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Publicado el 10 Marzo, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: Juego con incertidumbres y certezas.

Toda buena historia posee una sólida estructura narrativa que contiene la hondura humana, así como la construcción técnica devenida soporte y sostén
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Por SAHILY TABARES

En La profesora de inglés, Coralia Veloz, Héctor Hechemendía y Roque Moreno logran llegar a la fe de los sentimientos. (Foto: Eictv.com).

En la vida real, según parece, todo tiene que ver. Cada detalle se entrelaza en un sistema único, el cual es la experiencia humana, por dispar que parezca. Dicho material nutre la ficción audiovisual; quizás, por ello, algunos personajes y relatos contados en filmes, series o telenovelas, motivan reflexiones sobre circunstancias y conflictos propios.

Toda buena historia posee una sólida estructura narrativa que contiene la hondura humana, así como la construcción técnica devenida soporte y sostén. En el discurso ficcional prevalece la necesidad de incorporar contaminaciones e intertextualidades desde diferentes modos de narrar.

Cada proyecto personal define un camino en pos de vencer dificultades, tolerar o resistir frustraciones. El logro de estos y otros fines requiere la orientación de valores, los cuales se revelan en lo que se dice y en lo que se hace.

De ahí la importancia del análisis de actitudes y comportamientos de personajes y tipos, de hablar en familia sobre lo que se ve en las pantallas, pues estas llevan al hogar momentos de la “realidad”, “construidos” por realizadores desde disímiles puntos de vista, intereses, perspectiva, sensibilidad y cultura.

Contar una historia demanda del creador la elección del género dramático, ideas, pensamientos y presupuestos estéticos, que presenta desde la subjetividad de manera coherente, lógica. Si escoge la pieza, el énfasis estará dado en el carácter, en la psicología de personajes saturados de vacilaciones y dudas, pues ellos llevan en sí mismos el conflicto; ni se enfrentan ni luchan, llegan al clímax de una situación por el cúmulo de información.

Así ocurre en el corto La profesora de inglés (Lente joven, Cubavisión, jueves, 5:00 p.m.) del director Alán González Hernández. La puesta narra vivencias de Sonia, una exprofesora de inglés, quien cansada de cuidar a su esposo moribundo, decide dar clases de nuevo, pero si quiere ser libre, deberá enfrentar el peso de una culpa.

El relato estructurado mediante el hecho se desarrolla como un collage de escenas que lleva a los personajes hacia el final en apariencia idéntico al del comienzo de la obra. Solo algunos elementos se añaden a los ignorados al inicio, ese nuevo conocimiento los hace cambiar.

¿Será capaz Sonia de terminar con la vida de su esposo para lograr la realización personal? Si lo hace, ¿qué repercusión tendrá su conducta? ¿Es correcto, bueno o deseable lo que está sintiendo? Estas interrogantes afloran en el discurso dramatúrgico de La profesora… en reclamo de juicios de evaluación por parte de los públicos.

Mediante la organicidad con sus respectivos personajes, la actriz Coralia Veloz y los actores Héctor Hechemendía y Roque Moreno, interiorizan el realismo, defienden el sentido de la verdad artística en la lógica y la continuidad de acciones físicas y psicológicas justificadas que conducen a la fe de los sentimientos.

Atmósferas, silencios, palabras, efectos sonoros, tienen connotación en la trama, repercuten en la imagen y en el universo emotivo del espectador.

En la vida real ocurren situaciones límites, cada humano las enfrenta de acuerdo con su filosofía, jerarquía de valores, orden de amores y desamores, preferencias y rechazos, los cuales le dan rumbo, sentido y dirección a la existencia.

Los poderes de la ficción seducen mediante el juego con incertidumbres, certezas; presuposiciones sobre tiempo, espacio y causalidad, también presentes en la sociedad.

Su primera condición es tocar las fibras íntimas de las personas, por eso resulta esencial interpretar las estrategias de un producto-mensaje comunicativo que ha sido concebido para interpelar al yo y al nosotros desde una narración que tiene la capacidad de generar proposiciones y lenguajes.

Ante las pantallas –que son interlocutoras por excelencia–, en tanto “hablan” al espectador, lo acompañan y conmueven, se suele pasar por alto que todos los relatos portan una teoría filosófica implícita, la cual debe ser desentrañada, refigurada dentro de una teoría general, pues incluso los discursos más banales tienen una teoría implícita.

Mantener alerta la curiosidad crítica nutre el conocimiento y el disfrute que reclamamos aquí, ahora. El audiovisual contemporáneo exige una activa participación ciudadana, dadas las transformaciones de la visibilidad social de los más jóvenes, sensibles a las nuevas narrativas. En esencia, se trata de comprender unitarios, series, filmes y telenovelas, con responsabilidad e inteligencia lectora.

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