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Publicado el 1 Marzo, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

ROGELIO MARTÍNEZ FURÉ

“Soy un eterno cimarrón”

El destacado intelectual comparte saberes y esencias de su amplio universo cultural. Al Premio Nacional de Literatura 2015 se le han dedicado los homenajes de la Feria Internacional del Libro Cuba 2016
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Rogelio Martínez Furé, Premio Nacional de Literatura

Rogelio Martínez Furé disfruta plenamente la naturaleza

Por SAHILY TABARES
Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Rodeado de verdes en su “monte” de plantas ornamentales cultiva huellas ancestrales. La terraza del hogar, en el habanero barrio del Vedado, deviene “sitio predilecto para pensar, escribir, sentirse vivo”. El vaivén de la hamaca donde prefiere tenderse, despierta silencios, lo conmina a rememorar, una, otra vez, relatos propios y ajenos, animado por el goce de emprender nuevas indagaciones.

Rogelio Martínez Furé (Matanzas, 1937) es una fuente inagotable de sabiduría. Griot acriollado, no guarda para sí ni secretos ni hallazgos, disfruta compartirlos en descargas, en las que revela, “soy río de agua siempre renovada”.

Escuchar a este erudito –galardonado recientemente con el Premio Nacional de Literatura–, a quien se dedica la 25 Feria Internacional del Libro de La Habana, propicia el redescubrimiento de esencias, valores éticos, estéticos, caminos transitados, otros por andar.

Dotado de talento y de vastos conocimientos, despliega en proyectos, libros, artículos, conferencias, talleres, clases magistrales, un mosaico de datos históricos, mitológicos, religiosos, etnológicos, sociológicos, los cuales revitalizan su obra.

Junto a Nancy Morejón

Junto a la poeta Nancy Morejón

Cubano reyoyo, fiel a la Cuba profunda, ha merecido numerosos galardones, entre ellos, el Premio Nacional de Danza 2002, el Premio Nacional de Investigación Cultural 2001, las Órdenes Félix Varela y Carlos J. Finlay, el Premio Maestro de Juventudes, el José White, de Música, y Rafael Alberti, de Poesía.

Con humildad, rechaza la denominación de maestro, prefiere la de “eterno aprendiz de la vida”. Este caudal infinito nutre desempeños como etnólogo, cantante, recitador, bailarín, narrador, ensayista, traductor. Es un hombre de la oralidad afanado en tender puentes entre los estudios académicos y la cultura popular, en esa labor entrega pasión, saberes, interés por recuperar la memoria y el olvido.

Reinos del mundo íntimo

Intenso, afable, Furé explica que para él, los actos creativos convergen en un fin: el trabajo. En la prosa cultiva la riqueza de alusiones, significados, interrogantes y herencias imperecederas.

Según confiesa, “desde niño estuve en medio de los más diversos componentes de la identidad cubana. Convivían en la misma zona, gallegos, mexicanos, chinos, jamaicanos, dominicanos, norteamericanos y, por supuesto, nosotros, los descendientes de lucumíes, congos, carabalíes, ararás, iyesás.

“Me crié en la cuadra donde vivió Miguel Faílde, el creador musical del danzón, por allí pasaban comparsas, pregoneros, cantantes de punto guajiro, vendedores de frutas del valle de Yumurí; todo sonaba en el espacio familiar, al cual pertenecían mis abuelos, quienes eran miembros del bando azul de una sociedad de rumba, fundada en Matanzas en 1911”.

Dicha raigambre aflora en investigaciones, aportes y lenguajes, en los que expresa sentimientos acerca de antepasados y de vínculos con ancianos, “genuinas bibliotecas vivientes, de ellos, conocí proezas, rezos, cantos antiguos, leyendas, proverbios. Al principio, no había grabadoras, registré cada testimonio en fichas y papeles escritos a mano”.

Descifrar encrucijadas

Una muestra de sus libros.

Una muestra de sus libros

Con oídos atentos, sensibilidad, disposición para escuchar, Furé aprehende un rico acervo cultural y artístico. “Lo aprisiono en textos escritos como oratura; integro cantos, recitativos y la participación de los públicos, condición indispensable para la verdadera fiesta”.

Lector voraz desde edades tempranas, bucea en profundidades y esencias. La sensorialidad lujosa de sus espectáculos en escenarios de cuarenta países de cinco continentes cautiva a públicos de diferentes nacionalidades.

Hace camino al andar. “Varios azares cambiaron mi vida”, asegura Martínez Furé.

“Abandoné en tercer año los estudios de Derecho Civil, Derecho Diplomático y Derecho Administrativo. En la década del 60, con la reforma universitaria, se dijo que buscáramos otra profesión, pues no hacían falta abogados. Acudí a la convocatoria de un seminario para futuros investigadores de folclor, organizado por Argeliers León, en el Departamento de Folclore del Teatro Nacional, hice la solicitud de ingreso y fui aceptado”.

