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Publicado el 27 Abril, 2016 por Irene Izquierdo en Cultura
 
 

Alucina el que tiene sed

Libro El que tiene sed

Portada del libro El que tiene sed, editado por Arte y Literatura.

Por IRENE IZQUIERDO

¿No le ha ocurrido que mientras lee la narración de un alcohólico le parece como si usted mismo estuviera ebrio y conociera que la bebida es mucho más que ingerirla? Esta es la sensación que puede experimentar al entrar en el mundo que el narrador y dramaturgo argentino Abelardo Castillo (Buenos Aires-1935) le ofrece en el libro El que tiene sed.

Publicado por la Editorial Arte y Literatura, en su Colección ORBIS, el texto pone al lector a reflexionar acerca de los efectos de una de las drogas -¿blandas?- que más daños ocasiona hoy. Un dato de la OMS detalla que, cada año, se producen 3,3 millones de muertes en el mundo debido al consumo nocivo de alcohol. lo que representa un 5,9 por ciento de todas las defunciones.

“No deberías seguir tomando”. Así empieza el escritor Esteban Espósito –personaje principal del libro- a contar su propia y torturante historia por el mundo de los beodos que no quieren oír, porque el alcohólico no es él, sino otro. El que tiene sed hurga hasta las “entrañas” y como sobre el filo de una navaja, en la degradación y el sufrimiento del ser humano adicto que se aniquila mental y físicamente.

“Yo estaba ahí, sí, en esa mesa junto a la ventana, en el bar Nilo, y la muchacha era Mara y me hablaba a mí, hablaba en voz baja, sin mirarme y en el tono casual con que uno se dirige a un sujeto peligroso o a un chico trepado a una cornisa; pero yo estaba como a un metro de mí mismo y lo veía beber. Y el que se emborrachaba por mí, o más exactamente por los dos y hasta por el mundo en general, era el otro. Otro con mi nombre y mi cara…”, narra Abelardo Castillo, en alusión al mundo de aberraciones en el que  llega a vivir el alcohólico.

Se cuenta, hasta el detalle, el actuar simulador de ese bebedor, su proceder como supuesto dueño de las situaciones y los miedos interiores que le embargan cuando, luego de un estado casi de letargo total, ya causa de la ingestión, olvida todo cuanto ha hecho.

Como dice en su nota de presentación la Editorial, el alcoholismo de Esteban Espósito, lindante con la locura, es “… una lúcida y penetrante indagación de la realidad. El personaje, que se debate entre las angustias y las culpas cotidianas en la búsqueda de lo inexistente, asiste a su propia degradación, que lo lleva a las salas de un manicomio…”.

En estos tiempos, en que por desgracia no se encuentran libros que se acerquen tan certeramente a la triste realidad de un mal que no discrimina edades y en muchos casos, ni sexo, valdría la pena dedicarle una mirada profunda a textos como El que tiene sed.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo