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Publicado el 26 Abril, 2016 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

DANZA: Regalo de un hijo pródigo

Debuta en la escena cubana y mundial la compañía danzaria del destacado bailarín cubano Carlos Acosta. El escenario del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso acogió los días de funciones de los programas contemporáneo y clásico

 

Por ROXANA RODRIGUEZ TAMAYO
Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Laura Treto y Luis Valle, La Carmen y el Escamillo de Carlos Acosta.

La Carmen, de Carlos Acosta, en La Habana, más cerca del aire de lo cubano: Laura Treto (Carmen) y Luis Valle (Escamillo).

Hace apenas unos cuatro meses aquellos que transitaran por la calle Línea, en las intercepciones entre 4 y 6, del habanero Vedado, advertían un paisaje inusual tras las vidrieras de una antigua tienda de efectos electrodomésticos: danzantes en plena acción intentando echar adelante un proyecto anhelado.

Muchos –como esta reportera– no imaginaron que esas horas de exposición pública tendrían su colofón unas semanas después en una excepcional temporada en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Y aquello que parecía una quimera a finales de 2015, ya era una realidad evidente con la compañía Acosta Danza, fundada y dirigida por el bailarín y coreógrafo Carlos Acosta Hernández (1973).

Reconocida en todo el orbe, la trayectoria artística de Carlos Acosta impresiona desde hace más de dos décadas y ha marcado pautas por su talento, dominio de la técnica y extraordinarias condiciones físicas. El chico inquieto y mimado del Royal Ballet, de Londres, y el Ballet Nacional de Cuba, de La Habana, decidió explorar nuevos derroteros en el ámbito de la danza y dar rienda suelta a las probadas aptitudes coreográficas que lo cortejan.

Conformada por 25 bailarines, de 12 previstos inicialmente, este es un colectivo que pudo reportar dividendos en cualquier sitio del planeta, pero su artífice, en un gesto de reconocimiento y amor a su país y sus gentes, prefirió concebirlo justo aquí para agasajar aún más nuestra tradición danzaria y la cultura toda.

Intérpretes de distintas formaciones, en lo clásico y/o contemporáneo, exhibe la nómina integrada por creadores notables, en su mayoría primeras figuras provenientes del Ballet Nacional de Cuba (BNC), ProDanza, el Ballet de Camagüey, Danza Contemporánea de Cuba (DCC) y la Escuela Nacional de Ballet.

Premier en escena

Rafael Amargo, artista español invitado a la puesta de Carmen.

El artista invitado, Rafael Amargo, en un momento de la juerga flamenca de Carmen.

Casi siempre a la sensación de renacimiento interior que se siente tras disfrutar un espectáculo de cualquier expresión artística, se suman un aluvión de inferencias, reflexiones, juicios que definen el carácter transitorio o imperecedero de esa obra y sus intérpretes. La selección coreográfica contemporánea y clásica con que debutó mundialmente la compañía, se alzó como una de esas propuestas signadas a perpetuarse en el corazón y en la memoria.

Con gran expectación aguardó el público antillano y los visitantes foráneos el debut del colectivo que sorprendió con una estética desacostumbrada en nuestros predios, al refrendar un concepto capaz de imbricar, con total maestría, los elementos técnicos de la danza contemporánea y los del ballet clásico, a partir de un sentido innovador de asumir el arte danzario.

Bailarinas y bailarines, de fisonomías y biotipos diversos, mostraron perfección y excelencia, y aun con el escaso tiempo de preparación para el espectáculo primigenio, dieron fe del ingenio, la entrega y el rigor que los une como grupo.

La energía y la expresividad disfrutadas y sentidas desde la escena con la actuación de este equipo humano joven y a la vez, emprendedor, puso de manifiesto las posibilidades interpretativas y técnicas que caracterizan a cada uno de sus miembros como individualidad y por si fuera poco, legitimó el estilo y la tendencia que los definirá en lo adelante.

La excelencia de los estrenos y las reposiciones vistos en estos días demuestran el universo de perspectivas creativas y coreográficas de Acosta Danza a medio andar entre la espiritualidad de la zapatilla en puntas, el arrojo inspirador de lo contemporáneo y cuanta modalidad sea posible amalgamar en el arte de los pasos y compases.

Fauno, del belga Sidi Larbi Cherkaoui.

Expresivo instante de Fauno, del belga Sidi Larbi Cherkaoui, reconocido como uno de los más importantes referentes de la danza contemporánea hoy.

Sugerente resulta la combinación gestual y visual que alcanzan en cada paso, en cada movimiento, conectados, muchas veces, a espectaculares ejecuciones acrobáticas, punteadas de artisticidad y matizadas de una concepción escénica minimalista que apuesta por resaltar el virtuosismo de los intérpretes.

Como hijo pródigo en su tierra, Acosta –en calidad de director artístico– obsequió un espectáculo con un repertorio de lujo que abrió con Alrededor no hay nada, del notable coreógrafo y bailarín español Goyo Montero, presente en la velada. Esta pieza de singular plasticidad y atractivo, no sigue la pauta habitual de la música, cada uno de los bailarines narra con sus cuerpos historias diferentes y danzan al ritmo de los poemas del ibero Joaquín Sabina y el brasileño Vinícius de Moraes, recitados en sus propias voces.

De punta a cabo, del antillano Alexis Fernández (Maca) fue un estreno que aludió al mestizaje cultural e identitario de los cubanos, a partir de una composición coreográfica amalgamada de estilos y simbolismos que se apoya en la fusión de sonoridades a partir de La bella cubana, de José White, y transita por el jazz latino, el hip hop, la música electroacústica y otros géneros sonoros contemporáneos.

El baile en pareja alcanzó instantes de excelencia con dos obras valiosas. Fauno cautivó por su sensualidad y sentido alegórico. Esta pieza, del belga Sidi Larbi Cherkaoui, estuvo interpretada por Yanelis Godoy y Julio León (exbailarines de Danza Contemporánea de Cuba), y se estrenó en 2009 como parte de un encargo del teatro Sadler’s Wells de Londres para que fuera incluida en la gala homenaje por el centenario de los Ballets Rusos, desde entonces no ha dejado de seducir a quienes la descubren.

Instantánea de Cruce sobre el Niágara, del dramaturgo peruano Alonso Alegría.

Impresionante armonía de movimiento exhibió Cruce sobre el Niágara, una coreografía que se inspira en la obra teatral del mismo nombre del dramaturgo peruano Alonso Alegría, Premio Casa de las Américas en 1969.

El dúo de los jóvenes Mario Sergio Elías y Raúl Reinoso encarnó magistralmente Cruce sobre el Niágara, de la destacada bailarina y coreógrafa Marianela Boan, y estrenado por DCC en 1987. En la selección de Première, la composición no se aparta del estilo de su creadora y los danzantes ofrecen un perfilado trabajo escénico.

La esperada versión de Carmen, concebida por Carlos Acosta y que debutara el año pasado en la Royal Opera House de Londres, por el Royal Ballet, demostró que las joyas son eternas. La música de Georges Bizet estuvo laudablemente interpretada por la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, bajo la batuta del maestro Giovanni Duarte, y preservó ese halo que singulariza al clásico.

Los roles protagónicos corrieron a cargo de Laura Treto (exbailarina de DCC), en el personaje de Carmen; Don José, lo asumió Javier Rojas, recientemente egresado de la Escuela Nacional de Ballet de Cuba; y Escamillo fue caracterizado por Luis Valle, proveniente del Ballet Nacional de Cuba.

En esta composición coreográfica de Carmen en un acto, Acosta compendia la historia de pasiones, celos, venganza y despecho, inspirada en la novela homónima de Prosper Mérimée y armoniza el lenguaje danzario con elementos del ballet clásico, la danza contemporánea y el flamenco, este último desde la teatralidad que solo sabe imprimirle el coreógrafo y bailarín español Rafael Amargo. Pero aun con el virtuosismo de los bailarines y un concepto escénico que pretende cargarse de la esencia y el espíritu cubanos, todavía es una pieza que puede dar y explorar más.

Con Acosta Danza, su principal mentor no solo se revela como coreógrafo audaz, dispuesto a dialogar de todas las formas posibles desde la pluralidad del arte danzario, sino también que hace palpable su propósito de andar y crear en comunión con artistas excepcionales.

 


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez