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Publicado el 13 Abril, 2016 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

Holanda, la mujer y el mar

Una semana fílmica de este país europeo se desarrolló en la capitalina sala 23 y 12, del Vedado
Frank Lammers en el protagónico de El almirante.

Frank Lammers en el protagónico de El almirante.

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA
Fotos: CORTESÍA Icaic.

Si de algo hace gala de justa ostentación el cine holandés es de su capacidad de narrar historias de forma amena. Y lo visto aquí en la semana fílmica recién concluida no constituyó una excepción. Como ese país, según las tarjetas postales y la propaganda turística, se caracteriza por los tulipanes, los molinos de viento y los diques, no es de extrañar que el mar sea un protagonista más de las cintas exhibidas durante la muestra. Junto con otro símbolo, si no holandés, al menos universal: la mujer.

El almirante (Roel Reiné, 2015) está basada en la vida real, en la de Michiel de Ruyter, un marino genial que con su talento evitó que Inglaterra y Francia se engulleran a Holanda y la hicieran desaparecer como nación en el siglo XVIII. A pesar de sus presupuestos de superproducción y la presencia como director de fotografía de Rogier Stoffers (Mongol), como obra artística no trasciende de aquellas cintas de piratas protagonizadas por Errol Flynn, aunque como entretenimiento es un éxito para ciertos públicos; y desde una óptica histórica, nunca antes en la pantalla se había descrito con toda crudeza la personalidad de Guillermo de Orange, el neerlandés que subió al trono británico como William III.

La sorpresa (Mike van Diem, 2015) es una comedia sentimental que bordea el humor negro y arranca elogios de distintos públicos. Bien pudiera haberse llamado “Las tribulaciones de un holandés en Holanda”, porque está inspirada en el clásico de Julio Verne acerca de un multimillonario que paga para que lo asesinen, solo que en la novela es un chino y en esta versión, un coterráneo de Van Gogh y Rembrandt.

La sorpresa, una excelente comedia sentimental.

La sorpresa, una excelente comedia sentimental

El día que estaba escogiendo su ataúd conoció a una muchacha (personaje caracterizado por Georgina Verbaan, quien con esa actuación se apropió de un Becerro de Oro, el Oscar holandés), que andaba también fisgoneando entre los sarcófagos. Como puede predecirse, tras conocer a la damita, el candidato a cadáver pretendió una prórroga, rechazada por los asesinos a sueldo, se inicia una persecución implacable y es entonces cuando sobreviene la sorpresa que da título al filme.

Verano (Colette Bothof, 2014) trata sobre el descubrimiento del sexo de una adolescente en un pueblo perdido en la geografía neerlandesa, en donde prima una mentalidad decimonónica aun en pleno tercer milenio. Y ese descubrimiento es con alguien de su mismo sexo. Sin la profundidad de otros filmes sobre este tema (Perdidas y lujuriosas, por ejemplo), Bothof apela con profesionalidad a la comedia sentimental, con mucha mesura para no alarmar a los mojigatos y un buen manejo del ritmo narrativo, para que los espectadores no huyan de la sala, y al final, como diría Pangloss, el célebre personaje de Voltaire, vivimos en el mejor de los mundos posibles.

Sangre, sudor y lágrimas (Diederick Koopal, 2015), también está basada en la vida real y es una historia más sobre un cantautor, una especie de Elvis Presley holandés, que como el chico de Memphis se debate entre la adicción al alcohol y las quinceañeras. Un espectador no holandés, desconocedor de los avatares de Andre Hazes (1951-2004), a veces se pierde en las rupturas narrativas (se narra en tres tiempos: niñez, juventud y cincuentenario en el ocaso)

Otras dos cintas, relacionadas con la mujer, se exhibieron en la muestra: La tormenta (Ben Sombogaart, 2009) sobre una madre soltera cuyo hijo queda atrapado en su casa tras la ruptura de los diques; y Soof (Antoinette Beumer, 2013), acerca de una exitosa mujer como empresaria, madre y esposa que comienza a cuestionarse su vida a los 40.  Además de dos filmes para adolescentes, El pequeño gángster (Arne Toonen, 2015) y Finn y la magia de la música (Frans Weisz, 2013) que se mueven en la cuerda de las películas Disney.

Sin ningún filme trascendente, pero todos entretenidos y elogiados por los espectadores que acudieron a la capitalina sala 23 y 12, esta Semana de cine holandés con títulos muy recientes sirvió para hacernos pasar un buen rato, y, además, informarnos de parte de lo que se está haciendo en la tierra de los tulipanes.

 

 


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García