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Publicado el 18 Junio, 2016 por Bárbara Avendaño en Cultura
 
 

Junto a Pablo

Pablo en Bohemia, una obra de la que brota la pluma desbordada de fuerza, y el estilo incomparable de aquel que se atrincheró en sus ideas, y las defendió hasta la muerte en tierra española
Se lo debo y agradezco al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, a Leonardo Depestre Catony, compilador y prologuista del libro Pablo en Bohemia, y el poeta y ensayista Enrique Saínz de la Torriente.

Se lo debo y agradezco al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, a Leonardo Depestre Catony, compilador y prologuista del libro Pablo en Bohemia, y el poeta y ensayista Enrique Saínz de la Torriente.

Por BÁRBARA AVENDAÑO

Fotos: Eduardo Leyva Benítez

La presencia de Pablo de la Torriente Brau en torno a mi vida está preñada de coincidencias, de esas de las que siempre he preferido aferrarme para darle más sentido a lo que hago.

Temprano conocí de su figura, porque estudié toda la enseñanza primaria en una escuela de Pinar del Río que llevaba –lleva- su nombre. Estaba en cuarto grado cuando la maestra que impartía las materias de Español e Historia me propuso el reto de aprenderme de memoria la biografía resumida del héroe. Acepté este y más, el de dominar el miedo escénico, pues en todas las actividades políticas y recibimientos importantes, me pedían la diera a conocer.

Así supe de un hombre que, por encima de todo, se me revelaba valiente. De su actuar bebí el concepto de la justicia, y fue su prosa mi primer acercamiento al periodismo. Por eso, no pude negar mi orgullo cuando un día mis compañeritos me escogieron como la Corresponsal Infantil del centro, y en cada nota que enviaba al programa que protagonizábamos los pioneros en la emisora Radio Guamá, me sentía más cerca de su obra.

No me cabía duda de que al escoger oficio, el de periodista sería el primero, por absoluta vocación. Durante los primeros años de la carrera mantuve la idea de hacer el trabajo de diploma sobre Pablo, pero alguien se me adelantó, y desistí. Sin embargo, manosee el fruto excelente de aquella investigación que pudo ser mía.

Por azares de la profesión, hace 13 años llegué a BOHEMIA, una de las publicaciones en cuyas páginas el autor de artículos como “La bolita en New York”, firmado bajo el seudónimo Carlos Rojas, el 5 de mayo de 1935, dejó su huella. Muchas veces intenté revisar algunos de los números de los años 30 del siglo XX en los que Pablo escribió, pero mi alergia rebelde me lo impidió.

el privilegio de disfrutar en vivo de las canciones de Vicente Feliú, entre estas una que le dedicó al héroe, de quien también contó anécdotas las cuales escuchó en su casa desde niño

El privilegio de disfrutar en vivo de las canciones de Vicente Feliú, entre estas una que le dedicó al héroe, de quien también contó anécdotas las cuales escuchó en su casa desde niño.

Ahora todos los recuerdos de nuestra cercana lejanía vuelven a estremecerme, y finalmente puedo disfrutar sus textos para la legendaria revista, además de lo que otras personalidades escribieron sobre él. Se lo debo y agradezco al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, y a Leonardo Depestre Catony, compilador y prologuista del libro Pablo en Bohemia, una obra de la que brota la pluma desbordada de fuerza, y el estilo incomparable de aquel que se atrincheró en sus ideas, y las defendió hasta la muerte en tierra española.

Fue la presentación de la obra –ante el colectivo de Bohemia– la oportunidad de saber acerca de la intimidad de Pablo con su familia, de la voz de uno de sus primos, el poeta y ensayista Enrique Saínz de la Torriente. También el privilegio de disfrutar en vivo de las canciones de Vicente Feliú, entre estas una que le dedicó al héroe, de quien también contó anécdotas las cuales escuchó en su casa desde niño.

El volumen se divide en dos capítulos: Pablo en Bohemia. Una presencia creciente, en el cual se incluyen sus trabajos; y otro titulado, Sobre Pablo; con las vivencias de Raúl Roa, Guillermo Martínez Márquez, Carlos Márquez Sterling, Loló de la Torriente, y de otros.

En la primera parte se aclara que fue Bohemia “la cuarta publicación cubana en que mejor se palpa la impronta periodística de Pablo, aun cuando no sea abundante la presencia de sus colaboraciones.”

Inició estas en1934, y fue presentado a los lectores con su foto y la nota que sigue: “Torriente Brau tiene, a partir de esta edición, un lugar en las páginas de Bohemia, en el que cada semana, el joven leader verterá un poco de esa savia nueva, de ese optimismo constructivo, de ese idealismo alto, que palpita en las filas de la grey estudiantil.

(Foto: Eduardo Leyva Benítez)

“Al dar la bienvenida a Torriente Brau, felicitamos a los lectores de Bohemia, que saben estimar en cuánto vale la personalidad del joven escritor”

Reza en el libro el fragmento de una carta escrita el 2 de enero de 1936 desde Nueva York a Gonzalo Mazas Garbayo: “Te hago ahora unas simples líneas para adjuntarte una crónica cuya publicación me puede representar un trabajito para el verano. El año pasado Carteles me pagó una parecida y no la publicó, con lo que me fastidió en grande. Ve a Bohemia, pues, a la que de todas maneras siempre prefiero.”

En la propia presentación de la obra, el colega y ensayista Luis Toledo Sande, quien ha escrito artículos sobre Pablo, narró detalles de la búsqueda y batalla por traer los restos del héroe a Cuba, que ya anciana protagonizara Ruth de la Torriente, una de sus hermanas. En ese empeño él la apoyó como Consejero Cultural de la embajada de Cuba en España. Ante la imposibilidad, ella tuvo que desistir.

Al final, Pablo se quedó en España, como predijo un día, y el poeta Miguel Hernández, resumió en versos:

“Me quedaré en España compañero”,

me dijiste con gesto enamorado.

Y al fin sin tu edificio tronante de guerrero

en la hierba de España te has quedado.

De una forma vestida de preclara,

has perdido las plumas y los besos,

con el sol de España puesto en la cara

y el de Cuba en los huesos.

En fecha reciente, Toledo Sande visitó Majadahonda -lugar donde Pablo perdió la vida mientras combatía en el frente al fascismo-, y comentó con pesar que en ese sitio casi nadie lo conoce, sus restos yacen bajo el pavimento de un parque en Barcelona, y no le han erigido monumento alguno.

Triste realidad que golpea a quienes lo vemos como un símbolo de nuestros días, a los que seguimos amando al hombre de ojos profundos, aquel que yo creía me miraba desde el retrato de una escuela primaria.

 


Bárbara Avendaño

 
Bárbara Avendaño