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Publicado el 28 Julio, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: Alguien nos habla

…con propósitos, intencionalidades, motivaciones. Es preciso ver, comprender, analizar; trascender las primeras impresiones -el acercamiento epidérmico, me gusta o no me gusta-; en esencia: comprender lo que desde allí se dice, para rechazar lo banal, y aprehender lo valioso
Programación de verano en la televisión.

Con la programación de verano, en el medio televisivo coinciden espacios habituales y nuevas propuestas. (Foto: tvcubana.icrt.cu).

Por SAHILY TABARES

Las cámaras se multiplican a una velocidad impensada en escenarios diferentes. La “realidad” depende de cómo la comunicación massmediática la construye o reconstruye.

Hace mucho la televisión sustituyó al cuentero de la antigüedad. El entretenimiento y la información son paquetes entregados a domicilio. No obstante las diferencias locales y regionales, se genera por el mundo una cultura que funciona mediante productos estandarizados.

La cultura es clave en la comprensión de la naturaleza comunicativa dado su carácter de proceso productor de significaciones, pues vivimos en un mundo modificado por el cine, la televisión y la web en tanto son fenómenos que aportan elementos a la experiencia estética.

En el panorama mediático coinciden audiovisuales múltiples, transmediales y conectivos. Las pantallas devienen ritualidades narrativas que se manifiestan en diferentes formatos. Todas las personas ven o escuchan algún programa de la televisión y tienen opiniones sobre la programación o un espacio específico.

El desarrollo de la tecnología no se limita a las transformaciones de equipamientos en otros más sofisticados, sino que estos requieren ser pensados en términos de gestores de lenguajes, escrituras y dispositivos productores de nuevos conocimientos.

En este campo, la comunicación no es un movimiento exterior, cerrado, excluyente, por el contrario sirve de apertura a otras culturas, lo cual influye en la propia. En la era actual, la comunicación cultural tiene en cuenta las experimentaciones.

Con la programación de verano, en el medio televisivo coinciden espacios habituales y nuevas propuestas: filmes, series, programas de participación, policiacos, musicales, ficciones unitarias, humorísticos; en fin, una gama amplia de opciones de diferentes países, culturas y concepciones.

Desde la pantalla alguien nos habla con propósitos, intencionalidades, motivaciones; es preciso ver, comprender, analizar; trascender las primeras impresiones, el acercamiento epidérmico, me gusta o no me gusta; en esencia, comprender lo que desde allí se dice, para rechazar lo banal, y aprehender lo valioso.

La mundialización de la cultura trajo a la palestra un conjunto de objetos: jeans, imágenes de estrellas de cine, MacDonald´s, productos de mercado que dejan de ser imposiciones exógenas para ser entendidos como parte de la memoria colectiva.

Las construcciones mediáticas son mediaciones de diversidad de procesos entre los sujetos sociales y sus realidades; interpretarlos permitirá entender lo que realmente pretende el fenómeno de la banalización, el cual amenaza con tragarse al mundo y ganarle la batalla a la inteligencia.

En las ficciones al presentar un tema próximo a conflictos y necesidades de las audiencias, la relación del espectador con lo “real” se modifica por el efecto de las representaciones asociadas al fenómeno de la globalización y las tecnologías. En tanto práctica sociocultural en el consumo se constituyen significados y sentidos de vivir, es un espacio clave para la comprensión de los comportamientos sociales.

Con independencia de los diferentes modos de ver, apreciar, esta perspectiva puede aportar otras miradas a la apropiación de contenidos y puestas transmitidos por las pantallas, quien desde allí nos habla nunca es inocente.

Ninguno de los relatos es una suma de proposiciones, sino jerarquía de instancias; comprenderlos no es solo desentrañar la historia o pasar de una palabra a otra, sino profundizar en diferentes niveles, en lo que dice y en lo que hace cada personaje o tipo; son los encargados de seducirnos y no siempre lo consiguen.

No hay narración sin identidad y viceversa. Todo programa es un signo complejo, cada componente tiene prominencia en el sentido del texto audiovisual, incluso, el aparentemente inocuo, de fácil deglución, connota una filosofía, la cual encauza comportamientos, deseos, acciones; el principal antídoto es la incitación a la capacidad de pensar que necesita estímulos, alimento diario.


Sahily Tabares

 
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