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Publicado el 19 Febrero, 2016 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

Revolución, cultura e ideas

Sesionó como parte del programa académico de la Feria del Libro un panel sobre Fidel en el que participaron el Comandante de la Revolución Guillermo García y los escritores Katiuska Blanco y Abel Prieto
Katiuska Blanco, Guillermo García y Abel Prieto (de izquierda a derecha) evocan a un Fidel de este y todos los tiempos. Foto: Juvenal Balán

Katiuska Blanco, Guillermo García y Abel Prieto (de izquierda a derecha) evocan a un Fidel de este y todos los tiempos. (Foto: Juvenal Balán)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

A criterio de sus organizadores, la 25ª Feria Internacional del Libro de la Habana no podía pasar por alto el cumpleaños 90 de Fidel sin rendirle un merecido homenaje. Por ello convocaron para la Casa del ALBA una mesa redonda que abordara la vida y obra del líder histórico de la Revolución.

Abarcar una vida tan fecunda en un reducido espacio de tiempo no es fácil. De ahí que los panelistas escogieran algunos momentos de ella. La escritora y periodista Katiuska Blanco recordó sus primeras conversaciones con el Comandante en Jefe y su preocupación de que la cultura llegara a amplios sectores de la población.

En aquel momento Fidel buscaba en qué espacios podía ubicar libros de forma tal que tuvieran uso para un mayor número de personas, añadió la autora de Guerrillero del tiempo.

Resaltó  entre las grandes cualidades de Fidel el saber escuchar a los demás, aprender de la gente sencilla del pueblo, de todos lo que le rodean, por eso –apuntó-, pregunta tanto, porque para él preguntar es una fuente vital del conocimiento. .

El escritor Abel Prieto habló de sus vivencias, cuando se desempeñaba como presidente de la Unión de Escritores, primero, y luego como ministro de Cultura, con el líder histórico de la Revolución. No hay que olvidar, subrayó, que en sus primeros meses como Primer Ministro creo la Imprenta Nacional de Cuba, cuya primera publicación fue El Quijote.

Entre otras obras culturales de la Revolución en que Fidel desempeñó un protagonismo en su fundación, Prieto señaló el Icaic, la Casa de las Américas y la Campaña de Alfabetización, la más excepcional en su criterio. En la etapa de institucionalización del país, fue la Ley del Patrimonio Nacional una de las primeras que llevó para la aprobación por la Asamblea Nacional.

Prieto recordó que Fidel ha sentenciado que solo una Revolución puede ser hija de la cultura y las ideas. En los años más críticos del periodo especial, afirmó, solía subrayarnos que la cultura era lo primero que había que salvar por lo que significa para la identidad nacional y la supervivencia de nuestra nacionalidad.

El Comandante de la Revolución Guillermo García se refirió a momentos de la última etapa de la guerra de liberación nacional.  Tras la dispersión de Alegría de Pío, él pudo localizar a Almeida ya a mediados de diciembre y es el padre de Guillermo quien logra contactar primero con Fidel.

Guillermo sabía de Fidel por los relatos que le había hecho Celia Sánchez. Cuando lo conoció personalmente, pensaba encontrar a un hombre desanimado tras los avatares del desembarco y el asesinato de muchos de sus compañeros y halló a un hombre que estaba totalmente seguro de ganarle la guerra el ejército batistiano.

Recuerden, alertó al auditorio, que cuando conversa conmigo, Fidel solo tiene dos hombres más y dos fusiles, uno de ellos sin balas. Comenzó a explicarme sus planteamientos de La Historia me absolverá, el futuro de los campesinos si la revolución triunfara, no era un hombre desanimado, sino optimista.

Al conocer que Fidel estaba vivo y que iba a luchar contra el régimen imperante, unos veinte muchachos campesinos fueron a verlo para incorporársele.  Habló con ellos, los convenció de que no tenía armas para darles, pero cuando las tuviera, les avisaría. Todos aceptaron y en los meses siguientes se incorporaron al Ejército Rebelde.

Quedé convencido, apuntó Guillermo García, de que Fidel tenía voluntad y capacidad de dirigente, que no se parece a nadie, que forma ideas y las defiende con argumentos irrebatibles.

En una ocasión, recordó, éramos 26 y tras una fatigosa caminata acampamos para descansar pero nada teníamos para comer. Fidel sacó de su mochila una tableta de chocolate, de esas grandes, y la dividió en 26 pedacitos para que cada uno de nosotros tuviéramos al menos algo con que pasar la noche.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García