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Publicado el 7 Diciembre, 2015 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

La pelea necesaria

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sahilysPor SAHILY TABARES

El espectáculo mediático lleva a las pantallas modos nuevos de seducir en una cultura conformada a retazos, en la que las distintas piezas se unen en una red y esta configura un proyecto de vida en el cual muchas personas se reconocen.

Dado su carácter de proceso productor de significaciones, la cultura es clave en la comprensión de la naturaleza comunicativa, pues vivimos en un mundo modificado por el cine, la televisión y la web, fenómenos que aportan elementos a la experiencia estética. En este panorama la ficción audiovisual presupone aportes de expertos que construyen un producto plagado de mediaciones y destinado a públicos espectadores-consumidores.

Todo relato cuenta dos historias: una explícita y otra que se debe desentrañar de la polifonía textual, de su poder simbólico, cuya eficacia se ejerce en el sentido del conocimiento. Así lo revela el filme La vida es bella (Multivisión, domingo, 9:00 p. m.), un alegato contra el racismo, en el que se describen elementos jerarquizados con significación propia: lo monstruoso del fascismo, lo escatológico, el discurso del horror. Roberto Benigni, protagonista, director, guionista junto a Vincenzo Cerami, acudió al libro autobiográfico Derroté a Hitler, de Rubino Romeo Salmoni, uno de los últimos judíos romanos supervivientes de la persecución nazi.

En la estructura del texto narrativo audiovisual lideran signos que deben ser analizados como fenómeno socio-histórico y dispositivo pensante, pues incluyen el juego ideado por Guido (Benigni) con el fin de salvar a su hijo Josué (Giorgio Cantarini) del terror y la muerte en el campo de concentración, y la propia connotación del holocausto en la destrucción de familias por la cruel fuerza hitleriana.

En dicha entretejedura tiene un protagonismo esencial el amor entre Guido y su esposa Dora (Nicoletta Braschi), quien no es judía, pero decide ir al campo de concentración donde compartirá la misma suerte de su esposo e hijo. Esta actitud postula en el relato la apertura de lógicas de tiempo, espacio, causalidad.

De forma consecuente con el espesor de la historia, esta ancla el pensamiento simbólico pluridimensional en tanto destaca la concientización de los humanos al transgredir límites con vinculaciones sorprendentes, pues asume la tragicidad mediante una perspectiva lúdica. Guido, el héroe épico, es más grande que en la vida real, asume la hipérbole con un énfasis legítimo.
En el filme, el principio de participación –postula que todo humano colabora en la realidad de otro– incita juicios de valor y patentiza la pluralidad de sentidos del lenguaje artístico en el que asumen una función dominante íconos, música, sonidos, atmósferas.

En puestas ficcionales el personaje o tipo no es completamente realista, está estilizado en la construcción de lo “real”, por eso parece más verosímil.

Al asumir otras temáticas en un relato contemporáneo desarrollado en un contexto distinto, la telenovela cubana Cuando el amor no alcanza recreó, mediante los personajes-tipos de Mariposa (Mónica Digal) y Carlitos (Justo César Valdés), el tratamiento de la discapacidad y el respeto a la diferencia desde el amor como concepto esencial, teniendo en cuenta la complejidad sentimental de las personas en su individualidad y relaciones interpersonales.

Traemos a colación este ejemplo de una reciente puesta en pantalla porque identifica conflictos, situaciones, fábulas, moralejas, relativos a la intimidad de cubanos y cubanas, la mayoría interesados en personajes intensos y en sus rasgos principales.
En la interpretación actoral no resulta suficiente el abordaje de temas de interés humano, el proceso creativo del actor y de la actriz demanda un sistema de relaciones que trasciende el golpe de vista, de una intención; entre Mónica Digal –espiritual y contenida, pero sin experiencia en la dinámica de rodaje de la telenovela– y Justo César –joven en proceso de formación– faltó, por momentos, la reconstrucción de la complejidad de la emoción, del estado de un salto de conciencia a otro con sus consecuencias sensoriales y mentales imprevisibles para cada uno.

La labor de dramaturgia requerida por el espectáculo de la telenovela exige prestar debida vigilancia a dos niveles de organización: el del actor y la actriz y el del discurso narrativo. Esto requiere énfasis en la dirección actoral, dominio del lenguaje televisual, confrontar preguntas y perspectivas inesperadas por parte de los implicados en la puesta.

Cada artista debe involucrarse intensamente en la pelea necesaria para que sea visible lo invisible, alertar sobre peligros, angustias, riesgos, prejuicios, entre otros males vigentes; el audiovisual contribuye a revelarlos en una sociedad contemporánea agitada por transformaciones decisivas, las cuales son desconcertantes, como la lógica de cualquier argumento ficcional que conmociona y nos deja pensando; de eso se trata.

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Sahily Tabares

 
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