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Publicado el 7 Enero, 2016 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

Convite a la lectura

De Pinar a Guantánamo, de La Maestranza a Nueva Gerona, la Feria del Libro y su continuidad en festivales similares llegan hasta las más intrincadas zonas del país

Pedro García

La Cabaña, como escenario principal, es muy visitada cada año.

Como es habitual hubo aglomeraciones en la Cabaña durante la etapa inicial de la Feria. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

En Cuba, como bien dice un colega, el mes de febrero invita a una celebración de la literatura, que este año vino arropada con la seda del sari, tradicional vestido de la India, país invitado de honor a la 24ª Feria Internacional del Libro. Pero esa fiesta no se quedó en la capital de la república. Bajo un nuevo formato, pues en cada provincia el correspondiente Centro de la Literatura y el Libro asumió la organización en su territorio, la cita cultural se extendió por el occidente y centro de la Isla, atravesó el mar para hacerse sentir en Nueva Gerona, llegó al oriente del país y no se resignó a concluir su trayectoria en la hospitalaria Santiago.

Desde finales de abril y hasta julio, subió lomas y estuvo presente en la serranía, bajo el nombre de Festival del Libro en la Montaña (FLM), desafiando alturas, vadeando ríos y cañadas, enrumbando por terraplenes y guardarrayas, y llegó al más intrincado lugar donde le esperaban amantes de la lectura. Luego continuó en las ciudades durante el verano; después, ya en pleno otoño, invadió los centros de la enseñanza superior.

Paso a paso

Para satisfacer la demanda en este intenso año se imprimieron, al decir de Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro (ICL), unos dos millares de títulos –incluidas alrededor de 200 obras para niños y jóvenes-, entre ellos más de 850 novedades editoriales, y una cifra de ejemplares superior a cinco millones.

De febrero a abril a la Feria del Libro propiamente dicha asistieron millones de cubanos. Las aglomeraciones de público tras la búsqueda de un ejemplar codiciado en la Cabaña y el Pabellón Cuba, en La Habana, volvieron a repetirse en la pinareña calle Martí, en el bulevar espirituano, en la gran mayoría de las sedes. No siempre pudo lograrse “un recinto ferial con diseño único”, como hubieran querido varias provincias, debido a la poca disponibilidad de carpas y tarimas, y a veces hubo que improvisar quioscos nada estéticos de pinotea sin pintar, pero el libro llegó al lector.

No todo fue perfecto. Así lo reconoció la Presidenta del ICL, quien recalcó que en próximas ediciones se continuará fortaleciendo la Feria tanto en lo relativo a los títulos como a las actividades que se insertan en ella.

Los mapas gozan de amplia demanda en cada Feria del Libro.

Este año se imprimieron más de 800 000 unidades de mapas, libros-juguetes y pasatiempos didácticos. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ).

Una parte de la producción del año en cuanto a literatura para niños y para jóvenes, se reservó para la serranía y durante el FLM viajó hasta 100 asentamientos y zonas rurales. En los lomeríos, ya fuera en el Segundo Frente (en la provincia de Santiago de Cuba) o en los de Cienfuegos, Villa Clara, Granma y Guantánamo, novedades editoriales estuvieron al alcance de los serranos. Aparte de presentaciones y ventas de títulos, escritores invitados leyeron sus textos y departieron con el auditorio, además de organizarse conferencias y talleres.

Ya a finales de agosto, en homenaje al personaje de Elpidio Valdés en su aniversario 45, el Festival del Libro y la Lectura ofreció en las ciudades opciones atractivas y, a la par, evidenció recurrentes carencias. Por ejemplo, en La Maestranza, junto a la habanera Avenida del Puerto, los pequeños participaron en concursos e hicieron corro en torno a escritores y cantautores invitados; sin embargo, los libros, sin acción promocional alguna, colocados sobre mesas improvisadas, en el estrecho corredor de acceso al parque, compitieron en absoluta desventaja con la venta de “tatuajes”, carritos, peluches y artesanía.

En noviembre, los centros de Educación Superior abrieron sus puertas a las editoriales cubanas en la octava edición del Festival Universitario del Libro y la Lectura (FULL), esta vez dedicado a Fidel, Frei Betto y al diálogo entre ambos hace 30 años, reproducido posteriormente en el volumen Fidel y la religión.

No solo ferias

Feria Universitaria del Libro y la lectura.

El Pabellón Cuba sirvió de sede a la 8ª edición del FULL en la capital. (Foto: JUVENTUD REBELDE).

También hubo espacio para el debate académico. Al hotel Palacio O’Farrill, en La Habana Vieja, acudieron investigadores de tres continentes para participar en el Coloquio Internacional Ernest Hemingway, organizado por el museo homónimo. Dentro del programa, se socializaron resultados de proyectos para preservar el legado del escritor; de igual modo, investigaciones acerca de su obra literaria y epistolar, y su afición al deporte, entre otros tópicos.

¿Qué leen los niños, los adolescentes y los jóvenes actuales? ¿Cómo se promueven mejores y más eficientes modos para incentivar hábitos de lectura coherentes con estos tiempos? Tales interrogantes trataron de responderse durante las sesiones del Congreso Internacional de Lectura 2015 Para leer el XXI, que celebrado en La Habana, contó con la participación de docentes y académicos de casi todos los continentes.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García