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Publicado el 4 Diciembre, 2015 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

Largometrajes cubanos en pugna

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Filme Cuba Libre

Para el cineasta Jorge Luis Sánchez, fue “una película dura como realización, que demandó un gran esfuerzo”.

Por PEDRO ANTONIO GARCIA y RAÚL E. MEDINA ORAMA
Fotos: Cortesía del Icaic

En estos días La Habana se ha convertido en una Isla rodeada de cine por todas partes. Colas de cinéfilos acosan a las salas habilitadas para el 37º Festival del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL) y como siempre la muestra cubana es muy asediada. Nueve piezas concursan por la cinematografía nacional: en la categoría de ficción, Cuba libre (Jorge Luis Sánchez), La obra del siglo (Carlos E. Machado Quintela), Vuelos prohibidos (Rigoberto López), La cosa humana (Gerardo Chijona) y El acompañante (Pavel Giroud); mientras que en ópera prima compiten Caballos (Fabián Suárez), Café amargo (Rigoberto Jiménez), Espejuelos oscuros (Jessica Rodríguez) y Bailando con Margot (Arturo Santana).

De estos largometrajes, los de Giroud, Jiménez, Jessica, Fabián y Machado nacieron de formas alternativas a las tradicionales. Los tres últimos representan a la más reciente generación de cineastas que intenta erigir una obra original sin rechazar la herencia de grandes maestros como Tomás Gutiérrez Alea y Humberto Solas.

Del pasado, con resonancias contemporáneas

Con Jorge Luis Sánchez (El Benny; Irremediablemente juntos) fueron a dialogar los reporteros de BOHEMIA sobre su última creación, producida íntegramente por el Icaic con la colaboración del Fondo Cubano de Bienes Culturales. “Por lo general nuestros grandes y excelentes filmes sobre el siglo XIX han exaltado el optimismo, la valentía y el furor de los cubanos que vivieron aquellos años en los que éramos, más que una colonia, una máscara miserable de España. En Cuba libre, me interesó complejizar y mostrar conductas humanas en las cuales caben la valentía, el optimismo, el furor, pero también el pesimismo, la frustración y la tragedia. Obviamente, al ubicar la trama en aquel pasado, también hay un propósito de provocar resonancias contemporáneas”.

En la película aparecen dos niños: Simón y Samuel, interpretados por Alejandro Guerrero y Christian Sánchez. “Sus inocencias y juegos son violentados dentro de un contexto de hostilidad y humillación”, apunta el realizador. “Sus personajes tienen un peso en la trama y los traté no como niños, sino como actores y ojalá que puedan continuar la carrera de actuación”. Sánchez encomia a su productor Iohamil Navarro, quien asumió con profesionalidad la alta complejidad de la producción. “El reparto lo armé sin agotarme en casting interminables, traté de ir al seguro. Tanto a los de mayor experiencia como a los más jóvenes, les pedí defender la verdad de sus personajes desde el mayor rigor posible. A Jo Adrian Haavind (el coronel norteamericano) hubo que buscarlo en Noruega. Por el bloqueo norteamericano no pudimos contratar a un actor de ese país”.

“Pero un director no solamente dirige a los actores, sino a todo el equipo, fundamentalmente al de creación. Establezco una relación donde la armonía y el respeto son premisas casi sagradas. Estudiamos mucho la época a través de fotos, prensa y literatura. Fueron sesiones agotadoras en las que nos agarraba la noche, pero seguíamos trabajando. Cuando el equipo funciona así es porque se entrega, se compromete. Mi gratitud a todos”.

Lo importante, contar una historia

Mirta Ibarra y Erdwin Fernández en Bailando con Margot.

Mirta Ibarra y Erdwin Fernández en Bailando con Margot

Los amantes del audiovisual conocen a Arturo Santana por su trayectoria de 25 años con más de 200 materiales entre videos clip, cortometrajes, spots publicitarios y documentales. Ahora se estrena como realizador de largometrajes. “Para mí lo importante es contar una historia en términos audiovisuales; es decir, el relato cinematográfico con todos sus elementos de lenguaje y géneros es lo que siempre me ha interesado. Mi gran ambición no es otra que la sala del cine se llene de espectadores, que no se muevan de su asiento y disfruten la película como yo lo hice durante los dos años y medio del proceso de realización. Si al marcharse se llevan consigo una escena, si recuerdan después los textos y giros de los personajes, entonces habré cumplido con ellos y conmigo”.

Con Bailando con Margot se propuso “homenajear a todo el cine que me ha influido, desde los géneros que la cinematografía cubana también debe ofrecer”. Es una coproducción Icaic-Villa del Cine, de Venezuela, puntualiza Santana. “Las dificultades fueron muchas. Se abordan cuatro épocas, en una ciudad que ya no es la misma, donde sus habitantes cada día que pasa hablan distinto. Pero la inteligencia, la entrega y el comprometimiento de mi equipo de trabajo más cercano facilitaron llegar a puerto seguro”. También elogió el nivel actoral, los efectos visuales, la música, la fotografía, la dirección de arte, “todo ello es vital en una cinta de época. Estoy muy agradecido de los que trabajaron conmigo, me siento muy feliz con el resultado”, concluye.

¿El año del “cine independiente”?

Mucho de lo más arriesgado como propuesta estética que ha emergido en el panorama audiovisual cubano reciente, no transitó por las alamedas institucionales. Es el llamado “cine independiente” –audiovisual autogestionado, podría decirse– cuyas dinámicas de producción están exigiendo marcos regulatorios más propicios que los actuales.

Esquemas de filmación y distribución “transnacionales”, con talentos profesionales de varios países, una relativa democratización tecnológica, financiamientos por crowdfounding –colectas públicas también conocidas como micromecenazgos, organizadas sobre todo en Internet durante los últimos tiempos– y apoyo de instituciones extranjeras conforman, entre otros elementos, un entorno donde es posible facturar “cine cubano” sin depender del Icaic y el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), los habituales centros productores.

Mario Balmaseda protagoniza La obra del siglo.

En La obra del siglo Mario Balmaseda encabeza un elenco de notable labor

Entre todas, La obra del siglo, de Carlos E. Machado (La piscina) es la que llegó a la actual cita cinematográfica precedida de mayor éxito por parte de la crítica especializada y los jurados de varios certámenes, y fue ganadora del premio Hivos Tiger del Festival de Rótterdam de este año. En declaraciones a una colega, Machado afirmó que la realización de la cinta fue muy accidentada. “Abel Arcos escribió una historia titulada El Balcón. Ese guion en un principio no lo iba a dirigir yo, pero cuando lo tuve en mis manos lo reescribí pensando en el paisaje de la ciudad nuclear. La versión final la hicimos juntos”.

En un taller para guionistas conoció a miembros del grupo de Teatro La Fortaleza. “Con algunos de sus integrantes compartí el proyecto, entre ellos Damarys Gutiérrez y Freddy Tejera. El Balcón se convirtió en Benjamín o El Planetario y luego del rodaje, los contratiempos y la aparición del material de archivo, se convirtió en La obra del siglo”. En varias entrevistas ha alabado la música del filme y cuando le preguntan por la sinopsis, señala: “Es la historia de tres hombres solitarios que, contrario a su mascota Benjamín (el pez), todavía no han aprendido a respirar bajo el agua”.

En reciente entrevista con el crítico Dean Luis Reyes, Machado reveló su interés por alejarse con su estética de los lugares comunes y localismos en los cuales ha caído mucho de lo filmado en la Isla durante las últimas décadas. El realizador estima que la cinematografía nacional debe ser más universal: “Llegas a comprender una película de cualquier país. Y el cine cubano necesita eso. Cuando lo logre, se va a ubicar de nuevo en el pedestal en que estuvo durante los años 60”.

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Pedro Antonio García

 
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