0
Publicado el 30 Marzo, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: Conmover, ¿es necesario?

La sentimentalidad expresiva desde la apertura de ser uno mismo, queriéndose, debería seguir nutriendo la reinvención del discurso televisivo con narrativas-fusión, subjetividades expresivas y otros elementos emocionales y participativos del espectador
Compartir

Por SAHILY TABARES

De Amores y esperanzas: Hay que seguir ascendiendo hacia las emociones, la conmoción y el entrenamiento para ser mejores personas. (Foto: tvcubana.icrt.cu).

La búsqueda de un lenguaje que deje abiertas las incógnitas de la comprensión debería prevalecer en el punto de vista de los realizadores del audiovisual. Por supuesto, no como normativa, sino para lograr la desazón propia del despliegue de elementos narrativos con el propósito de contar el sentimiento que exige toda sociedad; o sea, un entrenamiento para ser mejores.

En este sentido, lo asumió la serie de 13 capítulos, De amores y esperanzas (Cubavisión, domingo, 8:30 p.m.), con guion de Amílcar Salatti y Raquel González, directora general.

Inspirada en hechos reales, la puesta logró desde su inicio el reconocimiento de públicos interesados en historias propias y ajenas que cuenten una tesis dramática en el tono de contrato narrativo, en el cual no falte el efecto emocional esperado.

El abordaje de temas inéditos o escasamente tratados en el audiovisual televisivo y el modo de conectar con las audiencias contribuyeron a incentivar el interés en una serie que llegó a la pantalla sin aviso previo, ni el llamado de atención dado -por lo general-, a telenovelas, filmes, series extranjeras, lo cual hubiese facilitado el sistemático seguimiento y comunicabilidad con las mayorías.

La propia interpelación conceptual de este tipo de narrativas así lo requiere, pues aprovecha el desarrollo de los personajes y la exploración de tragedias de interés humano en estructuras dramáticas, que incorporan estilos en diversidad de formatos.

Lo no dicho, lo oculto, los errores, la falta de entendimiento, la muerte, devinieron ingredientes de circunstancias y conflictos llevados adelante por personajes empeñados en que cada cual recapacite, mejore su conducta.

La ética estuvo en el eje de la puesta como figura recurrente, en tanto principio básico de orientación. El propósito de alertar, dar a conocer leyes, derechos, violaciones, arbitrariedades de la vida “real”, atentó, en ocasiones, contra la identificación que debe producir la ficción audiovisual. El aprendizaje impuesto mediante una didáctica profusamente ilustrada -ocurrió con largos parlamentos puestos en la voz de la fiscal y en otros diálogos-, privilegió la interpelación conceptual, teórica, una didáctica profusamente ilustrada, en lugar de lo íntimo, humanista, que se comporta en la experiencia sin discurso.

Hubo capítulos de excepción, en los cuales el cuento, la estética, la oralidad, lograron el pleno goce emocional de la ética como presupuesto estético, ocurrió en el caso de la madre minusválida que luchó por la custodia de su hijo ante la demanda de un padre circunstancial, obcecado. En el discurrir de dicha narración prevaleció de manera sugerente la riqueza moral por encima de las condiciones materiales.

La sentimentalidad expresiva desde la apertura de ser uno mismo, queriéndose, debería seguir nutriendo la reinvención del discurso televisivo con narrativas-fusión, subjetividades expresivas, encuadres, iluminaciones, ritmos que propicien mecanismos de interacción, emocionales y participativos del espectador.

En este tipo de narrativa audiovisual cada intérprete es esencial, piensa, crea, realiza ideas visuales novedosas para jugar con expectativas de públicos interesados en un producto verosímil y entretenido.

Como diría Flaubert: “Las palabras humanas son como un tambor roto, en las cuales golpeamos para sacar las melodías y que bailen los osos, cuando en realidad lo que deseamos es conmover a las estrellas”. De esto se trata, de conmover, para lograrlo es imprescindible que actores y actrices digan sus bocadillos, se comprometan con el lenguaje, el cual se habla desde el intelecto y también desde el corazón. La plena conciencia de asumir, yo soy este personaje, conduce a la emoción, al sentimiento, a la vivencia. Lo demostraron Edith Massola (Elsa), Irela Bravo (Nancy), Ana (Coralia Veloz) y Rosa (Corina Mestre).

De igual modo, la música y el sonido, pueden interpretar la imagen, moldearla, fundirla, sobrecogerla y cambiarla. Son parte de la narrativa y con ella debe pensarse en la transmisión de alegrías y otros sentimientos.

En De amores…quedó abierto el camino hacia una segunda temporada, hay que aprovechar esa escena de Yuliet Cruz y Edith Massola, seguir ascendiendo hacia las emociones, la conmoción y el entrenamiento para ser mejores personas.

Compartir

Sahily Tabares

 
Sahily Tabares