0
Publicado el 18 Febrero, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: Presencias, ¿y olvidos?

Han surgido nuevos usuarios en nuevos contextos, de ahí la necesidad de generar en la televisión tradicional contenidos y formas atractivas del espectáculo en pantalla

Por SAHILY TABARES

-. Los niños aprenden el manejo de estos medios digitales como si fuera un juego.

Hay cambios acelerados, los de menos edad pasan del consumo lineal hacia otras pantallas, tablets, computadoras y celulares. (Foto: aztecanoticias.com.mx)

En la actualidad, buena parte del mundo desarrollado y menos desarrollado, es una sociedad mediática, multipantalla. Esta omnipresencia influye en la ocupación del tiempo y de la vida; al parecer, la necesidad de compartir lo visto por otros, conspira, en ocasiones, contra la educación de la mirada que requiere una actividad selectiva. Se consigue mediante el proceso de autoaprendizaje, el cual es imprescindible para desarrollar la capacidad del intelecto y el entendimiento del complejo entorno, propenso a la saturación de los sentidos y de las mentes, al embotamiento perceptivo.

Han surgido nuevos usuarios en nuevos contextos, de ahí la necesidad de generar en la televisión tradicional contenidos y formas atractivas del espectáculo en pantalla, lo cual favorecerá la capacidad interpretativa como concepto de apropiación de lo interesante y lo entretenido.

No se trata de reclamar para una u otra disciplina mayores privilegios en cuanto al despliegue de la visualidad, sino de ampliar la multiplicidad de enfoques en el contexto general de la transformación de las prácticas simbólicas y las formaciones culturales.

Multivisión privilegia con frecuencia en los cambios entre espacios en la programación vespertina la Producción Arte-Video Pequeños gigantes, pinturas de Maikel Herrera, ¿por qué no se amplía la mirada con la inclusión de diferentes estéticas y artistas? Esta apertura propiciará la ampliación del escenario de la visualidad cultural y sus dimensiones significantes de orden social, perceptual, creativo.

La complejidad de los actos de ver exige una sistemática entrega a los públicos de herramientas que contribuyan a la recepción cultural reflexiva. De igual modo, el destaque de películas, series, documentales, spots, entre otros audiovisuales, debe estar encaminada al aprendizaje de leer y descifrar códigos, a la discriminación de lo que estimula prejuicios, al análisis de textos lingüísticos e icónicos, la generalización de valores positivos y el estímulo de la autonomía de criterios.

El hábito de ver y comprender lo mejor de las cinematografías, se construye. Igual ocurre con el gusto que no nace, se forma. La reciente transmisión del filme Los miserables (Multivisión, domingo, 6:40 p.m.), basado en la obra homónima de Víctor Hugo, demostró cómo la artisticidad puede socializar lo que parece difícil de comprender al abordarse de modos en que sensibilidades y emociones participan mucho más.

Quizás olvidamos demasiado pronto teatros, cuentos, series, aventuras y telenovelas realizados por la televisión cubana, los cuales cautivaron a espectadores de distintas generaciones, ¿por qué no repensar si merecen espacios en la programación de ficciones, saturada de puestas extranjeras; a veces para bien, otras sin la discriminación requerida.

La digitalización y las nuevas prácticas de uso del medio televisual indican cambios acelerados: los de menos edad pasan del consumo lineal hacia otras pantallas, tablets, computadoras, celulares, y mediante el uso masivo de las redes sociales los sujetos dejan de ser pasivos para convertirse en productores-difusores o productores-consumidores.

Pensar el entretenimiento desde la cultura beneficia lo cognoscitivo y la complacencia de destinatarios que buscan la revalorización del tiempo privado y la calidad de la existencia.

Si la TV pública difundiera películas de culto y cine de autor de varios países, series inspiradas en literaturas del mundo, ciclos que privilegien a realizadores notables de todos los tiempos, comenzará el inicio de una nueva etapa en la promoción del audiovisual de valores éticos y culturales.

La relación entre calidad, identificación emocional y memoria, valida la relación entre categorías estéticas, jerarquías artísticas y el posicionamiento indispensable para reactualizarse, sobre todo en el conocimiento de nuevas narrativas que exigen inteligencia lectora.

Las pantallas son interlocutoras por excelencia y mantienen la permanente simulación de un diálogo inagotable, en tanto “hablan” al televidente, lo desafían, conmueven, acompañan. Todos los involucrados debemos ser conscientes de que somos productores simbólicos y creadores de sentido de la nueva visualidad que reclaman estos tiempos.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares