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Publicado el 1 Marzo, 2016 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

Nostalgia fílmica

Exhiben copia restaurada y musicalizada del largometraje silente cubano La Virgen de la Caridad
Un clásico del cine silente nacional. (Foto:ICAIC)

Un clásico del cine silente nacional. (Foto:ICAIC)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Visionarla es como trabajar en un sitio arqueológico, escudriñar las paredes de una pirámide egipcia en busca de cámaras secretas, recorrer los peldaños y pasadizos de templos mayas o incas. Lo que observamos en pantalla no es cine, tal como lo entendemos hoy día, sino su prehistoria.

Tal es la impresión que un espectador se lleva con el filme La Virgen de la Caridad, el mítico largometraje silente de Ramón Peón (1930), que en una copia restaurada y musicalizada con vistas a un DVD producido por el Instituto Cubano de Artes e Industrias Cinematográficos (Icaic), se exhibió recientemente en la sala 23 y 12.

Sin ahondar en las limitaciones propias del cine mudo, La Virgenresulta una obra digna dentro del contexto latinoamericano en su época. El nivel de actuación, sin ser trascendente, es aceptable. La fotografía, dentro de los cánones de su tiempo, trata de reflejar la belleza del campo cubano, folclorismo aparte.

Más de un crítico ha resaltado la cubanía de este filme. Sin ánimos de apologetizarlo, su visión del campesinado cubano, de la indefensión de este ante los voraces geófagos, de la corrupción administrativa existente, la convierten en una pieza insólita dentro de la cinematografía nacional antes de 1959.

Puede criticársele a esta cinta su falta de profundidad en este tema, algo justificable por el año en que se produjo, en medio de la tiranía machadista, donde la vida no valía nada, pero ni antes ni después, hasta la fundación del Icaic en 1959, ningún cineasta se atrevió a reflejar esta problemática.

También puede objetársele a La Virgen…, la marcada ingenuidad y lo previsible de su guión. Cualquier aficionado al cine, por muy poco avezado que sea, adivina el desenlace mucho antes que el personaje al que quiere dotársele de cierta comicidad comience a clavar en la pared.

En las palabras introductorias al filme, unos minutos antes de iniciarse su proyección, el crítico y ensayista Luciano Castillo, director de la Cinemateca de Cuba, afirmó que el paso del tiempo ha sedimentado sus valores y en la actualidad es considerado un clásico.

Hizo mención a los elogios que le tributaran a la cinta críticos de la estatura del francés George Sadoul, quien la valoró como “una película silente de mucha calidad, que puede calificarse de neorrealista”, y el cubano José Manuel Valdés Rodríguez, para quien representa “en buena medida una orientación justa del cine nacional”.

Para la musicalización de esta copia se contó con las interpretaciones de Juan Espinosa Aguilar al piano, realizadas poco antes de fallecer el concertista en 2014 y grabadas en el estudio de la compañía Lizt Alfonso, quien prestó una valiosa colaboración.

Esta función especial, con la que se celebró el aniversario 56 de la Cinemateca de Cuba, también incluyó un pequeño concierto a cargo del guitarrista Luis Manuel Molina y el clarinetista Vicente Monterrey, quienes interpretaron temas musicales de notables filmes como El Padrino, Romeo y Julieta y Titanic, entre otros.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García