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Publicado el 31 Mayo, 2016 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

La Habana bien vale un estreno

En esta edición se proyectaron 19 filmes del último trienio, la mayoría aún no vistos en Cuba, y varias reposiciones de clásicos
Marine Vacth en Joven y bella.

Marine Vacth es Isabelle en Joven y bella.

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Cortesía del Icaic

Un rey francés, a quien le reprochaban el haberse convertido al catolicismo para consolidarse en el trono, dijo simplemente: “París bien vale una misa”. Parafraseando al monarca, los realizadores Christophe Barratier (El outsider) y el trío Cyril Barbançon, Andy Byatt y Jacqueline Farmer (Huracán) promovieron el estreno mundial de sus largometrajes en el 19º Festival del Cine Francés en Cuba (Fcfc), semanas antes de su primera proyección pública en Francia, conscientes de lo conocedores del séptimo arte que son los espectadores cubanos y la emotividad que expresan cuando les gusta o disgusta una obra.

El outsider fue seleccionado para inaugurar el Fcfc. Título menor en la filmografía de Barratier (El Coro, París 1936, La nueva guerra de los botones), está basada en un hecho real y aunque tiene no pocos puntos de contacto con el Wall Street, de Oliver Stone, y El capital, de Costa Gravas, se queda muy por debajo de ellas. Huracán vivisecciona uno de los fenómenos meteorológicos más destructores del planeta. Formidable documental, todo en él (guion, fotografía, montaje) merece igual calificativo.

Mustang (Deniz Gamze Ergüven, 2015), tal vez lo mejor de la muestra, aborda la tragedia de cinco hermanas en una aldea del norte de Turquía, bajo la tutela de su abuela y un tío libidinoso, que sacia su lujuria con las sobrinas y a la vez les “respeta” su virginidad para poder entregarlas en matrimonios concertados. La cinta no cae en erotismos gratuitos ni pornografía barata, ofrece pistas a base de sugerencias que el espectador ha de estar atento para aprehenderlas. El nivel de actuación de las niñas revela la mano segura de esta realizadora francesa de origen turco, en su ópera prima y de quien cabe esperar grandes cosas en un futuro.

Filme La profesora de historia.

La profesora de historia. Los problemas de la adolescencia y el reto del magisterio en la Francia neoliberal.

Joven y bella (François Ozon, 2013), Bandas de chicas (Céline Sciama, 2014) y La profesora de historia (Marie-Castille Mention-Schaarm, 2014) también tratan sobre la adolescencia. Considerado el gran provocador del cine francés (aquí hemos visto de él La piscina y El refugio), Ozon ahora nos muestra a una joven universitaria de clase media acomodada, quien se dedica a la prostitución.

El realizador no es un moralista y no trata de justificar ni condenar la actitud de Isabelle (Marine Vacth, excelente en su primer protagónico, aunque ya había trabajado bajo la batuta de Cedric Klepish en Mi pedazo de pastel). Deja que los espectadores saquen las pertinentes conclusiones: ¿se prostituye la adolescente para reafirmar su poder como hembra más allá de la sexualidad, como afirma una colega? ¿Por el goce de la aventura, de una experiencia interesante? La muchacha, más prosaica, afirma dentro del filme que casi nunca siente placer con sus clientes y que lo hace por dinero. ¿Hablamos también de la pérdida de valores en el Primer Mundo?

Bandas de chicas nos traslada a los barrios periféricos en los que otra adolescente, hija de emigrantes africanos, no puede acceder a la enseñanza media por su mala base educacional y se involucra con el narcotráfico. En La profesora de historia, un filme que por sus valores merece una reseña entera por sí sola, cambia la perspectiva: la óptica es desde una maestra que ama su profesión, quiere y logra otros horizontes para sus educandos, mirando la historia.

En ambos filmes resaltan dos nuevas revelaciones del cine francés: Ahmed Dramé (Malik, en La profesora…) procede de la televisión y sin dudas tiene mayor kilometraje que Karidja Touré (Marianne, en Bandas…), actriz no profesional, con un aura que recuerda a aquellos intérpretes del neorrealismo italiano de principios de los 50.

Las cintas históricas también tuvieron su espacio en el 19º Festival. Conexión Marsella (Cédric Jiménez, 2014) nos traslada a los años 70 y a la lucha contra el tráfico de drogas en ese puerto sureño. Diplomacia (Volker Schlöndorff, 2014) nos lleva más allá en el tiempo: los alemanes ocupan París, las tropas aliadas se acercan a la ciudad y el loco de Hitler ordena destruirla, no sin antes saquear obras pictóricas de sus principales museos.

El filme carece de suspense porque todos sabemos el final de la historia, pero vale la pena ver a André Dussollier, en excelente forma, interpretando al cónsul sueco que convence al general nazi de desobedecer la orden. Nota al margen: en la vida real, el teutón preservó la vida al salvar a París, pues sus captores anglonorteamericanos no lo extraditaron a la otrora Unión Soviética, donde había perpetrado genocidios en Sebastopol y Odessa.

Tal vez Mustang, haya sido lo mejor de la muestra.

Mustang, tal vez lo mejor de la muestra, cinco niñas atrapadas en una sociedad fundamentalista.

Del resto, La ley del mercado (Stéphane Brizé, 2015) es un filme nada complaciente, pero necesario y bien facturado. Vincent Lindon está soberbio en su protagónico. Marguerite (Xavier Giannoli, 2015), excepto la multipremiada Catherine Frot; El precio de la fama (Xavier Beauvois, 2014), a pesar de Peter Coyotte, Chiara Mastroianni y Dolly Chaplin; y Edén (Mia Hansen-løve, 2014), al que le precedían grandes elogios, resultaron decepcionantes. La próxima vez apuntaré al corazón (Cédric Anger, 2014) es el tradicional thriller sobre un asesino serial que estamos cansados de ver, aunque se salva por la actuación de Guillaume Canet.

No podían faltar las comedias sentimentales. Por primera vez (Maxime Govare, Noémie Saglio, 2015) se burla del conservadurismo sexual pequeño burgués y la homofobia: original que sea un homosexual el que salga del closet y devenga hetero tras una noche lujuriosa con una sueca. La familia Bélier (Eric Lartigau, 2015), en carácter de reposición, volvió a conmover y hacer reír a muchos espectadores en la sala 1 del Multicine Infanta y en el Chaplin

De los clásicos restaurados, se disfrutó ver en la plenitud de sus colores, entre otros, al French cancan, de Jean Renoir, Capitan Conan y La vida y nada más, ambas de Bernard Tavernier, y por supuesto, Los paraguas de Cherburgo, de Jacques Demy, cinta que convocó a más de un nostálgico a la sala La Rampa.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García