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Publicado el 19 Febrero, 2016 por Irene Izquierdo en Cultura
 
 

Entregan premios Nicolás Guillén y Alejo Carpentier

El de Poesía correspondió a José Rolando Rivero; el de Novela, a Alberto Garrandés, y el de Cuento, a Emerio Medina. El de Ensayo quedó desierto

Logotipo de la XXV Feria del LibroPor IRENE IZQUIERDO

Como parte del intenso programa que se desarrolla en la XXV Feria Internacional del Libro Cuba 2016, fueron entregados esta tarde los premios, Nicolás Guillén de Poesía, y los Alejo Carpentier, solo de Novela y Cuento, porque el de Ensayo quedó desierto.

Con su obra Bosques fractales mereció el lauro el poeta José Rolando Rivero, por –al decir del jurado- “su excelente factura poética y una dramaturgia efectiva y coherente, con la que el autor logra abarcar diferentes aristas de la realidad contemporánea”. Al respecto, el autor agradeció el otorgamiento y precisó que es un premio largamente esperado.

Emerio Medina hizo suyo el galardón con el cuento La mitad del vaso, “en atención a la destreza con que se desenvuelve en espacios que van desde el relato de épica a ciertos otros más actuales, a través siempre de un discurso fluido”.

Medina comentó que gracias a la existencia de concursos como este, es premiada una “persona que, como yo, vive lejos y, desde lejos, sueña con ser escritor”.

De “novela a caballo sobre todos los ismos” fue evaluada Demonios, de Alberto Garrandés, distinguida por una escritura “brillante, exacta, serena…, avasalladora”.

“La Literatura no existe –dijo Garrandés-, ni se hace para dar lecciones de Historia, ni para reflejar nada, ni para proponer o fijar compromisos sociales. Claro que esos desempeños están ahí, al alcance de la mano, pero son o deberían ser consecuencias, emanaciones, o secuelas filantrópicas –por así llamarlas- del ejercicio de la Literatura y no causas, ni orígenes, ni principios. La Literatura es, existe, pelea contra la insuficiencia del lenguaje, fabrica algo, añade realidad a lo real y al cabo depende de lo real”.

El jurado evaluador de las obras de ensayo decidió declararlo desierto, pues aunque algunas de las investigaciones presentadas tenían valores, ninguna de ellas alcanzó la estructuración, coherencia y fluidez expresiva que distinguen a ese género.


Irene Izquierdo

 
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