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Publicado el 18 Abril, 2016 por Prensa Latina en Cultura
 
 

Acosta Danza, todo mezclado, aunque bien definido

En el estreno del programa clásico de Acosta Danza el director se confundió entre los bailarines y compartió protagonismo con ellos: 25 jóvenes de variadas formaciones. Mientras algunos danzaban el clásico, sus compañeros del contemporáneo los miraban y aplaudían desde el auditorio
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Carmen, esta vez con versión de Carlos Acosta y la interpretación de Laura Treto y Luis Valle. (Foto: Leyben Leyva).

Dicen que quien mucho abarca, poco aprieta, pero toda regla tiene su excepción y el bailarín cubano Carlos Acosta quiere romperla para mostrar hoy al mundo una compañía capaz de desplegarse en lo clásico y en lo contemporáneo.

A sala llena en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, Acosta Danza ocupó las funciones de los días 8, 9, 10, 12, 13, 16 y 17 de abril con dos programas diferentes.

En el primero -dedicado a lo contemporáneo- el director cedió protagonismo a los jóvenes miembros de su recién creado grupo y el público agradeció luego la decisión, aunque le hubiese encantado verlo bailar.

Comenta Prensa Latina que los bailarines de esta compañía exhibieron un tremendo dominio de la técnica contemporánea en coreografías icónicas como El cruce sobre el Niágara y Fauno.

Mientras una muy cubana versión de Carmen -con coreografía del propio Carlos Acosta- dio oportunidad a Laura Treto y Luis Valle para bailar como si se quisieran comer el mundo.

Cuando llegó el turno de la selección clásica, Carlos Acosta mostró que a sus 42 años todavía conserva la destreza de sus giros y saltos: lo hizo en Diana y Acteón y Les bourgeois.

Majísimo -divertimento estrenado por el Ballet Nacional de Cuba en 1965- cerró la selección de ese repertorio, quizás para dejar bien claro (si aún quedaban dudas) todo lo que puede hacer la agrupación.

Como prometió, no fue momento para egos y el director de Acosta Danza se confundió entre los miembros de la compañía y compartió protagonismo con ellos: 25 bailarines de variadas formaciones. Mientras algunos danzaban el clásico, sus compañeros del contemporáneo los miraban y aplaudían desde el auditorio.

Acosta ya no es aquel niño rebelde que llegó por casualidad al ballet, pero mantiene el espíritu intrépido y la osadía: ahora quiere que su grupo sea capaz de realizar el sueño de cualquier coreógrafo y desdoblarse en los más diversos estilos.

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