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Publicado el 19 Enero, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

CINE: Sobre los pasos de la inocencia

Acercamiento al reciente filme del director Jorge Luis Sánchez, director del filme Cuba Libre, que narra, desde la ficción, una etapa significativa de las luchas por la independencia de la Isla
Christian Sánchez y Alejandro Guerrero, protagonistas de Cuba Libre.

Samuel (Christian Sánchez) y Simón (Alejandro Guerrero), protagonistas del filme.

Por SAHILY TABARES
Fotos: ICAIC

Todo relato de ficción, por mucho que extreme sus rasgos diferenciales con lo “real”, ha de tener ancla en lo verosímil, pues su textura es la temporalidad, o sea, la vida misma. La memoria y el dato histórico son fuentes a los cuales acude el creador, quien transfigura juegos, expectativas, variaciones, entre otras libertades, al aprehender esencias, evocaciones, evidencias, en la concreción del sentido.

El guionista y director Jorge Luis Sánchez ubica Cuba Libre en 1898. Cuenta la historia mediante los niños Samuel, hijo de un emigrante jamaicano, y Simón, descendiente de un coronel mambí. Ambos viven intensamente el momento en que, tras la derrota de España, los norteamericanos se comportan como un ejército de ocupación.

Oportuno pretexto para mostrar disímiles conductas humanas, valentía, arrojo, optimismo; frustraciones, desencuentros, pesimismo, angustias. La trama ilustra y testimonia consecuencias de un hecho conmovedor en la historia de la centuria: la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana que representó la entrada de Estados Unidos como potencia no europea en el contexto americano y mundial.

La puesta cinematográfica contribuye al conocimiento de un período trascendente en el destino de posiciones encontradas y conflictos que se desatarán en la República. Es, ante todo, un espectáculo artístico, extensión de la realidad subjetiva del realizador y de los públicos, en tanto objetiva el contenido emocional e ideológico del ser humano.

Al incursionar en complejidades de otra-realidad, Cuba Libre plantea razonamientos, juicios; despliega en distintos escenarios una invención sígnica que realza la apariencia estética de lo representado tras un proceso selectivo de elementos realistas, documentados, y situaciones ficcionales. Estos recrean el espíritu de la época, contradicciones, hechos, como el espanto de la reconcentración ordenada por Weyler, los sinsabores de niños pobres en un colegio religioso, la perversidad del vil dueto de la maestra doña Alfonsa (Isabel Santos) y el párroco Gabriel (Manuel Porto), y su pacto con los estadounidenses.

La tragicidad aflora en la destrucción de uno de los bandos en pugna –el Ejército mambí-, la devastación sufrida por las víctimas, la culpa moral y la muerte física del coronel José María Armenteros (Adael Rosales) y la traición del teniente coronel Lamberto (Yasmany Guerrero).

Doña Alfonsa, la maestra, interpretada por Isabel Santos.

La maestra del colegio para pobres, doña Alfonsa (Isabel Santos), quien conforma un vil dueto con el párroco.

El filme, estructurado en dos niveles narrativos, induce asociaciones de ideas que producen metáforas y metonimias en el conjunto dramatúrgico. Escenas preparatorias y caracterizadoras, a veces en exceso, muestran individualidades y matices psicológicos de los personajes, que no siempre son interiorizados orgánicamente por el elenco; ocurre con el capitán mambí Navarro (Jorge Lavoy).

Una gama de variaciones extrae la actriz Georgina Almanza de su personaje Ma Julia. Sentencia, motiva, utiliza la pluralidad de su voz y de su ímpetu para retar al otro, despertarlo. Según advierte: “Hace falta cabeza”, en un momento trascendental como 1898.

Como lenguaje y laboratorio simbólico, el cine aporta un material fértil para las estructuras de significación que constituyen un desafío; asumirlas corresponde a todos los implicados en el acto artístico y cultural. Lo hace Jorge Luis Sánchez, al velar por el contenido sociológico y la esteticidad de un relato polisémico, en tanto cognición sensible de acontecimientos registrados en la historia real de nuestro país.

Miedos, inseguridades, amenazas, enhebran la puesta, sin tendencias al didacticismo y a la conferencia historiográfica. Se redescubren acciones, sentimientos, la inocencia infantil, la decisión del coronel mambí ante la retirada española y la imposición de la presencia norteamericana, lo humano y lo valedero. Apoyan dicha perspectiva la intencionada dirección de arte de Nanette García y la música de Juan Manuel Ceruto, en una visión que propicia entendernos y comprendernos mejor.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares