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Publicado el 23 Junio, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: El policiaco cubano en su propia guerra

Imagen de Tras la huella.

El policiaco cubano debe seguir librando su propia guerra que los espectadores interpretarán al aportar su inteligencia lectora. (Foto: juventudrebelde.cu).

Por SAHILY TABARES 

En una buena historia la imaginación no violenta la realidad sino que se basa en ella. Esta perspectiva lidera en el espacio Tras la huella (Cubavisión, domingo, 8:30 p.m.), producido por los Estudios Fílmicos del Instituto Superior de Ciencias Policiales del Ministerio del Interior. Como toda narrativa ficcional del género policiaco arma la trama desde el eje de un acto criminal o delito que impulsa las acciones dramáticas, requisito esencial para seducir a públicos diferentes en espera de un relato entretenido en sintonía con la “verdad” del diario acontecer.

Esta exigencia reclama capacidad creativa del guionista y el equipo de realización al presentar casos reales en un espectáculo artístico; o sea, no tal cual ocurren en la vida, sino mediante la recreación de hechos, situaciones, conflictos, circunstancias propiciadoras del delito y sanciones correspondientes a sujetos implicados.

La noción realidad social tiene más de un sentido, cómo se comunica propone desafíos crecientes dada la existencia de las ya no tan nuevas tecnologías y la proliferación de productos de fácil deglución que circulan por redes informáticas y medios audiovisuales.

No todos los miembros de una comunidad poseen conocimientos, vivencias, actitudes axiológicas idénticas sobre códigos que deben utilizar en la práctica cultural, entendida esta en la amplia acepción del término que implica sistema de valores y productos materiales. Por ello, cada emisión del programa sustenta en la coherente organización estructural del relato, justicia, legalidad, ética, sinceridad individual y construcción de una íntegra moral colectiva en la sociedad cubana contemporánea.

Volvió a la pantalla Tras la huella, en vísperas del aniversario 55 del Ministerio del Interior, el pasado 5 de junio. Desde la comunicación estética comparte el acto de informar, alerta, amplía visiones sobre fenómenos delictivos, actos violentos, actitudes y acciones impropias en nuestro país, además ilustra la labor científica, consagrada, humanista, de expertos dedicados a la investigación policial.

El caso Por un billete en la mano, con guion de Nilda Rodríguez y dirección de Loysis Inclán, abordó el robo de autos por personas inescrupulosas; sin renunciar a cánones del policiaco patentizó la eficacia aleccionadora de un género que desde los clásicos de este tipo de literatura ha defendido la lucha del bien contra el mal.

La verosimilitud otorga a todo texto audiovisual lo creíble legitimador, garantiza la identificación del relato. Por eso es fundamental la sintaxis de la narración, nunca dejar elementos sueltos, ni obviar los imprescindibles para comprender el hecho y contextualizar el mundo de personajes-tipo en circunstancias dadas.

Así sucedió o así puede suceder, es el llamado de Tras…, que visibiliza la responsabilidad y la ética al profundizar en situaciones extremas, dramáticas, clímax, desenlaces, en correspondencia con lo “real” desde la ficción.

En el tema de despedida, la música del maestro Sergio Vitier, recientemente fallecido, revitaliza honduras conocidas por él respecto a tradiciones y raíces formantes de la cultura nacional.

Valedera fue la experiencia de los escritores Nilda Rodríguez y Antonio Joaquín González en el inolvidable serial Su propia guerra, de 29 capítulos (I y II parte). Narrar parte de la vida de un hombre y su compromiso con el cumplimiento del deber privilegió la postura ética, imprescindible para el humano en cualquier época y sitio del mundo.

Dicha puesta se retransmitirá durante la programación de verano en el Canal Educativo; públicos en general y los de menos edad disfrutarán, por primera vez, de un relato que responde a peculiaridades culturales, históricas, políticas y económicas de contextos de la realidad de nuestra nación.

En tanto policiaco, dicha ficción asume códigos del género enfocados no solo en el ritmo y la acción, sino en la oralidad y los diálogos con nuevas posibilidades expresivas. Vidas reales dieron consistencia a personajes-tipo que en voces y acciones diferentes patentizaron la desacralización del héroe, el conocimiento de diferentes niveles de realidad, la utilización de recursos lúdicros y visiones de otros agazapados fuera de la ley.

En cierto modo existe una relación mimética entre el orden de la acción y el de la vida, pero en ella prevalecen las ideas y el pensamiento que son indispensables en toda configuración narrativa, la cual, a su vez, responde a la experiencia temporal y al imaginario social. En consecuencia, lo trascendente por su artisticidad es imperecedero. Todas las sociedades necesitan la transmisión de saberes sociales, escuchar y sentir a quienes intervienen en fábulas contadas en el espectáculo socialmente productivo, pues discursa sobre una realidad-otra con sólidos enclaves en la realidad misma.

El policiaco cubano debe seguir librando su propia guerra que los espectadores interpretarán al aportar su inteligencia lectora en beneficio propio y de la nación cubana.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares