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Publicado el 3 Marzo, 2016 por Redacción Digital en Cultura
 
 

Miguelito Cuní, un imprescindible de nuestra música

Miguelito Cuní fue admirado por todos los que lo conocieron,como un hombre de excelentes cualidades humanas

 

Miguelito Cuní, mereció el reconocimiento de sus colegas y admiradores como un hombre de intachable palabra y buen decir. (Foto: cadenahabana.cu)

Miguelito Cuní, mereció el reconocimiento de sus colegas y admiradores como un hombre de intachable palabra y buen decir. (Foto: cadenahabana.cu)

Miguelito Cuní es de esos artistas de referencia para la música cubana. Nació el 8 de mayo de 1917 e inició su carrera artística en Pinar del Río su ciudad natal.

Desde muy joven estuvo familiarizado con la vida musical de su provincia. Durante los años 1920 y 1930 cantó en sextetos y otros grupos típicos de la música cubana.

En 1932 integró la agrupación musical “Los Carameleros” con la que realiza sus primeras presentaciones. Por el tono de su voz y su estilo para cantar, se vinculó, en 1934, a la orquesta de Fernando Sánchez y en 1936 a la de Jacobo González Rubalcaba.

El talentoso pinareño llegó a La Habana en 1938, con poco más de 20 años de edad, invitado por Ernesto Muñoz, con el que trabajó por dos años, dándose a conocer en el mundo artístico capitalino. Poco tiempo después integró la orquesta “Arcaño y sus maravillas” que dirigía el flautista Antonio Arcaño, músico exigente que revolucionó el género danzoneril.

De Cuní expresó Arcaño:”A inicios de los años 1940, en la antigua emisora Casa Lavín, de Reina 314, que luego fuera Mil Diez, comenzó Cuní a trabajar conmigo… Fue un cantante que gustó mucho entre los bailadores, con una voz fuerte de sonero grande, muy inteligente, con exquisita pronunciación y una tesitura de extensión poco común en cantantes de su género.”

Miguelito tuvo además la gran oportunidad de tocar con Arsenio Rodríguez, el ciego maravilloso, y, el pianista y arreglista Luis Martínez Griñan (Lili) quien recordaba Cuní como un cantante inteligente y rápido para aprenderse las cosas.

Con el grupo Arsenio grabó varios temas resultando más popular “El guayo de Catalina”. En 1947, viajó como solista a los carnavales de Panamá, donde permaneció por dos años, para regresar luego a la orquesta de Arsenio Rodríguez en 1949.

Sin embargo, la etapa más recordada del quehacer de Miguelito Cuní, comenzó en 1949, cuando Arsenio Rodríguez decidió viajar a Nueva York, con el propósito de recuperar su visión y recuperar su carrera artística, dejando el conjunto en manos del trompetista Félix Chapotín.

Durante la década de 1950, Cuní alternó en ocasiones con la orquesta de Benny Moré pero manteniendo siempre su lugar junto a Chapotín y su conjunto, prevaleciendo entre ambos una entrañable amistad. Por más de 30 años Chapotín y Cuní fueron compañeros inseparables y realizaron gran cantidad de grabaciones con éxito, sobresaliendo entre ellas “El carbonero” y “Quimbombó que resbala”.

A partir de 1959, Miguelito Cuní continuó su trabajo musical, tanto en Cuba como en el extranjero. Junto con Chappotin actuó en los escenarios más importantes del país viajando, además, a las Antillas Holandesas, Curazao y Estados Unidos.

Miguelito Cuní, mereció el reconocimiento de sus colegas y admiradores como un hombre de intachable palabra y buen decir. (Foto: cadenahabana.cu)

Miguelito Cuní, mereció el reconocimiento de sus colegas y admiradores como un hombre de intachable palabra y buen decir. (Foto: cadenahabana.cu)

Después de haber recorrido el Caribe, se presentó en Nueva York en la década de 1960, sumándose por un corto espacio de tiempo a la agrupación de Arsenio Rodríguez, quien se había convertido en genuino estandarte de la música cubana en el lugar.

Por aquella época ya Cuní era una de las voces imprescindibles del son y el bolero; había inmortalizado el bolero “Convergencia”, con el que alcanzó la cumbre de la calidad de interpretación y sentimiento.

En el año 1978 viajó a la Unión Soviética con la Orquesta Cubana de Música Moderna, junto a músicos de la talla de Enrique Jorrín, Richard Egües, Tata Güines, Juan Pablo Torres, Rafael Bacallao (Felo), Teresa García Caturla, Carlos Emabale y Félix Chapotín. De él la cancionera Moraima Secada expresó:”Aunque sonero natural, lo mismo cantaba un bolero de esos que estremecen a una, que un son o un guaguancó. Muy completo como intérprete, y muy afinado, con una cuadratura y un sentido del ritmo bárbaros. Y si a eso se le une la simpatía de su personalidad, es fácil comprender por qué gustaba.

Sus grabaciones fueron divulgados en el mercado internacional bajo el sello de la firma Areíto, dentro de los que se situaron “La Guarapachanga”, grabado con el Conjunto Chapotín y “Convergencia”, bolero de Bienvenido Julián Gutiérrez y Marcelino Guerra que cantaba a dúo con el trovador Pablo Milanés y que fue escuchado por vez primera en las voces de ambos durante el Festival Nacional de son de Guantánamo en 1980.

En 1981 viajó a Venezuela junto a una delegación de artistas reunidos bajo el nombre de “Estrellas de Areíto”, y el director de aquella agrupación, el maestro Enrique Jorrín, refiriéndose a Miguelito aseguró:” en el orden personal, he conocido pocas personas tan respetuosas como él; respetuoso como amigo y como compañero, con la intención del autor de una melodía y también en la interpretación”.Su último viaje al exterior fue a México y data de 1982.

Miguelito Cuní fue admirado por todos los que lo conocieron,como un hombre de excelentes cualidades humanas; en homenaje a su trayectoria el Comandante de la Revolución, Juan Almeida compuso la letra “Este son homenaje”, que fue interpretado por el cantautor Pablo Milanés.

En el orden artístico mereció el reconocimiento de sus colegas y admiradores como un hombre de intachable palabra y buen decir, Miguelito Cuní fue todo un caballero criollo. Miguelito Cuní murió en La Habana el 3 de marzo de 1984. (Con información de: cubarte y cubared)


Redacción Digital

 
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