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Publicado el 5 Enero, 2016 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

CINE:Un año para recordar

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Escenas similares se repitieron durante todas las jornadas de diciembre dedicadas a la cinematografía latinoamericana.

Nueve largometrajes compitiendo por un coral en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano; la sistemática exhibición, por parte de la Cinemateca de Cuba, de ciclos consagrados a relevantes cineastas y actores; festivales como el de cine francés que atrajo a decenas de miles de espectadores, y semanas de cinematografías foráneas, conformaron el excelente currículo que en 2015 ostentó el séptimo arte en la Isla.

La Muestra Joven Icaic, a finales de marzo, vaticinaba la buena temporada. Seducía a crítica y público Espejuelos oscuros, de Jessica Rodríguez, que luego daría quehacer en la cita fílmica latinoamericana de diciembre.
El mencionado Festival de Cine Francés gozó del amplio respaldo de los cinéfilos cubanos. Entre las películas que resaltaron, Timbuktú (Abderrahmane Sissako), conjuga su carácter de denuncia social con una factura impecable, y El capital (Costa Gavras), nos muestra cómo los bancos dirigen la política internacional, no siempre -por no decir nunca- con ética. Además, se exhibieron cuatro clásicos: Cero en conducta (Jean Vigo, 1933), La gran ilusión (Jean Renoir, 1937), Los niños del paraíso (Marcel Carné, 1945) y Casco de Oro (Jacques Becker, 1952).

De las diversas semanas de cine, es justo mencionar la argentina, encabezada por Relatos Salvajes, cuya reposición provocó largas colas. De Rusia nos llegaron cintas notables, como La batalla de Sebastopol, Camino a Berlín y Campeones, las cuales evidenciaron la agilidad en el ritmo narrativo y la excelente fotografía características del novísimo cine ruso.

A Ingrid Bergman y Alain Delon, ambos íconos del celuloide, se les dedicaron ciclos especiales. En el caso de la actriz, aunque no podían faltar sus clásicos: Casablanca, Por quién doblan las campanas y Juana de Arco, hubo posibilidad de ver algunos filmes prácticamente desconocidos en Cuba: La posada de la sexta felicidad (Mark Robson, 1958), No me digas adiós (Anatole Litvak, 1961), Cuestión de tiempo (Vincent Minelli, 1976) y el teleplay Una mujer llamada Golda (Alan Gibson, 1982), su canto de cisne actoral, pues fallecería ese mismo año en Londres.

Los realizadores también tuvieron su espacio. Un feliz rencuentro con la obra del brasileño Walter Salles sirvió para deleitarnos con algunas cintas de las que guardábamos un buen recuerdo. Tierra extranjera (1995) inició la muestra, seguida por Estación Central de Brasil (1998), Abril despedazado (2001), Diarios de motocicleta (2004) y En el camino (2012).

Para cumplir con una invitación realizada por la Escuela Internacional de Cine y Televisión (Eictv), de San Antonio de los Baños, el director Francis Ford Coppola, departió con estudiantes, visionó algunos de sus ejercicios académicos de graduación y conversó sobre el futuro del cine y el papel de los jóvenes. Desde hace algunos años Coppola sostiene una estrecha relación con ese centro y su presencia refuerza el apoyo a tal proyecto cultural y educativo.

El año no pudo terminar mejor: buenas cintas –una excepcional, El Club-, caracterizaron la reciente edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Como siempre grandes colas acompañaron los estrenos y las presentaciones especiales.
Cuando aún persiste esa huella, los más jóvenes cineastas cubanos ya se aprestan para su venidera muestra organizada por el Icaic.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García