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Publicado el 30 Abril, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: El vórtice de la experiencia

Con independencia del dominio de saberes sobre patologías, entre otras cuestiones médicas, el creador de la serie Sala de Urgencias, junto al colectivo técnico y artístico, asume que el relato es una jerarquía de instancias.

Por SAHILY TABARES

Actores principales de Sala de Urgencias.

Actores principales de Sala de Urgencias. (Foto: urban360.com.mx).

Las situaciones límites derrotan, fortalecen, debilitan o motivan el crecimiento de cada persona. ¿Qué hacer ante el apremio de un accidente o de la muerte inminente? ¿Cuál debería ser la reacción ante el dolor de la pérdida, la falta de sensibilidad de los otros, la recuperación inesperada de una enfermedad maligna?

Al parecer, no existen normativas ni formas predecibles para responder a dichas interrogantes. Así lo atestigua la serie estadounidense Sala de urgencias (Multivisión, de lunes a viernes, 9:25 p.m.), creada por uno de sus productores ejecutivos, el médico, escritor y cineasta Michael Crichton (1942-2014).

El relato aborda hechos que ocurren en la sala de urgencias del hospital ficticio Country General en el condado de Cook, cerca de Chicago, así como la vida de pacientes y de médicos en dicha institución.

Estos temas han inspirado a realizadores en varios países, lo relevante de esta puesta estriba en la libertad de su no sometimiento a la condición de “verdad” de lo “real”, en tanto deviene escenario de insólitas transfiguraciones e inesperadas causalidades, las cuales siempre responden a signos de verosimilitud.

El equipo creativo es consciente de peculiaridades creadas para esta historia, en la que producen nexos de comprensión, cercanía; evaluación, rechazo o aceptación con el universo vital propio y ajeno. Durante la continuidad de los capítulos hilvanan episodios que se entrecruzan con acciones subordinadas a la trama central.

En Sala…, se reafirma una perceptiva dramatúrgica esencial, ni el diálogo más eficaz, ni el más intenso, hace avanzar una trama, solo puede lograrlo la acción del personaje o tipo. ¿Cómo reaccionó la enfermera Samantha Taggort (Linda Gardellini) cuando tuvo que asistir al hijo adolescente en estado de coma?, ¿Qué hizo el doctor Archie Morris (Scott Grimes) al recibir sorpresivamente sus pertenencias en un camión de mudanza? Ambos decidieron con actitudes y conductas, de lo contrario los conflictos respectivos se hubieran diluido en el relato ficcional sin la mayor trascendencia.

Por su parte, los espectadores mantienen el espíritu crítico, la mirada atenta, no están solos ni aislados, dada una mediación compleja de instancias comunicativas y proposiciones que les plantea diversas formas de apasionarse, pues en la esencia de todo acto narrativo ocurren transformaciones de sentido en tanto hecho intersubjetivo y otra forma de realidad.

Con independencia del dominio de saberes sobre patologías, entre otras cuestiones médicas, el creador de la serie junto al colectivo técnico y artístico, asumen que el relato es una jerarquía de instancias. Comprenderlo implica reconocer “estadios”, proyectar encadenamientos del “hilo” narrativo sobre un eje implícitamente vertical. Leer, escuchar, interiorizar un relato requiere no solo pasar de una palabra a otra, sino ir de un nivel a otro, descifrar códigos, sensaciones experimentadas durante la presentación en pantalla.

En este sentido resulta esencial la concepción de la escena, hecho único que ocurre en determinado tiempo y lugar e ilustra la cualidad gráfica de la historia, su capacidad de persuasión. En Sala de urgencias se vive “escénicamente”, a ello contribuyen actores y actrices mediante concentración, sentido de verdad en circunstancias dadas, estado mental creativo, trabajo con los sentidos, lógica y credibilidad, según enseñó el sabio Stanislavski. Lo que dicen y cómo lo dicen, todo está pensado en función de la trama.

Cada elemento se coloca en el vórtice de la experiencia para que los públicos sientan un continuo proceso en desarrollo, a veces con fines inciertos o predecibles, tal como ocurre en la vida de cualquier ser pensante.

El dolor, la angustia, la muerte, son experiencias emocionales significativas, trasladadas al audiovisual recrean lo extraordinario en lugar de lo ordinario, lo general en lo particular; estimulan la imaginación, el compromiso, lo profundamente reflexivo para entender mejor conflictos, situaciones, incidentes, dudas, tensiones emocionales, que son inseparables de cualquier humano en la tierra.

Nunca se piense que la ficción audiovisual de artisticidad –entendida como sistema de rasgos esenciales que diferencian cualitativamente a la apropiación artística de otros modos sociales de conocimiento–, es la existencia vivida, sino otra vida, la cual contribuye a comprender la propia y la ajena con propósitos edificantes, de incentivo vital.

 


Sahily Tabares

 
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