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Publicado el 13 Abril, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Aquí la tv: De pronto todo se le aclaró

Los nexos entre la literatura y el cine trascienden comparaciones lingüísticas, narratológicas o semióticas, incluso la relación entre la obra original y la puesta en pantalla; lo esencial, lo productivo, es que ambas permitan explorar una poderosa ilusión de vida en las tramas respectivas.
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De forma esporádica Multivisión presenta Cine de aventuras e Íconos del celuloide, domingos, 4:25 p.m. y 6:30 p.m. (Foto: rediorebelde.cu).

Por SAHILY TABARES 

En la actualidad si ya no se lee ni se escribe como antes tampoco se puede ver ni representar como antes, la visualidad electrónica entró a formar parte del universo cultural, pues existen otros espacios y tiempos para una nueva era, que comienza en el cine, sigue con la televisión, continúa en el hipertexto multimedia.

Dada la infinidad de historias surgen disímiles relatos audiovisuales. Las personas están sometidas a sistemas de producción massmediáticos, en los cuales predominan la representación de símbolos y una amplia gama de formas expresivas.

Los nexos entre la literatura y el cine trascienden comparaciones lingüísticas, narratológicas o semióticas, incluso la relación entre la obra original y la puesta en pantalla; lo esencial, lo productivo, es que ambas permitan explorar una poderosa ilusión de vida en las tramas respectivas.

En la Televisión Cubana existen programas que destacan los referidos vínculos de manera habitual, Letra fílmica (Canal Educativo, martes, 9:30p.m.), otros los presentan de forma esporádica, entre ellos, Cine de aventuras e Íconos del celuloide (Multivisión, domingo, 4:25 p.m. y 6:30 p.m.). La necesidad de contar historias para satisfacer el interés del auditorio y las exigencias del mercado han sido poderosas fuerzas matrices en la transformación del discurso narrativo; a veces, en búsqueda de renovación y ruptura o de continuidad y códigos experimentales.

Cada historia, ya sea literaria, cinematográfica o televisiva, exige del espectador ingenioso una lectura asociativa capaz de relacionar el punto de vista del escritor y las diversas herramientas del relato. La puesta cinematográfica demanda atención al montaje, el sonido, los movimientos de cámara y la iluminación. En esencia, se trata de comprender cada detalle no solo para reír o llorar, sino con el propósito de favorecer una lectura cruzada de componentes que interactúan en la producción narrativa.

En el siglo XXI, la experiencia audiovisual propone nuevos lenguajes, destrezas y escrituras, los cuales conforman la complejidad cultural del mundo, la actualización técnica y la competencia comunicativa para la interpelación-construcción de diferentes públicos, sí, en plural, de ahí la importancia de pensar en franjas por horas y edades, temáticas y expresividades.

Al estimular la cultura como proyecto que atraviesa todos los contenidos y los géneros se establecen jerarquías, no de manera impositiva, sino para contribuir a la construcción de saberes y conocimientos. Los clásicos de la literatura se leen en las cinematografías con mirada aguda y disfrute total. Lo importante es favorecer el vínculo de la creación cultural con “sus” públicos, atraer a la mayoría, seducirla, replanteando así el concepto de separación entre prácticas creativas y consumo.

Los espacios dedicados al cine en la televisión y otros que exhiben series o cuentos inspirados en textos literarios contribuyen al redescubrimiento de sedimentos identitarios, valores éticos y estéticos; en ellos, lo trascendente es lo que realmente cuentan, la coherencia, la valía del producto-mensaje, el tratamiento novedoso.

En todas las épocas siempre hubo guionistas, productores, directores, actores y actrices que se sintieron estimulados por la tradición literaria. Quizás fueron motivados por ideas, aprendizajes, teorías, tesis y perceptivas de maestros imprescindibles, inspiradores de películas inolvidables. Uno de ellos es el ruso Antón Chéjov, referente para quien pretenda contar relatos de larga permanencia en la memoria y en el alma. Para él, todo cuento depende de una zona implícita, aludida, pero no expresada. Como ha reconocido el narrador mexicano Juan Villoro, “Hemingway ilustró esta forma de composición con la metáfora del iceberg: el soporte del relato está bajo el agua, no se ve, pero se advierte”.

¿A usted una película o un libro lo han hecho comprender intrigas o dilucidar enigmas? Quizás sintió que “de pronto todo se le aclaró”, esta cita de Chéjov es elocuente, pues su claridad y revelación implícitas entrañan disfrute, conmoción, como solo lo consiguen los productos de artisticidad para ser disfrutados en los libros o las pantallas de cualquier tamaño. En unos y otras, la imagen demandará a un lector implicado intensamente para ser copartícipe de lo que se narra y subyace en el silencio estremecedor.

 

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