0
Publicado el 23 Junio, 2016 por Ariel Trujillo en Cultura
 
 

El pianista que se perdió Industriales

Con solo 18 años, Rodrigo García Ameneiro toca el piano con la maestría de un veterano y pone en alto el nombre de Cuba en escenarios nacionales e internacionales
El pelotero que se perdió Industriales.

El joven intérprete asegura: “Si no fuera pianista, hubiese sido pelotero”. (Foto: Cortesía del entrevistado).

Por ARIEL TRUJILLO VARELA

La vida siempre premia el esfuerzo. Es por eso que este artista sale recompensado de cada certamen donde ha participado. Solo tiene 18 años y ya puede presumir de una carrera ascendente. Tiene en su haber un primer lugar en el prestigioso concurso internacional Vivo, celebrado a principio de este año en el Carnegie Hall de Nueva York, entre otros lauros.

Rodrigo García Ameneiro es el más joven de los cubanos que se han presentado hasta ahora en la famosa sala neoyorquina e integra, como embajador cultural, la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades. También es miembro de la Red de Artistas Únete del Sistema de las Naciones Unidas a favor de la no violencia contra las mujeres y las niñas.

Junto a su madre, la cantante Rochy Ameneiro, hizo una gira por siete provincias del país. Ella, con su voz, y él, al piano, transmiten mensajes de paz y tolerancia, y en defensa de la diversidad.

Tras siete años de estudios elementales con la profesora Hortensia Upmann, en la escuela Manuel Saumell, ingresó en el conservatorio Amadeo Roldán, con cuya Orquesta Sinfónica Juvenil ha tenido el placer de tocar, dice. Presentarse junto a la Orquesta de Cámara de La Habana, bajo la dirección de la maestra Daiana García, es otra de sus satisfacciones.

-¿Desde cuándo sentiste interés por la música?

-Desde muy pequeño. En mi familia casi todos son músicos y era el ambiente que respiraba todos los días. Mi mamá es cantante; mi papá, Josué García, es productor de espectáculos; mi primo Alejandro Calzadilla, clarinetista; mi tía Daiana, directora de orquesta; mi tío Aldo López Gavilán, pianista.

Gala por el aniversario 55 de la victoria de Playa Girón y el VII Congreso del PCC

Rodrigo durante su ejecución en la gala ofrecida en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, en homenaje al aniversario 55 de la victoria de Girón y al VII Congreso del Partido. (Foto: GILBERTO RABASSA VÁZQUEZ).

“Recuerdo que en la primaria estaba en el equipo de pelota de Plaza, jugaba la tercera base, y me presenté a las pruebas de música, con siete años y sin que nadie me obligara. Cuando me aprobaron, me costó decidirme porque no estaba convencido totalmente de querer dejar la pelota, que me gustaba tanto, e igual la escuela y los amigos”.

-¿Quiénes te motivaron a interesarte en el piano?

-En la niñez había recibido talleres de introducción a la música y los primeros pasos en el piano. Entonces, cuando hice las pruebas de ingreso, el instrumento que yo quería era ese y lo conseguí. Además, cuando se entra en tercer grado hay que hacerlo por piano, violín o chelo, que son las carreras largas; luego, en quinto grado, se puede optar por los demás instrumentos.

-¿Cómo es la enseñanza en la Manuel Saumell?

-Para cualquier niño que estudia música el sistema es un poco agotador porque damos las mismas asignaturas que los demás alumnos del país, con un plan un poco más reducido, y además, tenemos que estudiar música. La ventaja es que yo ya tengo decidido, desde los ocho años, lo que voy a hacer en el futuro, mientras otros niños no.

“Pero, realmente, cuando llegas por la tarde a la casa tienes que ponerte a estudiar el instrumento. Al principio, de tercero a sexto grados, no es tan difícil, pero luego hay que acostumbrarse a ese rigor y tener conciencia de que hay que estudiar para no quedar rezagado.

“Todavía, a veces, llego a las seis de la tarde porque tengo clases y ensayos, o tengo que ponerme a estudiar, cuando lo que quiero es acostarme o salir a hacer otra cosa. Los músicos realizamos mucho esfuerzo mental. Primero tienes que estar coordinando todas las notas que hay que tocar, para lo cual se necesita buena memoria. Y luego hay que coordinar las dinámicas, estar pensando ‘ahora viene esto que me dijo el profesor’”.

-Desde su fundación, la academia cubana enseña música clásica, no popular. ¿Crees que eso limita las posibilidades artísticas de los estudiantes?

-Hasta cierto punto, no creo que sea una limitación. Absolutamente en todos los países, si le preguntan a un músico de jazz te dice que también tuvo que estudiar a los clásicos: Bach, Beethoven, Mozart, Chopin. Esos son principios universales, pero creo que se podría introducir el estudio de la música popular en nuestro sistema de enseñanza.

Acompañar a Rochy ya es habitual. (Foto: Cortesía del entrevistado).

Acompañar a Rochy ya es habitual. (Foto: Cortesía del entrevistado).

“Yo quiero volcarme en la música clásica y en la popular, porque me gustan las dos. Me inclino mucho por el jazz porque es un estilo libre, es lo que sientes, pero tienes que tener tu manera propia de hacerlo. Cualquiera puede hacer música, lo interesante es hacerla bien y agregar algo novedoso. Los clásicos tienen una serie de pautas a seguir, las reglas del período histórico en que se hicieron; es una música reflejo de una manera distinta de comportarse”.

-¿Tienes preferencia por algunas obras en específico?

-No había pensado en eso. Todos los años tenemos que tocar muchas obras de cada período histórico: el barroco, el clásico, el romántico, el siglo XX, obras cubanas, latinoamericanas. Yo me inclino por compositores románticos y del siglo XX, tal vez porque se acercan más a nosotros, pero pienso que compositor más importante que Bach, quizás no lo ha habido, y es barroco. Su música me encanta, aunque son más reglas a seguir.

-¿Cuál es tu referente, tanto dentro como fuera de Cuba?  

-Tengo muchos, tanto nacionales como internacionales: Keith Jarrett, Kissin, Oscar Peterson, Harold y Ernán López-Nussa, Gonzalo Rubalcaba, entre otros. Este es un país que afortunadamente tiene muchos músicos y pianistas de primer nivel.

“Pero mi principal referente es mi maestro Aldo López Gavilán. Es un pianista muy completo, toca clásicos, jazz, música popular, es arreglista y compositor, y todo lo hace bien. Yo quisiera tener la cultura y el gusto musical para hacer todo eso igual de bien, y a mi manera”.

-¿Qué otros géneros musicales contemporáneos prefieres?

-Desde chiquito estoy muy influido por lo que me han dado mis padres y mi familia en general. Como mismo me gusta el jazz, me gusta el rock and roll. Me encantó, por ejemplo, el concierto de los Rolling Stones, un espectáculo tremendo; nunca habíamos visto algo así.

“Dentro de la música cubana me agrada la trova. Me gusta el tipo de canción bien hecha y que quiere expresar algo. Acepto cualquier género, siempre y cuando tenga un mensaje positivo, o algo novedoso e interesante”.

-A propósito de la Nueva Trova, supe que tocaste el piano en un concierto de Carlos Varela. 

-Sí. Mi papá es productor de espectáculos de Varela desde hace muchos años. En 2009, cuando se acercaba mi cumpleaños, que coincide con el de Varela, él me dijo que el mejor regalo que me podía dar era su público, así que toqué delante de muchísima gente, por primera vez. Recuerdo que escogí Preludio para niños, de Aldo López Gavilán. Fue una linda experiencia.

“Tengo claros los logros que da el estudio, la satisfacción de llegar a un público y a un gran escenario después de tanto esfuerzo”. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

“Tengo claros los logros que da el estudio, la satisfacción de llegar a un público y a un gran escenario después de tanto esfuerzo”. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

-¿Cómo fue la actuación en el Carnegie Hall, ganar el primer premio y representar a Cuba en un evento de tal envergadura?

-Primero, ese es un premio que llegó tras años de dedicación, de esfuerzo y de poder contar con personas que me apoyan cada día. Para mi carrera es lo más grande que he tenido y ojalá ocurran cosas así en los años que siguen.

“El Carnegie Hall es uno de los más famosos escenarios del mundo, donde solo han tocado unos pocos cubanos como Chucho Valdés, Frank Fernández, Gonzalo Rubalcaba y Aldo López Gavilán. Me presenté al concurso para tener que estudiar más todavía. Al final, si ganas, es buenísimo, pero si no, no importa, porque también te superaste.

“Tuve que mandar un video mío desde aquí. Entonces, me dijeron que estaba en el primer premio, pero que para recibirlo tenía que ir a tocar ante el jurado. Era una sola pieza para interpretar y por la cual evaluaban. El concurso es mundial y de varios instrumentos y formatos.

“Se otorgaron varios primeros, segundos y terceros premios. Yo estaba con un quinteto, un cuarteto, una flautista, varias violinistas y algunos otros. Escogí el estudio número seis de la rama Liszt-Paganini. Franz Liszt fue un gran pianista que quiso traer al piano el virtuosismo de Paganini en el violín. Afortunadamente, yo he podido llegar a tocar esa pieza, que ejecutan los grandes del mundo y es muy reconocida por su complejidad.

“Fue impresionante ver a muchachos de todas las edades y de todos los instrumentos tocando allí ese día. Tenían un talento espectacular. Había muchos asiáticos y americanos. Latinos, recuerdo, además de mí, un puertorriqueño. Cuando te sientes representándote no solo a ti mismo, sino también a tu familia, tus maestros, tu escuela, da una gran satisfacción”.

-Además de esa representación en Estados Unidos, ¿qué otras recuerdas de manera especial?

-En 2012 viajé a Madrid e hice un concierto en el Centro Cultural Yemayá. Fue muy especial porque aunque ya me había presentado muchas veces ante público, ese fue mi primer concierto como solista y casualmente no fue en Cuba, sino en España.

“Después participé en el Festival de Jóvenes Pianistas del 2014, acá en Cuba, una experiencia difícil porque tuve que estudiar muchísimo. El certamen reunió a músicos de talla mundial, como el ruso Alexander Moutozkine. Yo era el más joven de los que se presentaron en el festival, y el público, muy exigente, sabía a la perfección lo que estaba escuchando.

“Luego, en las vacaciones de 2015, viajé a Estados Unidos y di un concierto como solista en una iglesia de la ciudad de Orlando. También en la Fábrica de Arte Cubano me he presentado dos veces, y en otros escenarios, como invitado. Participé en las giras nacionales con mi mamá, pues ya soy pianista oficial de su agrupación, y estoy tocando con la jazz-band de mi escuela, Amadeo Roldán. El hecho de que me mueva en mundos musicales diferentes hace que sean muchas las influencias y que todas estén ayudando a formar mi gusto en este arte”.

-¿Aspiraciones, planes?

-Me queda el próximo año para graduarme de nivel medio y luego tengo la opción de presentarme al Instituto Superior de Arte, donde puedo entrar por piano o por composición. Lo más importante es seguir estudiando.

“En junio quiero presentarme al Concurso provincial Amadeo Roldán. He participado en tres ediciones y recibido dos veces segundo premio, y una vez primer premio. Hay que tocar obras de todos los períodos históricos de la música, una especie de superexamen”.

Con un trofeo del Madrid.

Después de la música, a Rodrigo le apasionan los deportes. En la imagen, con un trofeo del Madrid C.F., en la Peña Madridista de La Habana. (Foto: Cortesía del entrevistado).

-¿Qué te gusta hacer en el tiempo libre?

-Fuera de la música, soy un deportista. Si no fuera pianista, hubiese sido pelotero. También me gusta el fútbol y soy fanático de Industriales y del Real Madrid. Recuerdo con alegría la vez que fui al Bernabéu, un día en que el Madrid le ganó al Barcelona en la Supercopa de España. Por herencia de mi papá sigo a la selección de Argentina, y ahí tengo un conflicto grande porque, a pesar de eso, soy antiMessi.

-¿Cómo te defines desde el punto de vista profesional, y en cuanto a carácter y personalidad?

-Mi mamá siempre dice que canta las canciones que hubiese querido componer, que dicen un mensaje que a ella le interesa, con buen gusto musical. Ese es su modo de ver el arte. Yo también busco eso, hacer las cosas que pienso que me definen. Y busco hacer lo que me gusta, tratar de medirme.

“Tengo que tocar obligatoriamente cosas de nivel mundial y mientras más me pueda superar, mejor. Lo difícil lo considero reto y lo prefiero antes que lo fácil, porque me siento estimulado al saber que puedo acercarme a hacer lo mismo que mis ídolos de talla mundial.

“Lo que más me interesa es estar a gusto conmigo mismo y con la gente que quiero; estar en armonía total”.


Ariel Trujillo

 
Ariel Trujillo