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Publicado el 14 Julio, 2016 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Artesanía: Patrimonio al parche

Diseños de antaño, de la losa a la tela. Manos hábiles intentan preservar piezas y mosaicos, que remiendan con una técnica que no todo el mundo puede hacer, por la dedicación que demanda
Técnica del parche.

La técnica del parche, que combina buen gusto estético y sentido utilitario, exhibe cada año muestras en diversas instituciones.

Por RAÚL MEDINA

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

En algunas zonas la vieja Habana fenece más rápido de lo que la restauración la alcanza. Al piso de sus añosas construcciones pocas veces miramos, pero en ellos hay variadísimos diseños trabajados por alarifes de la colonia y en la primera mitad del siglo XX. Desperdigados en los suelos y también en paredes de la urbe, muchos se deterioran.

Isabel Torres (Chavela), Ela María Pérez y Rafael Hernández intentan preservarlos de una curiosa manera. Cámara en mano visitan las edificaciones, retratan sus losas y mosaicos, y luego elaboran piezas en tela, con la técnica del parche, remedándolos. Claro, es una preservación “a medias” la que hacen los integrantes de proyectos comunitarios como Amigos de la Aguja, de la Casa de Cultura de Plaza, de Luz y Tela y otros.

Si para las remodelaciones de instituciones y hogares –no solo las debidas a la encomiable Oficina del Historiador– se exigiera atenerse a los valores del patrimonio edificado, si para acompañar esas obras se facilitara un sistema donde fabricar y comercializar, sin onerosos precios, los materiales necesarios, probablemente los tres artesanos no hubieran tenido la idea de elaborar sus gráciles esquelas a la memoria, que hasta inicios de julio se expusieron en la Casa de la Obra Pía.

La exhibición Entre losas y telas la conformaron 16 obras que, según escribiera para el catálogo Rosa Juampere –vicepresidenta  de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas de Cuba (ACAA)– evidencian de sus creadores “un alto nivel de manualidad y poseedores de una técnica depurada”. Con maneras tales el parche sin aguja, a máquina y el apliqué o estilo Baltimore, prepararon estos recordatorios de la ciudad.

Rafael Hernández.

-“Llega el momento en que lo haces porque te apasiona, y la reacción de la gente cuando viene a ver estos trabajos también te motiva mucho”, dice Rafael Hernández.

Hogar de la artesanía textil

Cuando visitamos la institución que promueve estos oficios, Entre losas y telas no era lo único digno de ver en sus predios. La Casa de la Obra Pía, en La Habana Vieja, acogía las celebraciones por el Día Internacional del Patchwork. Sí, lectores, el trabajo con parches también tiene una jornada, el tercer sábado de junio, y muchos fieles en todo el mundo. Afuera, decenas de personas enseñaban sus creaciones: muñequería, carteras, vestidos, bisutería.

“Dentro de nuestros objetivos tenemos investigar, preservar y divulgar todo lo relacionado con los textiles, y por ello estamos trabajando para rescatar las tradiciones artesanales, los tejidos, bordados y el parche, de más reciente aparición en el país”, explicó Yanet Quiroga, directora de la casa.

Con la colaboración de la ACAA organizan eventos teóricos y talleres. “Intentamos, mediante conferencias con especialistas, influir para que los artesanos incorporen nuevos elementos a su formación. Convocamos a todos los grupos de parche que hay en la ciudad, para que el público pueda constatar cuánto se ha desarrollado”, declaró.

Tal auge provocó que en 2001 se fundara la sección de parche de la ACAA. El dato lo aportó Félix Rojas, su vicepresidente, quien también nos precisó –desde una mesa en la que exponía sus collares, bolsas y aretes de tela y madera– que hoy tienen 72 afiliados, algunos con 90 años de edad, pero otros muy jóvenes.

Yanet Quiroga concluye: “Hay quien ha dado al parche otras dimensiones más conceptuales, como la artista cubana Lesbia Vent Dumois. Aquí hay muestras de casi todo lo que se puede hacer con esta técnica, para quitarle a la gente la idea de que es remendar una tela vieja”.

Sin aguja y con ella

Dentro de la institución, Chabela –Licenciada en Matemática; 14 años adquiriendo habilidades en la artesanía– extendió una de sus manos y explicó por qué trabaja en el parche sin aguja: “En la búsqueda de otras técnicas tras una operación en el túnel carpiano dañado por el propio oficio de coser, encontré una diferente forma de expresión a partir de la poliespuma, dúctil para hacer las losas y los mosaicos: hago las incisiones por donde se introduce la plantilla de tela hasta conformar la pieza. Esta no es una técnica muy conocida, por lo general abunda el parche tradicional, en el cual también incursiono”.

Isabel Torres asume referencias “del mundo entero”, cuando se propone trabajar la tela de manera diferente.

Isabel Torres asume referencias “del mundo entero”, cuando se propone trabajar la tela de manera diferente.

Para Chabela es difícil conseguir materiales. La poliespuma no se comercializa: “en otras partes venden ese material con la forma que necesitas, yo me adapto a la que encuentro botada en las calles”. Tampoco basta con retazos, y “terminas comprando tela de los colores que necesitas, a veces se puede usar pintura, pero no siempre”.

El Licenciado en Filología Hispánica y profesor Rafael Hernández, recordó sus inicios en el patchwork: “aprendí a coser para confeccionarme ropa. Empezó a sobrarme tela y experimenté otras composiciones, hice chalecos para vender y a partir de ahí comenzó mi historia con los parches. Llega el momento en que lo haces porque te apasiona, y la reacción de la gente cuando viene a ver estos trabajos también te motiva mucho”.

Su técnica es la del apliqué (a máquina) y sus creaciones se caracterizan por remedar las composiciones más barrocas de los mosaicos coloniales. La inspirada en un edificio de las calles Manrique y San Lázaro precisó pintura, bordado y superposiciones de parches.

“Conocer la historia de las losas es muy difícil porque no hay muchas personas que te puedan hablar al respecto, apenas de los edificios. En el mismo período convivían diseños geométricos y barrocos”, afirmó. Según Rafael, una de las intenciones de Entre losas y telas –al que pertenece también Ela María Pérez– es visibilizar estos elementos del entorno doméstico que pasan desapercibidos por lo cotidianos que resultan. De ahí que los creadores de la expo realizaran un trabajo investigativo que aún no concluye.

El destino final de muchas de estas artesanías es la venta, sobre todo al turismo extranjero. Pero Chavela y Rafael explican que las piezas exigen mucha dedicación –algunas, varias semanas de labor–y el precio al que se ofertan aquí no es el del mundo. Nuestro incentivo es la motivación. Hoy, internacionalmente crece el valor de semejantes “mosaicos de tela”, un patrimonio que van creando artesanos de la Isla para recordar las variaciones estéticas sobre las que los cubanos de ayer y de hoy caminaron, bailaron, amaron.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama