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Publicado el 24 Mayo, 2016 por María Victoria Valdés Rodda en Cultura
 
 

PALMIRA: La novia del desierto

Las autoridades sirias piensan reconstruir la ciudad en cinco años con las propias piedras del lugar. (TeleSUR.tv.net)

Las autoridades sirias piensan reconstruir la ciudad en cinco años con las propias piedras del lugar. (TeleSUR.tv.net)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Hermosísima en medio de la amplitud del desierto sirio de Badiyah ash-Sham, la ciudad de Palmira se niega a dejar de ser historia. A los más de dos mil años de antigüedad debe sumársele ahora la vetusta resistencia de sus piedras frente la depredación de un terrorismo que se ha enemistado incluso con las ruinas de una civilización importante. Por fortuna el avance del ejército sirio la salvó casi milagrosamente de la destrucción total. Y habría sido una lástima para el mundo entero, pues este monumento de extraña perfección fue declarado en 1980 Patrimonio de la Humanidad. Merece ese y otros títulos.

Al caminar por La Habana colonial, y también por otras zonas colindantes, el transeúnte o visitante ocasional puede admirar el goteo de columnas de los más diversos estilos. Es este un regalo visual para las personas ansiosas de detalles enaltecedores, muy estimulantes para la vida. Esta reportera se complace en disfrutar de semejante paisaje. Entonces, en un ejercicio de imaginación puede llegar a interpretar las diversas emociones que deben embargar cuando el escenario de fondo multiplica las columnas romanas en cientos de veces, colmando un mar de altos puntales entre la limpieza de la arena y el cielo.

Por suerte, antes de la irrupción del terrorismo muchos tesoros de Palmira se trasladaron a lugares seguros en Damasco. (TeleSUR.tv.net)

Por suerte, antes de la irrupción del terrorismo muchos tesoros de Palmira se trasladaron a lugares seguros en Damasco. (TeleSUR.tv.net)

En el centro de Siria, en la provincia de Homs, hubo durante mucho tiempo atrás un significativo enclave del Imperio romano donde se les rendía culto a los dioses occidentales además de venerar las deidades orientales como Baal. Quedan allí todavía vestigios de un templo dedicado a él, señor todopoderoso de la fertilidad, que se creía era capaz de concederle a la tierra cosechas y niños, fuente de futuro.

Se dice que gracias a ese maná, Palmira pudo perpetuarse hasta los días de hoy. Fue considerada como una joya no solo por la arquitectura monumental, tan acorde con las urbes de Roma, se le tuvo en alta estima asimismo porque constituyó un oportuno paraje para proveerse de agua, en una región donde escaseaba, y también diversas mercancías por estar justo en el cruce de civilizaciones, en plena ruta de las caravanas, incluida la de la seda.

Una pequeñísima estatuilla de tres mil años de antigüedad, entre los tesoros más valiosos. (TelesSUR.tv.net)

Una pequeñísima estatuilla de tres mil años de antigüedad, entre los tesoros más valiosos. (TelesSUR.tv.net)

El mundo moderno se ha encargado de ensalzar únicamente a la ciudad monumento como patrón de arquitectura occidental, y subraya su auge romano, pero hay que justipreciar el linaje de este lugar desde otras miradas. Utilicemos para ello el criterio del historiador británico Tom Holland, quien en su libro A la sombra de las espadas dijo: “Palmira es la expresión más bella de la mezcla de culturas de la Antigüedad en Oriente Próximo de la que acabaría por nacer el Islam”. Más recientemente en su cuenta de Twitter, el intelectual aboga para que la mítica reina de Palmira, Zenobia, “despierte de su sueño en esta hora desesperada para salvar su ciudad”. Sus reclamos fueron escuchados por el pueblo de Siria, decidido a defender su patrimonio cultural.

Situada a 215 kilómetros al noreste de Damasco, una parte considerable del enorme yacimiento arqueológico de este entorno prodigioso fue puesto a salvo, por suerte, antes de la llegada de los terroristas. Se sabe que el Museo del Louvre tiene una colección cardinal, que incluye el relieve de Maliku o la tríada divina de Baal.

Una reina con donaire

Zenobia presumía de ser parienta directa de Cleopatra, y aunque no hay referencias oficiales y escritas, que dieran autenticidad a la herencia, el pueblo llano terminó por aceptar tal suposición, tal vez como una manera de contrarrestar el yugo de Roma y para sentirse de hecho más libre. Se jactaba de proceder de la estirpe de los reyes griegos que dominaron Egipto; tiempo después su familia obtuvo la ciudadanía romana. Se casó con Odenato, un árabe romanizado que llegó a ser gobernador del lugar, el cual fue blanco de la codicia persa, y el propio emperador romano Valeriano tuvo que verse implicado directamente, en el año 260, en la defensa de la ciudad.

Los túmulos mortuorios fueron saqueados por los terroristas. (TeleSUR.tv.net)

Los túmulos mortuorios fueron saqueados por los terroristas. (TeleSUR.tv.net)

A pesar de ese esfuerzo, la responsabilidad del rescate de la urbe le correspondió al final a Odenato y a su inteligente esposa, los que decían actuar en nombre del Imperio, cuando en realidad ya llevaban el germen de la independencia.

Las ambiciones del jerarca se vieron frustradas en 267, por las intrigas cortesanas. Su sobrino Meonio lo asesinó en palacio junto a su hijo, fruto de un matrimonio anterior a Zenobia. Nunca se supo si ella estuvo implicada, lo cierto es que de buenas a primeras se vio al frente de la opulenta localidad. Bajo su mando quedaron, además, los territorios conquistados en Oriente, desde el Éufrates hasta Bitinia, reino del noroeste de Asia Menor y al suroeste del mar Negro.

Rodeada de lo que más brillaba en la época por su intelecto, Zenobia siguió el consejo del filósofo y sofista griego Longino, quien le recomendó abrazara la causa de la soberanía. Se cree que eso le adjudicó toda la popularidad de su momento. Intentó incluso dominar Egipto, la provincia más rica de las sometidas a Roma.

La enciclopedia digital Wikipedia refiere que el emperador romano Aureliano “se encargó en persona del sometimiento de la altiva reina de Palmira. Zenobia fue poco a poco despojada de sus posesiones territoriales y perdió sus aliados a medida que avanzaban las legiones romanas. El último recurso de la reina fue encerrarse tras los muros de su espléndida capital y confiar en que sus arqueros y su caballería personales pudieran repeler a los soldados septentrionales”.

Tras la conquista del actual sitio arqueológico, la mujer más famosa del Oriente –poco privilegiada por la historiografía–, fue exhibida como botín de guerra en la mismísima Roma. Poco se sabe de su final, pero algunos románticos prefieren pensar que Aureliano, impresionado por su belleza, la perdonó y le concedió un “dorado exilio” en una villa en Tívoli. Muchos especulan que a la ciudad de Palmira se le reconoce como a una novia debido a la influencia de Zenobia en este recio guerrero romano, sin embargo, eso no está documentado. De lo que sí no existen dudas es sobre el impacto que tuvo y tiene esta ciudad en la psiquis del paseante.

El español Jordi Jovellanos, en su blog Rutas, relata que se sintió sobrecogido con el sonido del viento por entre las columnas, sin otra luz que la de la luna y las estrellas, e hizo de la contemplación un goce indescriptible. Por eso prefirió testimoniar sus experiencias más con fotografías que con palabras. A pesar de la escasez de vocablos para describir lo que vio, Jordi dejó escrito que una de las mejores horas para avistar el lugar son las cinco de la mañana con el propósito de apreciar la salida del sol, que se produce sobre las seis y cuarto. Luego, con una temperatura muy agradable, y casi sin compañía, se recorren las ruinas en una paz inconmensurable.

Por su parte, el blog Pasaporte califica el ocaso en Palmira, visto desde el Castillo árabe Qalah ibn Maan del siglo XVI, como uno de los atardeceres más espectaculares del Oriente Medio. “El descenso no es un recorrido clásico para los turistas, por ser algo escarpado y nosotros tuvimos la oportunidad de bajar absolutamente solos, disfrutando de la puesta de sol, parar y avanzar a nuestro ritmo sin cruzarnos con nadie en todo el valle”.

Lugares emblemáticos

Dentro de Palmira, el edificio más grande es el Templo de Bal o Bel, cuyo techo ya desaparecido estuvo originalmente recubierto de oro. Otros lugares emblemáticos son su plaza principal o ágora, donde se comerciaba con todo tipo de productos. Sobresalen además sus baños públicos, su teatro romano, su cementerio y el campamento de Diocleciano.

Palmira-columnasNo obstante esta sugerente lista, lo más distintivo de Palmira es la vía principal con su gran columnata, como portón acogedor de las miles de caravanas que al año pasaban. Esta especie de avenida se extiende a lo largo de 1.3 kilómetros con 750 columnas alineadas a ambos lados. Fue en el siglo I y II de nuestra era cuando el arte y la arquitectura de Palmira alcanzaron su máximo esplendor.

La Unesco fue muy objetiva al otorgarle el galardón. En su texto de reconocimiento explica que “la llamada novia del desierto estaba en una encrucijada de civilizaciones, y en ella se mezclaron técnicas grecorromanas, con tradiciones locales e influencias persas. A mitad del siglo I, este oasis pasó a estar bajo el control de los romanos dentro de la provincia de Siria. Rápidamente, comenzó a crecer por su localización en la ruta comercial que unía el Imperio romano con Persia, la India y China. En el siglo III, la ciudad desempeñó también un papel militar y estratégico con la ascensión de la dinastía sasánida al poder y su rebelión contra Roma”.

En el libro Decadencia y caída del Imperio romano, de Edward Gibbon, publicado en 2011, se constata que Palmira fue redescubierta en los siglos XVII y XVIII cuando los viajeros de la época, atraídos por una nueva modalidad incipiente de recorridos, equivalente al turismo que se hace hoy, y con el auge de la arqueología y antropología modernas, llegaron al corazón de Siria.

No por olvido sino por actitudes criminales del grupo terrorista auto denominado Estado Islámico, el mundo estuvo a punto de verla desaparecer por intermedio de artefactos explosivos. Por suerte el Gobierno sirio confirmó que, a pesar de los cuantiosos daños y perjuicios, Palmira atesora aún intacto el 80 por ciento de su patrimonio. ¡Feliz noticia! Maamoun Abdulkarim, director general de Antigüedades y Museos en Siria, no pudo contener su emoción ante la prensa: “He llorado dos veces en mi vida. Cuando fui padre y tras conocer la liberación de Palmira”, sostuvo al recibir los informes de su equipo desplazado en el terreno.

Orgullo patrio

Palmira-edificioAl este Palmira está dominada por un promontorio rocoso sobre el que se encuentra un castillo árabe, cuya parte más antigua data del siglo XII. También fuera de la ciudad y sus muros están las necrópolis. En una de las colinas arenosas que rodean este patrimonio de la humanidad pueden visitarse las impresionantes tumbas en torres que brotan de la tierra como colmillos oscuros, cuentan algunas fuentes consultadas. En el otro extremo, cerca de un palmeral muy verde y lleno de aves e insectos, existe un complejo de tumbas subterráneas en forma de T. En esa comunión de la vida con el homenaje por los antepasados, este ensueño también es pródigo en regalos con sarcófagos, relieves y policromías, como la de la familia Artaban –del siglo II, con 56 nichos–.

Villa increíble que tiende alamedas de piedra y mármoles en una extensión desértica, cuyo manto de agua subterránea la vuelve tan codiciada, pues surgió a partir de un manantial de agua sulfurosa situado a medio camino entre el río Éufrates y el mar Mediterráneo. Sin embargo, Palmira es también otra cosa. Es un vivo ejemplo que confirma que los conquistadores no son los verdaderos generadores de las riquezas, sino los pueblos que se niegan a ser conquistados y, por el contrario, se empeñan en crear belleza para sí y la posteridad. Tanto como se cuida a un ser querido, Palmira sigue siendo la niña mimada de Siria.

 

 


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda