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Publicado el 15 Febrero, 2016 por Irene Izquierdo en Cultura
 
 

Una mujer nacida para la poesía

Lina de Feria, para quien descubrir, escribir o describir la belleza, por invisible que parezca, es una necesidad, recibió un hermoso homenaje en el Día del Amor y la Amistad, por quienes la quieren y admiran
Lina de Feria, Maestra de Generaciones.

Lina de Feria, Maestra de Generaciones. (Foto: Granma.cu).

Por IRENE IZQUIERDO

Si en algo Lina es la misma que cuando recibió el Premio David, en 1967, es en la modestia. Aunque parezca lo contrario, es la persona tímida, que vence ese estado de ánimo cuando se adueña de la palabra, sobre todo la lírica para sacar del alma todo lo bello que un ser humano es capaz de imaginar.

Tal vez esa modestia es la que la ayudado a crecer, a fomentar su reconocido talento, puesto a disposición de todos en 29 libros publicados.

En el coloquio sobre su vida y obra, en el que participaron el investigador En¬rique Saínz, los poetas y ensayistas Caridad Atencio, Roberto Manzano; la joven filóloga Adianys González, el investigador y crítico Leonardo Sarría y el poeta, narrador, ensayista, crítico literario, traductor Jesús David Curbelo, como moderador, quienes no develaron secreto alguno al decir que ella vive en “permanente confabulación con el verso”.

Curbelo aseguró que Lina es de las figuras que siempre dejan al público que disfruta de su obra de su el sabor del regreso a sus libros, y el sincero agradecimiento por el legado poético con que ha deleitado a varias generaciones de amantes de la lírica.

La casa que no existía, es –y no digo fue- el poemario que puso en manos de Lina el Premio David y es también un texto que los estudiosos han catalogado como “libro mítico”. En opinión de Caridad Atencio esa obra perdura en el tiempo, quizá por la influencia que ejerce en los jóvenes, por quienes ella siente una gran admiración.

Particularmente se detuvo en su poemario País sin abedules, en¬marcado en un espacio de claroscuros donde el tiempo vive y muere en una metáfora.

Sobre este texto hay especialistas que aseguran que Lina “se empeña en quebrar toda relación convencional, deshacer todo código, prescindir de la alteridad del signo, escamotear toda realidad reconocible, crear una poesía que se vuelva una y otra vez sobre sí misma, a través de estrategias discursivas que parecen a ratos aproximarse a la escritura automática”.

A partir de su propia experiencia, Ro¬berto Manzano destacó que el poeta tiene una profesión siem¬pre a prueba de fuego, de lo que Lina ha salido airosa, por la forma en que ella conserva la línea del intimismo cubano. El secreto de su fascinación es un paradigma para los noveles.

Para la filóloga recién graduada Adianys González Esta fue una gran experiencia, pero tiene a su favor el haber tratado en su tesis de pregrado un tema poco abordado en la ensayística contemporánea: el sujeto lírico en la obra de Lina y la guía que siempre tuvo en la siguiente frase: “No temas recoger la piedra del camino. La humildad es el único camino para trascender”.

Leonardo Sarría correspondió abordó la labor crítica de Lina, la que consideró eficaz al no tratarse de la crítica por la crítica, “sino de adentrarse en el hecho artístico participando, haciendo de ella un espacio también imaginario, que no falaz, una actividad igualmente esencial y sanguínea”.

De encuentros como este se sale con el espíritu enriquecido. Por eso, aunque ella afirmara que nunca ha buscado el aplauso de la crítica, “escribo por necesidad, intento establecer un diálogo con el pueblo y proyectar lo que inevitablemente siento”, a Lina hay que reverenciarla, por sus dotes de mujer nacida para la poesía.


Irene Izquierdo

 
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