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Publicado el 10 Marzo, 2016 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

TEATRO: Pedido a la criolla

Una estampa campesina diferente anima las tardes noches habaneras en la sala Adolfo Llauradó, con una obra del ruso Anton Chéjov
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Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO
Fotos: ISMAEL ALMEIDA

La obra, con adaptación de Maykel Chávez y dirigida por Ariel Bouza, tuvo su estreno mundial en 2003, desde entonces forma parte del repertorio activo del grupo Pálpito.

El colectivo teatral Pálpito que dirige Ariel Bouza Quintero, volvió a andar los derroteros de la campiña cubana. Tal como ocurriera hace unos años atrás con montajes de amplia aceptación del público y la crítica (Puerto de Coral, Con ropa de domingo, entre otros), ahora reestrenó Pedir la mano, una adaptación dramatúrgica de Maykel Chávez, sobre la comedia original Pedido de mano, del ruso Anton Chéjov (1860-1904).

No es la primera vez que Bouza Quintero y su equipo llevan a escena piezas de autores clásicos de la literatura dramática universal y local. Luigi Pirandello, William Shakespeare y el antillano Virgilio Piñera son algunos de los dramaturgos de donde ha bebido la poética de la agrupación que fuera fundada hace más de dos décadas.

Para esta puesta en escena Maykel Chávez concibió un texto que enriquece el relato chejoviano con expresiones criollas típicas de las zonas rurales de Cuba, a partir de las cuales los intérpretes, atinadamente, construyeron caracterizaciones que parodian la cadencia al hablar, la gestualidad y hasta las indumentarias de las personas que habitan en el interior del país.

Sin desestimar las claves que ofrece la partitura original, la propuesta de Pálpito suscita la risa –y hasta la carcajada- con situaciones cómicas que frisan lo inverosímil y recuerdan la raigambre bufa de nuestro teatro, desde una mirada contemporánea, avezada y respetuosa que se apropia de la caricatura, el choteo y la ironía, pero no se permite la atribución de componer chistes contingentes, superficiales o subidos de tono; aun cuando, a veces, el erotismo desmedido de las expresiones físicas de los personajes alcanza cierto punto de exaltación lúbrico.

Como es ya habitual en la estética del grupo, el montaje insiste en una concepción escénica minimalista que da pie a un juego teatral aderezado de la cultura campesina y popular con una percepción jocosa de abordar, desde la universalidad, un acontecimiento muy antiguo: pedir a una muchacha en matrimonio.

Situaciones jocosas guisan un suceso tan antiguo como la humanidad misma.

De la Rusia zarista al guajiro cubano hay un gran trecho que el dueto Bouza-Chávez y la nómina de Pálpito han sabido acortar a cuenta de talento. En este Pedir de… la joven Estrellita Campoamor (Liliana Bergues, Yanelis Mora) es una veinteañera medio “ingenua”, deseosa por desposarse, y la hija de Eduvijo Campoamor (Ariel Bouza, Iván Infante), un viejo que aunque resabioso, anhela entregar a su primogénita en matrimonio al mejor postor, el cual no podía ser otro que Pepe Antonio Villaverde (Homero A. Saker), el vecino más cercano.

Tras una secuencia de malos entendidos e incomprensiones, la obra se burla de la formalidad del suceso y pone a discutir a los pretendientes sobre asuntos tan fútiles y superfluos como los linderos donde comienzan o terminan las propiedades de ambos, y la superioridad de sus respectivos perros de caza.

Una trama sencilla y a la vez divertida que no traiciona el argumento del autor de La gaviota (1886), Tío Vania (1897) y Las tres hermanas (1901) –algunas de las obras más conocidas en la Isla- toda vez que refrenda los matices de la comedia que es, urdida de momentos hilarantes e inesperados, y de ese halo actual que nos deja mirar, a través de otro cristal, los simples detalles de la vida.

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Roxana Rodríguez

 
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