene poder de escándalo inmediato, como antes. Ahora es la televisión y por eso el artista tiene que ir al fono de los conflictos humanos”.

Sobre sus proyectos adelantó que trabaja un guion basado en una noveleta con “un tema fascinante”, y prevé su estreno el próximo año. Por ahora le interesa mucho intercambiar con los cubanos que vayan a ver sus obras.

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Raul Medina Orama

 
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