En aquel momento se gestaron decisivas etapas de aprendizaje para Martínez Furé. “La experiencia sirvió para formarme como folclorista con María Teresa Linares, Issac Barrial, Agustín Pí, Manuel Moreno Fraginals. Más tarde, trabajé junto al maestro Argeliers, de él recibí presupuestos musicológicos, posiciones ideo-estéticas y teórico-metodológicas. Este legado favoreció el inicio de mi vida profesoral, que comenzó en 1961, en el Primer Seminario para Instructores de Arte, en el hotel Habana Libre”.

Múltiples vivencias alimentan el bagaje de este hombre locuaz, perseverante. Sustenta cada paso en procesos y en la sedimentación de saberes. En su quehacer creativo, dejaron marcas el Seminario de Dramaturgia que recibió en el Teatro Nacional, la creación del grupo Oru junto a Sergio Vitier, entre otros músicos relevantes, la fundación del Conjunto Folklórico Nacional y del Sábado de la rumba.

A Furé le gusta compartir los resultados de sus estudios

“Lo que estudio tiene verdadero sentido cuando lo comparto con otras personas”, reconoce Furé

Precursor de numerosos proyectos de la cultura nacional, cultiva el rigor y los estudios sistemáticos. Le preocupa que “muchos grupos están haciendo seudofoclor, no interpretan cantos y bailes con la autenticidad requerida. Ahora están de moda los negrólogos y los rumbólogos, lamentablemente distorsionan lo genuino. Llamo la atención al respecto, porque estamos en un período muy peligroso en pos de ganar dinero.

“La clave está en profundizar en las tradiciones vivas para enriquecerlas, lo consiguen agrupaciones empeñadas en la defensa de nuestra identidad”.

Conexiones perpetuas

Por su amplia cosmovisión, Furé se considera hijo de la humanidad. “Todas las culturas me interesan y las estudio con fervor”, precisa.

Ha contribuido a un mayor conocimiento del África verdadera. “Reparé en la ignorancia casi absoluta existente sobre ese continente múltiple que es uno y cuna de civilizaciones. Le dedico varios libros, entre ellos, Poesía anónima africana, Diálogos imaginarios, Diwán, Poetas de lenguas africanas, y el más reciente, Pequeño Tarikh, un diccionario de poetas africanos, el cual tiene más de 30 mil entradas de voces en 90 idiomas. No hay otro país de lengua española que haya publicado tanta literatura de esa región del mundo como Cuba.

“Celebro la inclusión del Seminario Internacional Aniversario 130 de la abolición de la esclavitud en Cuba como parte esencial del programa de esta Feria del Libro.

En compañía de su hermana Nilda Nilorta.

Lo acompaña su hermana, la doctora en Ciencias Médicas Nilda Nilorta Martínez Furé

“Aún queda mucho por investigar, por descubrir. Sobre todo en el plano histórico respecto a la participación de los africanos y sus descendientes en las luchas libertarias del siglo XVI, en los movimientos de rebeldía de indocubanos y de africanos que se unen y fundan los palenques dando origen a siglos y siglos de cimarronaje.

“Espero mayor avance en esos estudios, y que se relacione nuestra historia con la del gran Caribe, incluidas sus tierras y sus islas. Debemos seguir indagando para conocernos mejor sin chovinismo ni xenofobia.

“También soy un eterno cimarrón, en el sentido de mi inconformidad con las injusticias sociales. De ningún modo podemos quedarnos pasivos ante las discriminaciones que asolan al mundo.

“Mi literatura es hereje, cimarrona en forma y contenido. Iconoclasta de normas y preceptos que legitiman y congelan, a veces, lo que se escribe. Soy puente, nunca frontera.

“Las injusticias movilizan a la humanidad. Como dice Sofía, en la escena final de la novela El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, hay que hacer algo.

“Las personas deben tener una cultura, la cual les permita sentirse herederas y responsables de todas las tradiciones del universo. Defiendo este concepto en La Maka, espacio que convocamos el primer viernes del mes, en la sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), con el apoyo de la Comisión José Antonio Aponte y de su presidente, Heriberto Feraudy.

“En cada encuentro incluimos temas de la cultura popular. Nuestro propósito es asumir la identidad cubana y sus múltiples raíces; igual que los hilos en la trama de la tela, cada uno es diferente, pero se complementan y si alguno se rompe, se arruina el conjunto. No debemos contentarnos con relatar lo que ha sido, sino contribuir a modelar lo que debe ser”.

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Sahily Tabares

 
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