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Publicado el 18 Julio, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: ¿Otra manera de “entretener” a la niñez?

De generación en generación se mantiene despierta una de las cualidades intrínsecas del ser humano: la curiosidad. A ello contribuye el programa La sombrilla amarilla, con guion de la narradora, poeta y periodista, Ivette Vian, y puesta televisual de Mariela López
Marcolina, protagonizada por la actriz Norma Reina.

El personaje protagónico, Marcolina, simboliza a la mujer liberada, independiente (Foto: youtube.com).

Por SAHILY TABARES 

La fantasía es imprescindible en todas las etapas de la vida. Es una savia, como el amor necesita alimento, pues propicia el conocimiento del mundo, de historias antiguas narradas; en ocasiones, por duendes, magos y voces de la oralidad dispuestas a contar relatos sugerentes mediante cierta frase clásica que abre muchas  puertas: había una vez…

De generación en generación se mantiene despierta una de las cualidades intrínsecas del ser humano: la curiosidad. A ello contribuye el programa La sombrilla amarilla (Cubavisión, Martes, 5:15 p.m.) con guion de la narradora, poeta y periodista, Ivette Vian, y puesta televisual de Mariela López.

De la misma autora es el libro de siete cuentos La Marcolina (1987), que obtuvo premio en el concurso La Edad de Oro, e inspiró la serie difundida entre 1999 y 2001. Su oportuna retransmisión propicia el disfrute de infantes de seis a nueve años –para ellos se concibió–, motiva el interés de públicos diversos, ávidos de disfrutar narraciones portadoras de nuevos aprendizajes.

El personaje protagónico, Marcolina (Norma Reyna) simboliza a la mujer liberada, independiente, según lo concibió Ivette Vian, quien adereza los capítulos de manera creativa con gracia, locuacidad, humor y fantasía. Desde esta perspectiva desarrolla una manera ingeniosa de comunicar conceptos, hábitos, valores estéticos y éticos a los de menos edad e incentiva la capacidad de imaginar sin rebuscamientos o edulcoraciones, de forma inteligente, mediante actitudes y modales, en ocasiones olvidados, como el respeto, las emociones auténticas, el diálogo y el entendimiento entre los seres humanos.

El equipo de realización de La sombrilla amarilla ha sido consciente de la importancia del acto comunicativo. En los sujetos refuerzan puntos de vista, convicciones, mediante lo visto y lo escuchado, captan la atención del espectador avezado o no en asuntos diversos.

En cada programa, al parecer, todo se concibe pensando en las emociones, pues desde la presentación, quedan establecidas conexiones temporales, significativas, del rutinario acontecer, y de otros mundos. No por azar, el personaje Enrique Chiquito (Michaelis Cué) cultiva el símbolo de la ilusión. El actor busca una lectura empática en lo que hace y como lo hace. Transmitir a la niñez, pensamientos, ideas, valoraciones, requiere ingenio para mantener la complicidad del televidente.

En tal sentido, los códigos icónico y gestual constituyen en escena un acto de lenguaje expresivo; vestuario, decoración, sonidos, atmósferas, todos los recursos técnicos y artísticos realzan el valor de la puesta con música original de Mayito Romeu y dirección de fotografía de Rafael García.

Por lo general, la familia es un personaje implícito, lo cual facilita abordar comportamientos, la aceptación de determinados conflictos en situaciones dramáticas y la posibilidad de solucionarlos.

La sombrilla…patentiza la eficacia de otro modo de entretener a la niñez, diferente a discursos simplistas, banales e improvisados que circulan por algunos medios alternativos. Pasan de mano en mano, no revelan valores solidarios, ni estimulan el amor, el espíritu colaborativo, la justicia, la amistad; muchos materiales incitan la violencia, el grito, o palabras lascivas de ningún modo edificantes. De alguna manera llevan en sí la manipulación ideológica con propósitos enajenantes o neocoloniales.

El gusto se forma, el arte aguza los sentidos, educa la sensibilidad. Innumerables relatos, personajes, circunstancias, mensajes, permanecen en la memoria afectiva por su poder persuasivo logrado mediante procedimientos de invención que se convirtieron en hechos culturales al decodificarlos.

Los aportes y el compromiso de Mariela López en la dirección del espectáculo televisual propician la apertura de caminos creativos; explora nuevas vías para estimular el sentido de las palabras, la lectura y el disfrute de la literatura infantil.

Volver a ver La sombrilla amarilla produce satisfacción y alerta: los espacios infantiles son imprescindibles, deben sustentarse en el principio de creatividad incesante sin perder de vista que las nuevas cosmovisiones acercan sus lenguajes propios.

Entretener requiere oficio, imaginación, conocimientos sedimentados, el don de la fantasía cultivada. Entretener con saberes exige talento, no lo conseguirá la escritura pedagógica o moralizante, el hecho de compartir lo aprehendido demanda sinceridad, riqueza de contenidos y fascinación, de lo contrario, la batalla estará perdida, el espectador puede que emigre a otros circuitos sin llevarse lo más valioso, el crecimiento espiritual, su razón de ser humano.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares