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Publicado el 29 Abril, 2016 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

Entre tinajones y coches

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Por PEDRO ANTONIO GARCÍA
Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

La gala de clausura de la Feria de Bayamo, en la Plaza de la Revolución.

Una vez más el Casino Campestre acogió la Feria del Libro en la ciudad de Agramonte. En una ocasión la fiesta cultural se trasladó a la calle República y ello no complació a los camagüeyanos, por lo que retornó a su sede tradicional. Allí se ubica el Centro Cultural Casino, donde radica lo que se conoce como “la librería abierta”, especie de pabellón central del evento que oferta las principales novedades, y en cuyos altos, nombrada “la cima”, se halla el salón de protocolo donde se celebra el programa académico.

Aledaño al Centro, en el parque a cielo abierto, aparte del pabellón infantil con un gran payaso sonriente en la puerta de entrada, están otros sitios de venta entre los que se intercalan quioscos de gastronomía que a precios mucho más módicos que otras capitales ofertaban granizados, paleticas de helados, frituras, rositas de maíz. Pero ¡ay!, una vez degustado un sabroso granizado de menta, los reporteros de BOHEMIA no encontraron cesto de basura alguno donde echar el recipiente. “Échenlo en el piso”, nos convocaron algunos.

Encontramos a madre e hija, Mellendé Armada y Heilen Ramos Armada, cargadas de libros, abandonando una de las carpas al aire libre. “Mejor que otros años, mire son casi las cuatro de la tarde y todavía hay diccionarios que en otros años se acababan en las primeras horas”, dice la mayor. Heilen, por su parte, exhibía su compra de La Bella durmiente y otros cuentos de Grimm: “¿Por qué este año no vendieron Había una vez?”.

La historiadora Elda Cento (a la izquierda) homenajeada por su Camagüey.

Para la doctora Elizabeth Pino, médica general integral del hospital militar citadino, la feria ha sido espectacular hasta ahora. Cobijaba en sus manos los diccionarios Básico Escolar y de sinónimos así como Frases para personas muy especiales. “Solo tengo una insatisfacción: he visto poco sobre el género de aventuras, como en otros años”.

Nubia Sánchez e Idelmis Vergara son dependientas contratadas de las librerías Piti Fajardo y Nicolás Guillén. “Se han vendido muchos diccionarios, textos de religiones africanas; Joy, de Daniel Chavarría; Reto a la soledad, de Villavicencio. Muchos títulos para jóvenes, sobre la crisis en la adolescencia y los enigmas de la sexualidad. Pero nos quedamos con la demanda insatisfecha de los libros de cocina, la biografía de Raúl, la novela de George Orwell, 1984”.

Según Isaac Licor, director del Centro Provincial del Libro, se pusieron a disposición de los lectores más de 150 mil ejemplares de unos mil 400 títulos. Además del recinto ferial funcionaron como sitios de venta dos librerías de la ciudad, la Plaza del Gallo y solo los tres primeros días, cuatro sedes universitarias. Dentro del intenso programa académico se incluyó el homenaje a la docente e investigadora Elda Cento, Premio Nacional de Historia, quien además impartió una conferencia sobre el abolicionismo desde una óptica camagüeyana.

A Bayamo en auto

Una de las carpas levantadas en el agramontino Casino Campestre.

Tras abandonar Camagüey y pasar una breve estancia en Las Tunas, donde fueron recibidos con la hospitalidad de siempre, los reporteros de BOHEMIA se llegaron a Bayamo. En todas partes, ya fueran las fachadas de las bodegas y de las casas, los parabrisas de los autos, los carteles promocionales de las avenidas, podía leerse: “Fidel entre nosotros. Conectados por la historia”, en homenaje a su aniversario 90. Alrededor de la Plaza de la Revolución funcionaban 12 sitios de venta, aunque las novedades solo se hallaban en la librería Ateneo, el vestíbulo de la sede del Gobierno municipal y en la Casa de la Cultura.

En estos tres últimos lugares, podían apreciarse pequeñas colas a la entrada. Los historiadores trinaban (en esta provincia hay un activo y muy productivo movimiento de investigadores de esa ciencia), porque había muy poco de historia y literatura. Pero las madres de niños pequeños salían de los sitios de ventas muy satisfechas, con sus cuadernos para colorear, pancartas de matemáticas y libros de literatura infantil, como Misleidis Argote, médica del policlínico 13 de Marzo, y su hermana Leidis, cuentapropista. “Hay bastantes ofertas y no hay matazón de gente como en otros años”.

Helen y Jennifer al principio no quisieron revelar sus nombres pero la hermanita de una de ellas las delató a BOHEMIA e incluso nos informó de su escuela, la Secundaria Urbana Ñico López, del reparto Jesús Menéndez. Llevaban en sus bolsas Ciencifantásticos, Romeo y Julieta y El barco fantasma, entre otros títulos que no pudimos leer. “Muy buena”, opinaron sobre la feria. Detrás de las niñas, de la librería Ateneo salieron Amarilys Leiva y su hija Aidalenis. “Hay libros baratos para niños, se pueden comprar”, nos confesó la madre. La pequeña había adquirido cuadernos para colorear, pancartas y el volumen ¿Cuánto cuestan los abuelos?

Uno de los sitios de venta habilitados en Bayamo.

Al dialogar con Dalgis Castillo, directora del Centro Provincial del Libro, en su oficina, supimos que a Granma solo habían llegado unos 500 títulos y 52 mil volúmenes. “Títulos que vienen con cinco o siete ejemplares… Hicimos gestiones, nos fuimos al Poligráfico de Palma Soriano, en La Habana contactamos con las editoriales. Afrontamos problemas con el transporte pero el jueves por la noche llegó de la capital un service y los libros ya hoy (sábado) se pusieron a la venta”.

Dentro del programa académico, la Casa de la Nacionalidad sirvió de sede a los paneles Esclavitud, mestizaje y nacionalidad, a cargo de los historiadores Idelmis Mari y Aldo Naranjo, y Mirada a la situación de los negros durante la neocolonia, con las investigadoras Dayamí Rodríguez y Sonia Tomás como panelista. Se produjeron dos emocionantes momentos en las presentaciones de libros: el de Los tigres de Cangamba, de la autoría de Rafael Ramos, uno de los protagonistas de esa épica batalla, y que contó con la presencia de Fidencio González Peraza, héroe de esa acción de guerra; y Celia, mi mejor regalo, de Eugenia Palomares quien aborda aspectos poco conocidos de la vida de la Heroína porque pasó al lado de ella su infancia.

La gala de clausura, con guion y dirección de Mirelys Echenique, celebrada en la Plaza de la Revolución, tuvo como hilo conductor un mimo, un payaso y una muñeca que en diferentes cuadros artísticos nos llevaron desde el folclor afro hasta los clásicos europeos y populares de nuestros días.

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Pedro Antonio García

 
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